Pedro Lobera Díaz, ha sido Diputado por la CHA en la IX legislatura de las Cortes de Aragón, portavoz de Puyalón y sindicalista en OSTA.
Cuando contemplamos los restos de las grandes construcciones realizadas en el pasado, aquellas que han perdurado durante siglos y en la actualidad están mejor o peor conservadas, nos hallamos ante los restos de una construcción física, material que se ha sustentado de un entramado social. Este entramado social construyó, conservo o destruyó esos vestigios. Esos pedazos de material de construcción han albergado el poder de una persona, de una institución o de un pueblo, y es un mensaje del pasado que nos ha llegado al presente y que a veces ni siquiera entendemos.
En los lugares donde se encuentran estas construcciones nos solemos encontrar con lugareños y estudiosos, que nos cuentan de una forma popular o científica la historia y lo que significa para ellos ese monumento y lo orgullosos que se sienten de ellos, aunque en muchos casos tengan connotaciones negativas para muchas generaciones que han sufrido la tiranía de los dominadores, que allí han habitado.
Siempre tendemos a idealizar el pasado y rezumamos una cierta añoranza con la grandeza que se supone a ese pasado que creemos grandilocuente y majestuoso, aunque la realidad suele ser bien distinta.
No hace falta retraernos siglos, ni siquiera que exista un elemento físico real para que pensemos que hay aspectos del pasado que son mejores que en la actualidad y que en muchos casos la deriva social en la que estamos inmersos hace que los añoremos mucho más, algunos de esos valores intangibles son los que hicieron prosperar el bien común y no la individualidad actual.
Las personas que de un modo u otro hemos dedicado nuestro paso por la vida a intentar construir una sociedad que sea capaz de hacer un mundo mejor, siempre desde la humildad, en algunas ocasiones hemos hecho referencia a los derechos que consiguieron nuestros antepasados, derechos que van menguando con el paso del tiempo por culpa de nuestra apatía e inactividad, derechos que se van comiendo un sistema voraz y da igual el color del gobierno que haya, al final el sentimiento y realidad es que estamos perdiendo derechos sociales, en parte por un modelo económico que ha implantado un sistema social injusto, que rompe con el que fue el gran impulsor de desarrollo humano, “el altruismo”.
Solo hace falta retrotraerse unos decenios para recordar a nuestros bisabuelos y abuelos que muchos dieron su vida por unos ideales, plantaron cara a las armas, a la barbarie y los arrasaron y esos hechos a las generaciones siguientes nos han hecho perder unos referentes personales y sociales que no hemos podido entrever hasta pasados muchos años, por la losa que supuso la dictadura franquista, contando solo una versión inventada de los hechos.
Estos recuerdos me hacen pensar dónde se encuentra ahora ese espíritu de lucha de fraternidad y de colaboración, ese poner por delante el bien común frente al individualismo.
Hay gente que se atreve aventurarse diciendo que antes tenían menos que perder, ¿qué tenían menos que perder? Me revuelvo cuando escucho esto, si perdían la vida, perdían la vida a veces conscientes de su lucha y otras arrastrados por las circunstancias.
Cuando algún iluminado dice que tenían menos que perder, claramente lo hace desde una visión capitalista de acumulación de bienes y de deudas, que son incapaces de valorar la trasmisión ideológica de valores humanos positivos, utópicos, creativos, culturales, intangibles materialmente, pero que son los que deberían de perdurar.
Esa generación que luchó por ideales, tenía todo por ganar y consiguieron mucho, nunca podremos agradecerles lo suficiente su esfuerzo, les debemos mucho y no somos capaces de evitar que su legado se nos esté escurriendo como la arena entre los dedos y lo perdamos definitivamente.
Me pregunto en voz alta, ¿somos en la actualidad una sociedad menos reivindicativa y luchadora? En términos generales salvo alguna excepción, si, hoy por hoy estamos domesticados por un modelo de mercado socio-económico que nos ha convertido de ciudadanos a consumidores y la gran mayoría solo se mueve por intereses particulares.
En la actualidad en vez de apoyo mutuo ante las injusticias, lo que tenemos es culpabilización de la situación en la que te halles, porque nos han hecho creer que todos tenemos las mismas oportunidades y que si trabajas duramente nada malo puede pasarte, esto evidentemente es mentira.
Un ejemplo de esa acusación popular de fracaso por tú culpa es la aporofobia, ese miedo, rechazo al “pobre”, cuando vemos a alguien en un estado de vulnerabilidad, en seguida pensamos , será alcohólico o drogadicto, habrá sido mal trabajador o padre o madre, pero nos cuesta pensar que esa persona ha estado trabajando 40 años y que en los últimos ha cerrado su empresa y en un plis plas acabas en la calle y no sabes ni como has llegado allí, o como damos la bienvenida a extranjeros ricos, pero a los pobres los tachamos de delincuentes y demás adjetivos negativos.
Esta sociedad te acusa con ese dedo de superioridad, haciéndote culpable de tus males, porque en el capitalismo todo fluye todo es correcto y si no tienes éxito es que eres un vago, ese es el resumen, cuando la realidad es que es el propio sistema el que te expulsa de sus redes una vez te ha exprimido.
Yo que he participado en el mundo sindical y político activamente, antes ante cualquier ataque algún compañero, despido, detención, acoso, todos a una íbamos a ayudar sin preguntarnos nada prevalecía la colaboración y la solidaridad.
Hoy por hoy cuando detienen algún compañero o lo despiden, o lo sancionan, la gente lo acaba justificando, dejan de lado a las personas que los defienden, lo culpabilizan, cómo va a ver relevo generacional en el sindicalismo o la acción social, si los propios compañeros te abandonan.
Estamos en un momento qué o construimos nuevas estructuras sociales basadas en el altruismo y la colaboración capaces de aguantar las fuertes embestidas a las que estamos sometidos actualmente, o por el contrario el panorama será complicado, no habrá resistencia que se oponga a las injusticias y el mundo evidentemente continuará siendo un lugar inhóspito será un mundo peor.
Afortunadamente hay pequeños reductos de gente que están dedicando a que las nuevas generaciones y no tan nuevas que llevan muchos años, mantengan un pensamiento crítico, en lo social, económico, cultural, político etc., por eso cada día admiro más a esas personas que han llevado un proyecto de vida basado en estimular y potenciar ese pensamiento crítico que hace que aunque solo un poquito duerma mejor por las noches.
Gracias a todas por vuestro trabajo en hacer una realidad social mejor y felicidades.



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