Reseña del libro de Paula Huerta: Las de la Cova. Historia obrera de las trabajadoras de la fábrica textil Texma Manises, Valencia. Asociación Vecinal del Barrio San Francisco y Alameda Park. Manises, 2026.
Me ha llegado este libro de Paula Huerta, a quien conozco desde que era muy pequeña. Me alegra que una licenciada en Historia empiece tan joven a publicar. Se trata de un libro muy bien escrito y lo hace con una narración emocionante. Estamos hablando de los años de la dictadura franquista en una zona periférica de Manises donde había una fábrica textil llamada Texma. En aquellos días las mujeres no tenían ningún derecho, tenían que obedecer al marido para todo, no podían firmar un contrato de trabajo ni abrir una cuenta corriente sin el permiso del marido.
Nos situamos en un Manises que pasa de 7.000 habitantes después de la guerra a 24.000 en el año 1981. El libro está muy bien editado y debo deciros desde el principio que es extraordinario. Muy a menudo nos quejamos de que los protagonistas de la historia están invisibilizados. Y en el caso que nos ocupa se trata de personas inmigradas, mujeres y pobres. El intento es todavía más complicado. El libro contiene muchas fotografías que por sí mismas emocionan y nos sitúan gráficamente en el núcleo de la visibilización de estas mujeres anónimas hasta ahora.
En el libro vemos cómo familias enteras llegan a Manises y se ponen a vivir bajo un algarrobo, cómo las niñas empiezan a trabajar a los 11 años aunque la edad oficial era a los 14 años. Algunas habían trabajado en fábricas donde ni siquiera les daban un sueldo, solo sobras de comida de la familia para la que trabajaban. El horario de trabajo era de lunes a domingo sin vacaciones ni festivos. Si vuelven a leerlo, TODOS los días. Por Navidad les daban la paga extraordinaria de Navidad (aguinaldo), que consistía en algo de dinero en un sobre, un saco de naranjas y dos gallinas vivas. En la fábrica había un comedor que lo llevaba una mujer que no sabía contar, nadie se aprovechaba de ello. Caramba, preguntémonos ahora qué pasaría. Por el contrario, el sistema era brutal. Una forma de devolver a la mujer a casa era que la empresa pagaba una dote, es decir, un incentivo para que la mujer se recluyera en su casa y expulsarlas de las fábricas. El franquismo y la Iglesia las querían encerradas en casa. Todavía en 1975 los sueldos de mujeres y hombres eran extraordinariamente diferentes (un tema aún hoy no resuelto) y cuando las mujeres protestan (el derecho a huelga estaba prohibido) la respuesta fue: “para eso tendréis que usar pantalones”. Una de las mujeres, Josefina Martínez, vino a Sabadell a mejorar la técnica. ¡Quizás incluso nos cruzamos! Tan lejos, tan cerca.
En el libro Huerta explica las luchas de las mujeres para pasar de doce horas a ocho horas de trabajo y para dignificar las condiciones laborales. Vemos también cómo, cuando los conflictos se intensifican, el patrón envía a la Guardia Civil.
No puedo dejar de citar una frase que me parece sensacional y que resume a la perfección la respuesta de la clase trabajadora a condiciones de explotación y de vida muy inhumanas. El ambiente, nos dice Huerta, era de gran compañerismo y honestidad, y una obrera dice: “cómo éramos tan pobres, no teníamos maldad”. De esta sencilla frase se podría hacer una tesis doctoral sobre lo que algunos autores han llamado la “decencia común”. Pero también este libro nos remite al concepto primigenio de “conciencia de clase”, no expresado de una forma teórica, sino desde la experiencia militante de gente sencilla y humilde.
A partir de los años setenta del siglo pasado la internacionalización de la economía española puso de relieve la obsolescencia de la maquinaria y los procesos productivos, por lo que la crisis de la industria textil fue brutal. La ineficacia del franquismo y de la patronal fue inconmensurable. La crisis del sector textil entre 1973 y 1982 fue total. En 1983 despidieron a todas las trabajadoras que quedaban, sin indemnización. Se inició una lucha de cuarenta días encerrándose dentro de la empresa. El dueño envía a unos matones de extrema derecha fascista para que las echen. El pueblo responde. Las autoridades tienen que intervenir. La empresa cierra definitivamente en el año 1987.
Aquellos que ahora elogian el franquismo deberían leer este libro, así verán cómo se hicieron las grandes fortunas: a costa del trabajo cruel también de niñas y cómo la gente más humilde construyó desde la dignidad los derechos y las libertades actuales. Conseguirlo cuesta mucho y, cuidado, siempre se pueden perder. La joven historiadora Paula Huerta nos regala una joya que debería ser de obligada lectura en todos los institutos.



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