Juana López Ruiz, técnica de Juventud e Infancia y de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Quart de Poblet, es fundadora del MLP Valenciano.
“Un mapa del mundo que no incluya la Utopía no merece una mirada, pues omite el único país hacia el cual la humanidad se dirige siempre. Y cuando la humanidad llega allí, aprende y dirige más allá sus miradas y percibiendo un país mejor, se dispone de nuevo a zarpar. El progreso es la Utopía realizada, (…) debe dar a hombres y mujeres la posibilidad de amar y construir lo bello, algo que hasta ahora “la tiranía de las necesidades” ha hecho imposible.” – Oscar Wilde
La historia es aquello que ya pasó o tal vez no. Tiempo atrás, jóvenes de las Juventudes Socialistas Unificadas se organizaron entorno a casas de juventud destinadas a la defensa de los intereses de la juventud trabajadora, a la educación republicana, progresista y libertaria de las personas jóvenes y a la capacitación de estas, promoviendo la organización juvenil para la construcción de un mundo mejor y la lucha contra el fascismo. Sobre aquellas y aquellos jóvenes golpeó criminalmente la brutalidad del régimen fascista. Y pareció perderse la memoria en el pulsado de mercaderes, difamadores y mercenarios.
Pero no resulta fácil detener la vida que, aun pareciendo muy frágil, se impone ante todas las adversidades para abrirse paso. La Larga Marcha continuó su camino y también su pequeña insurrección, aquella que es propia de la juventud y que no cabe en ningún molde ni nomenclatura, la de la utopía vital que se construye codo a codo, como un movimiento emancipatorio; el poder de las cabezas que se juntan y de las manos que mueven el mundo ajenas al desaliento, porque ésta es la condición de ser joven.
Qué será de la juventud sin un proyecto de vida radical, comunitario y bello. Qué será de nosotras, la humanidad, en el sistema depredador dónde se confunde valor y precio.
Y ¿Por qué la solidaridad, la generosidad colectiva, el bien común que no conlleva transacción económica, las pequeñas militancias para la libertad, el pacifismo y los cuidados, resultan ser cosas tan incomodas para los poderes que aniquilan la vida? ¿A qué intereses amenazan las horas y horas de voluntariado y actividades procomún? ¿Cuál es el riesgo cuando el valor no se encuentra en el dinero sino en la propia vida y el tiempo dedicado a su defensa? ¿Qué tendrán estas jóvenes armadas de ideales, poesía, de cuerpos hermosos, de risas, llantos y cánticos para resultar tan peligrosas?
Y cómo seguir.
Como suele recordarnos Jordi Serrano, somos herederas de una larga tradición republicana, emancipadora, laica y librepensadora.
Y cómo seguir.
William Morris, ya a principios del siglo XIX, nos advierte, será necesario disponer de la “inteligencia suficiente para concebir, el coraje suficiente para querer y el poder suficiente para forzar”.
Y como seguir la Larga Marcha.
Un día de verano, Torrellas, Confluencias Vacaciones Laicas, años atrás (no pocos).
La primera vez que entré en La Nave.
Sabía dónde estaba y sin embargo nada soñado tan intenso. Recuerdo una primera sensación que todavía mantengo al ver el hormiguero de jóvenes moviéndose; madejas de llaves colgadas en el cuello evidenciando el peso de la responsabilidad, el ritmo que marca el amanecer de un nuevo día, la reunión a primera hora de la mañana en la pequeña sala entre fichas de planificación y organización minuciosa, muchas tareas y mucho café, el despertar ruidoso y lento en las habitaciones, los sueños despiertos, los miedos dormidos.
Y después la jornada de trabajo, los debates interminables, el espacio ideológico compartido, el trazo de proyectos, los encuentros y las conversaciones en la terraza, los inéditos viables y el grupo, la familia elegida. Siempre el grupo, el espacio natural de vida en el que nos sostenemos, nos pensamos, nos amamos. El poder de la tribu.
Y el arte. La creatividad y la cultura. La poesía, la música, la belleza.
