Natalie Gimeno Seagle tiene diecisiete años. Ha sido coordinadora de Fadea en la localidad zaragozana de Épila y en la actualidad coordina la asociación de estudiantes del IES Pedro de Luna.
Hace tres años, en el instituto en el que yo estudiaba, me hablaron de unas jornadas en Zaragoza llevadas por una asociación de estudiantes, a las cuales decidí ir. Al llegar ahí obviamente no conocía a nadie, pero todas las personas eran muy majas y amigables. En aquella actividad estuvimos hablando acerca del medioambiente y de los problemas medioambientales que existían en el mundo. Después de ese día comencé a ir a las Confluencias, a realizar trabajos en el instituto y a formarme en varios temas los cuales no me habían interesado hasta ese entonces, o al menos no pensaba que fuesen tan importantes.
El comenzar a ir a las confluencias me hizo abrir mi mente, tan solo tenía trece años y no era muy consciente de la situación social que teníamos. Los conocimientos que adquirí acerca de temas como machismo, LGTB, xenofobia e interculturalidad, entre otros muchos, me ayudaron a lidiar con muchos temas personales, como un caso de violencia de género entre una amiga y su pareja o el no tener tanto miedo al declarar mi orientación sexual.
Cuando empecé a desarrollar mis conocimientos en diferentes ámbitos mis amigos comenzaron a hacerlo también. Les contaba las cosas que sabía, les concienciaba sobre varios temas, como los problemas medioambientales y políticos y les ayudaba con los problemas que no sabían cómo tratar. Cuando ellos se interesaron acerca de la asociación, comenzaron a ir conmigo a diferentes actividades como cenas o a las confluencias.
Vivir en un pueblo tampoco ayudó mucho a impartir o enseñar lo que sabía, ya que, quieras o no, suelen tener una ideología bastante contraria a lo que yo comenzaba a pensar. En el instituto al que iba no tuve problema con la dirección para comenzar a hacer talleres y exposiciones en los recreos, el problema eran los alumnos. Muchos estudiantes tenían una ideología muy clara y no querían ni acercarse a los talleres ni para saber de que iban. En ocasiones solamente se acercaban a molestar o a dar lecciones de por qué lo que intentábamos enseñar era algo erróneo o malo.
En tiempos de COVID-19, durante el confinamiento, realicé dos de los cursos que se impartieron, los cuales me ayudaron mucho a saber gestionar mis emociones mientras estábamos confinados, saber que no era malo sentirme mal y que era normal sentirse solo. Este curso en específico me hizo relacionarme más con mi familia, a estrechar mayores lazos y tener más confianza con ellos.
Resumiendo, podríamos decir que entrar a FADEA hizo que mi vida diese un giro completo y gracias a esta asociación he conocido a los que actualmente son mis amigos más cercanos y otras tantas personas con mis mismas creencias y pensamientos, he aprendido a cómo informarme y a saber cuándo las noticias son reales o falsas, de donde nacen movimientos como el feminismo o la lucha LGTB, a cuidar el planeta y a cuidarme a mí, he aprendido mucha cultura y he visitado sitios a los que nunca habría ido por mi cuenta y todo esto en tan solo tres años.



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