La Pasionaria de Diego Díaz se publicó con motivo del centenario de la fundación del PCE, en 2021. Se trata de una biografía actualizada, con los enfoques historiográficos más recientes y al día. Se centra en el movimiento obrero como agente ilustrador de las masas en la primera década del siglo XX, en la relación entre clase y género, en la alienación militante de la vida personal y en la espiral autodestructiva del estalinismo. Como podemos leer, su propia madre le pronosticó a Dolores una vida de «hilar, parir y llorar», pero ella, que dejó de estudiar a los 15 años y quería ser maestra, encontró en la militancia y la política su Universidad. Y así fue: pasó de fregar la sede socialista local a ser secretaria general del PCE y a despachar de tú a tú con Azaña. Un glitch en la vida que podía esperarse de una mujer de clase obrera de aquella época. De ahí la vida inesperada.
A lo largo de su vida sería una gran organizadora de mujeres en la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA, 1933). A partir de ahí surge el mito de sus discursos antifascistas —su «¡No pasarán!»—, donde todo el mundo destaca la fiereza de las intervenciones de una bolchevique que vestía como una mujer tradicional. Una mujer que, con su sencilla presencia y su duelo resistente, representó la dignidad de todo un pueblo, tal como cantaba Ana Belén en su «Veremos a Dolores caminar». En la biografía de Díaz aparecen también las sombras de su alineamiento con el estalinismo, del que solo se distanciaría críticamente con motivo de la Primavera de Praga de 1968. Para terminar, su imagen en el Congreso de los Diputados junto a Rafael Alberti se convertiría también en una de las fotografías icónicas de la Transición. Otra vida de película, que algún día veremos.



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