Y las raíces, las que no pueden caer en el olvido, la herencia recibida, conocer las luchas que nos trajeron dones para honrar su memoria, recordar que los derechos que disfrutamos hoy no pertenecen al orden espontaneo de las cosas, que deben ser defendidos y que no conviene bajar la guardia; conocer y agradecer para seguir caminando. Las huellas del camino y el horizonte abierto.
La fortaleza y el empoderamiento que nace de ser protagonistas y responsables colectivamente de nuestras propias vidas. La condición para ser joven.
Para seguir necesitamos
Existir.
Al existir nos ayudáis a existir.
No podemos hacerlo solas. Y no lo estamos haciendo solas. Ante la visión del desastre al que estamos abocadas como humanidad, el filósofo Edgar Morin, introduce la idea de la metamorfosis que siempre me acompaña, la idea de que todo debe cambiar y que de hecho está cambiando.
Los movimientos existen, pero no han llegado todavía a converger. Simultáneamente en lugares diferentes, personas diferentes se organizan y actúan para transformar la realidad. Y todas esas iniciativas forman un universo, constelaciones desconocidas, pero todavía no asociadas orgánicamente. Son el germen de una transformación radical que está por llegar. Al referirse a esta metamorfosis inevitable dice Morin “Ahora bien, estamos en un momento de la historia en que todo plantea problemas; la dominación del capitalismo financiero, la agricultura o la cría industrial de animales, el consumo orientado hacia una verdadera intoxicación. Las instituciones mundiales se han vuelto totalmente insuficientes, impotentes y arbitrarias como la ONU o desviadas como el FMI. La política ha llegado al nivel cero del pensamiento”
Educar en el pensamiento crítico. La inteligencia suficiente para concebir.
Contra el nivel cero del pensamiento, contra el pensamiento único y el individualismo, contra la atomización social que reduce la capacidad de autonomía de las personas y nos sitúa en el rol único de consumidoras y en contraste con el empobrecimiento del pensamiento social, se hace necesario ampliar la diversidad y pluralidad de las ideas, democratizar el conocimiento para promover un cambio de cultura basada en la comunidad.
Alan Touraine nos previene: “Aceptar la alternativa de elegir entre el Mercado y la vuelta a los modelos fracasados de la Europa del Este, entre la “libertad” y “el Estado” implica caer en la pereza mental de la izquierda que, en lugar de recoger críticamente la experiencia del pasado y atreverse a desarrollar un proyecto actual de viejas aspiraciones no culminadas, prefiere aceptar la omnipresencia del Mercado y limitarse a corregir sus desviaciones con tímidos matices de contenido humanitario”
Una vez más, nos necesitamos más que nunca. Necesitamos repensarnos y nutrirnos de las fuentes del camino, dice Morin: “la libertaria para el individuo, la socialista para mejorar la sociedad y la comunista para vivir en comunidad” Y añado, habría que agregar la ecofeminista.
Hay que inventar nuevas respuestas, ir a la raíz, beber de la historia, cultivar el lenguaje, definir caminos y amar rabiosamente.
Renovar las fuerzas y el ánimo, actualizar las ideas, rescatar las palabras, apasionarse, recuperar la ética, reivindicar la política, utilizar el conocimiento y la ciencia, amar la diversidad y poner la vida en el centro.
El coraje suficiente para querer y el poder suficiente para forzar.
Y existir reconociéndonos en las otras, confluir. Protestar y proponer; reaccionar y accionar.
Y hacerlo junto a las personas jóvenes, dándoles el protagonismo y los lugares que les pertenecen, acompañándolas amorosamente para que sepan que las necesitamos mucho, que es imprescindible que asuman el relevo en el camino y que no caminan solas. Impulsar desde nuestras diferentes realidades y diversidad, modelos de gestión cívica, recursos y espacios dónde poder ser joven con todas sus consecuencias, participando en organizaciones civiles, activistas, militantes, comprometidas; con diferentes sensibilidades, ecologistas, feministas, pacifistas, solidarias, para dar dinamismo a los barrios y transformar la realidad.
