Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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25 años MLPA.

Carmen Magallón Portolés era profesora del Departamento de Física y Química del Instituto Mixto 10-Avem­pace en 1986, del que fue Vicedirectora.  Directora de la Fundación SIP (2003-2018) y Presidenta desde 2019. Presidenta de WILPF España, sección de la Liga internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Women’s Internacional League for Peace and Freedom) (2011- ). Militante antifranquista y activista social por la Paz y la igualdad de la mujer.

Al cumplirse los 25 años del Movimiento Laico y Progresista de Aragón (MLPA) y pen­sar en cómo surgió todo, he de remontarme algunos años atrás, casi una década antes. Porque si el MPLA nació en 1997, muchos de sus impulsores, de sus protago­nistas principales crecieron en capacidades y organización en los años 80. Todo del siglo pasado, claro.

La historia que por mi parte puedo contar es la que se refiere a los años en que algunos de los jóvenes que se incorporaron a las Casas de Juventud eran alumnos y alumnas en el Instituto de Enseñanza Media primero llamado Mixto 10 y poco des­pués Avempace.

En aquel Instituto habíamos confluido un grupo de profesores y profesoras que sufri­mos y nos comprometimos contra la dictadura en nuestros años jóvenes y que está­bamos ansiosos de educar de otro modo, no adoctrinando sino abriendo las aulas al mundo y formando en autoestima y capacidades para la participación y el ejercicio de la libertad. Por cierto, como algunos de nuestros profesores hicieron con nosotros, y me refiero a los míos en el instituto de Teruel, donde tuvimos el privilegio de tener como profesores a José Antonio Labordeta, José Sanchís Sinisterra, Guillermo Gil, Eloy Fernández Clemente y Juana de Grandes, entre otros.

Busco en mi archivo y encuentro papeles que me emocionan. Al releerlos y pensar en lo que removimos en esos años, pienso que aquellas experiencias participativas y organizativas debieron dejar huellas importantes en nuestros alumnos y alumnas. Huellas y capacidades para seguir organizando y trabajando por el cambio social.

Organizarse por la paz y el desarme: 1988

Eran los años de la Guerra Fría y nuestra ciudad, Zaragoza, albergaba una Base Militar Estadounidense. En 1982, habíamos fundado en la ciudad el Colectivo por la Paz y el Desarme. La posible guerra nuclear nos preocupaba, era algo muy serio. Del día a día, también nos preocupaba la desigualdad entre hombres y mujeres, el machismo social que seguíamos reproduciendo. Menciono estos dos asuntos porque son los que me ligaron más a aquellas generaciones de alumnos. Con ellas y ellos fundamos el Grupo de Educación No sexista, hicimos famosas excursiones (como la del Albergue Juvenil del Santuario de la Misericordia-Borja, con Antonio Muñoz, que también se fue muy pronto de este mundo), organizamos bailes en el instituto y deci­dimos también organizar actividades por la paz y el desarme.

Fue en 1988 cuando decidimos organizar el Día escolar de la paz, el 30 de enero, día de la muerte de Gandhi. En la pegatina que alguien diseñó se recogen los sím­bolos principales de aquella celebración: el río Ebro, la chimenea y la voluntad de trabajar en común con el resto del barrio. Dentro del Instituto, Santiago Villamayor era el director y yo la Vice­directora, ambos con ímpetu y ganas de sacar adelante este empeño, junto al resto del profesorado y alum­nado. Así es que hablamos con el colegio de al lado, el Zalfonada, y comenzamos a reunirnos: convocamos al resto de colegios de la zona, y a todo tipo de asociaciones: de vecinos, de padres y madres, de jóvenes… En las reuniones hablábamos del sentido que tenía la celebración  y empezamos a perfilar un programa.

Por su parte, nuestros alumnos y alumnas se implicaron, se movilizaron y formaron la Asamblea de Jóvenes de la Margen Izquierda convocando a los jóvenes a reunirse en la Casa de Juventud La Dalla, en el Centro Cívico Tío Jorge.