Y fortalecer y construir desde esa diversidad organizaciones sólidas en valores e ideales, pero también en estructura, funcionales, con recursos propios, con los mejores equipos humanos y la mejor formación; bien armadas económica, actitudinal, organizativa, estructural y conceptualmente.
Organizaciones, además, basadas en la calidez, el afecto y generadoras de las experiencias de felicidad necesarias para poder combatir la fealdad y maldad que nos rodea. Porque la buena militancia es el sistema inmunológico de la humanidad.
Vuelvo a recordar.
Somos herederas de una larga tradición republicana, emancipadora, laica y librepensadora.
Somos porque fueron, serán porque somos.
Y como seguir.
Los cambios se producen siempre a partir de la reflexión de la gente. Propiciar y articular el pensamiento crítico, perder el miedo, organizarse para desobedecer, actuar y construir. Nosotras, las personas, somos más grandes que el miedo.
Soy optimista; la historia de la humanidad está llena de hitos y victorias protagonizadas por movimientos sociales, metamorfosis a menudo pequeñas, que de manera obstinada hacen posible el mañana. Somos pacifistas; no concibo esta tarea como una lucha, sino como la única manera posible de situarnos en el mundo, de cuidar para cuidarnos, para construir comunidad convivencial.
Una república social con la que mitigar la violencia depredadora en sus múltiples y perversas formas. Salvar el planeta para salvarnos a nosotras mismas y demostrar, dice Arcadi Oliveres, que “no sólo somos una especie consumista y destructiva, sino que el pensamiento nos puede llevar a ser más solidarias y a tener más conciencia colectiva (…) tan sólo falta la voluntad. Voluntad generalizada y voluntad individual para combatir el egoísmo y caminar hacia la dignidad global” Aunar y alimentar voluntades también es nuestra tarea.
Una última reflexión a vuelapluma.
Cómo encontrar el camino hacia la Utopía
No nos dejemos engañar, las Utopías que soñamos no son lugares inalcanzables, son Certezas pues hablan de justicia y ésta es tan necesaria como urgente.
Aquello que soñamos es alcanzable, tal vez, a nuestro parecer, se encuentre lejos, pero, de hecho, se alcanza cada día. Se construye y se hace posible desde una gran diversidad de Acciones cotidianas, de compromisos, de rebeldías. La idea de Utopía tiene un componente romántico que no debe distraernos demasiado en el ensueño, pues se construye desde la base y con los pies bien aterrados. La convicción firme de que es alcanzable es imprescindible para seguir caminando, pues en realidad se encuentra muy cerca. La justicia social, el pacifismo, la ecología, el feminismo y tantas otras tienen su ejecución en cada una de nuestras decisiones vitales, que nutren la metamorfosis.
Tenemos que convertir el sueño de la justicia social en un objetivo necesario, colocando en la agenda política objetivos precisos y concretos, construyendo sociedades más solidarias basadas en personas más sensibles al dolor ajeno, intolerantes a la violencia en cualquiera de sus formas y comprometidas con la vida en su más hermosa acepción.
Mi esperanza no es mansa ni débil, es tenaz e inmensa. Es una idea simple, pero profundamente radical: si decidimos que queremos un futuro diferente, nos pondremos en marcha, una Larga Marcha y nos movilizaremos para alcanzarlo. Todo lo que hacemos es política y la cooperación entre nosotras es crucial.
Por miles de crisálidas y metamorfosis posibles. Larga vida al MLPA. Larga vida a la insurrección
No detenerse.
“Y cuando ya parezca
que has naufragado para siempre en los ciegos meandros
de la luz, beber aún en la desposesión oscura,
en donde sólo nace el sol radiante de la noche.
Pues también está escrito que el que sube
hacia ese sol no puede detenerse
y va de comienzo en comienzo
por comienzos que no tienen fin”.
ANTECOMIEZO, José Ángel Valente.
Nota sobre la autoría: nada de lo que aquí se expresa es propio, mis pensamientos y mis acciones se construyen gracias a la confluencia, los cariños y la vida en la tribu, son con cada una de las personas que me interpelan. Sirva para expresar mi profunda gratitud a todas ellas, con las que tanto quiero un mundo mejor.



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