En el sencillo programa que preparamos se incluyen el conjunto de centros que participaron y las activida­des comunes: encuentro en el parque del Tío Jorge, palabras de Emilio Gastón, charla de Jesús María Alemany, canciones de Labordeta…

“La posible guerra nuclear nos preocupaba, era algo muy serio”.

Quienes participaron en alguna de las actividades no las habrán olvidado.

Destacaré el recital de poemas con música y la organización de Juegos cooperativos para todo el Instituto. Para preparar estos actos nos reuníamos fuera de las clases, jugábamos nosotros y aprendíamos los juegos cooperativos que los monitores y monitoras tenían a su vez que practicar.

Destacaré el recital de poemas con música, para el que tuvimos que realizar bastantes ensayos. Teníamos que ajustar las lecturas de los poemas a las canciones y al mismo tiempo construir grupo y afinidades. El día que finalmente se realizó, la puesta en escena respondía a la actitud rebelde que a todos les/nos gustaba, y que entonces no era frecuente: en el aula de música abarrotada, sin pupitres ni sillas, todos sentados por el suelo, en el que habíamos colocado periódicos para evitar el frío…   En un momento, tras el poema de Bertolt Brecht: “Es de noche/las parejas se van a la cama/Las mujeres jóvenes parirán huérfanos”, la música de Deep Purple es­tallaba en un grito desgarrador que, en ese contexto, interpretábamos contra la guerra. Ponía los pelos de punta.

Todo era muy artesanal: recortar, pegar y fotocopiar. Poemas de Miguel Labordeta, de su hermano José Antonio Labordeta, (que también participó en directo cantando), de Pablo Neruda, Erich Fried. Y música de Carmina Burana, Joan Baez, Bob Dylan, Miguel Ríos, Deep Purple…

En mi archivo encuentro papeles viejos, algunos escritos a mano. Hay algo entrañable en ellos, algo que me ha hecho guardarlos desde hace más de treinta años.  Tal vez estaban esperando esta oportunidad para salir a la luz y emocionarnos a todos un poco al recordar aquellos días.

Ojalá que puedan verse quienes tienen su nombre escrito en algunos de ellos, que no serán todos, pero sí quienes participaron en el recital de música o fueron monitores para organizar los juegos cooperativos: juegos para disfrutar sin competir, para reírse juntos sin quedar nadie por encima de los demás. Fue un estupendo pro­ceso de aprendizaje práctico.

La Margen Izquierda era un barrio muy vivo, incluso tenía una revista, Al Margen, que impulsaron José Luis, sí, el amigo Palas, y Maite, ambos amantes de la poesía, buenos escritores y buenos organizadores. A la vista está aho­ra, cuando vemos que tras tantos años sus iniciativas persisten y generaciones de jóvenes han crecido en ellas.

El Día Escolar de la Paz siguió celebrándose, ya con carteles más elaborados.

En 1992, salió el número 1 de la revista Un margen de paz, en el que colaboraban miembros del Seminario de Investigación para la Paz, su director entonces, Jesús María Alemany, o la socióloga Ángela López, que nos dejó hace tiempo. También del movimiento de No-violencia, como Chema Mendoza, que también se fue de este mundo. Por mi parte, ya no lo recordaba, pero veo que aporté este poema, al que tengo gran cariño, a la contraportada del número.

En la séptima edición, el Día Escolar de la Paz se celebraba ya con el apoyo de las Casas de Juventud. Ahí estabais alguno de vosotros, alguna de vosotras. Seguro.

Alguien se preguntaba, me preguntaba, cómo había sido posible esta eclosión de movimiento juvenil en Ara­gón, cómo se ha llegado hasta aquí, desplegar tanta iniciativa a lo largo de estos años. ¿Y qué puedo decir? Si pienso en aquellos magníficos alumnos y alumnas, no me extraña. Lo aprendieron en la propia piel. ¿Cómo no iban a aprender a organizar si a los quince años fueron capaces de movilizar a todo un barrio?

¡Abrazos y felicidades al MLPA por estos 25 años…!

Y ahora, a por otros 25.

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