«Una similitud clave entre ambas huelgas fue la unidad sindical que aún rompiéndose se pudieron recomponer a demanda del profesorado. Las demandas eran similares a las de hoy.»
Las movilizaciones por la educación pública han llenado las calles valencianas durante el mes de mayo. Para comprender un poco más el origen de esta explosión reivindicativa, deberíamos remontarnos 38 años atrás a 1988. Yo era estudiante de secundaria y recuerdo participar en las huelgas estudiantiles previas. La pretensión de este articulo no es sacar ninguna conclusión pero si entender un poco mejor las claves de dos sucesos separados por el tiempo que guardan evidentes similitudes, aunque también alguna diferencia, que relataremos un poco más adelante. Para empezar haremos un poquito de historia y nos preguntaremos cómo hemos llegado hasta aquí.
Durante décadas el régimen franquista no se había ocupado de la educación. El profesor recibía apoyo de las familias para completar su sueldo, las llamadas permanencias, un 30% del sueldo que recibía el profesorado (“pasas más hambre que un maestro de escuela” que decían nuestros padres). Era algo habitual y sería lo más parecido a los refuerzos de hoy en día. La educación no era aún un derecho fundamental de ciudadanía, ni siquiera aún con la democracia que hizo descender el analfabetismo y aseguró la escolarización universal. Todo el reconocimiento vino con la primera huelga de profesores de 1988, apoyadas por padres y estudiantes que se manifestaron con anterioridad. La clave que catalizó toda esta movilización fueron las primeras elecciones sindicales del profesorado en 1987, que lograron una gran participación, creando una plataforma unitaria, canalizar las reivindicaciones y hacer llegar adecuadamente la información.
El aumento de la natalidad y el retorno de la migración española, hace necesario más profesorado e infraestructuras, que llegan de la mano de los gobiernos democráticos, pero el profesorado sigue siendo interino aún. Esa desconsideración laboral genera un malestar, que junto a la conciencia democrática de la población, hace que se reivindique una mejora de las condiciones laborales del profesorado unida al derecho fundamental de una educación de calidad.
La reivindicación sindical giró entorno a la homologación de los sueldos del profesorado (“a un trabajo igual un salario igual”) a las que se unieron la equiparación salarial, la formación a cargo de la empresa, una revisión de la jornada laboral (25h), la demanda de una cláusula de responsabilidad civil (defensa jurídica, un mapa escolar (sin reducir aulas), ratios más bajas y educación infantil, que no estaba implementada en aquel entonces. Los difusores de la información, el seguimiento y catalizadores de las reivindicaciones, dada la dispersión de los centros educativos, no fueron las redes sociales, que no existían aún, sino fundamentalmente los sindicatos, destacando CCOO. La dimisión de todas las direcciones de centros educativos y alto seguimiento llevaron a la firma de todos los sindicatos excepto CCOO. Al poco tiempo este sindicato planteó una huelga indefinida con el respaldo de la mayoría del profesorado en votación que hizo dimitir al en aquel entonces ministro de educación José María Maravall. Así meses después las reivindicaciones se consiguieron con Javier Solana como ministro y se doblaron las cantidades pactadas inicialmente. Unos años más tarde la ley de educativa más avanzada en España, la LOGSE, recogió también demandas de aquellas reivindicaciones, de la que aún se conservan los temarios de oposiciones del profesorado. Las mejoras fueron casi inmediatas y no se demoraron más de un año. A petición de CCOO lo que se ahorró la administración en sueldos durante la huelga fue reinvertido en material y dotaciones escolar escolares.
Una similitud clave entre ambas huelgas fue la unidad sindical que aún rompiéndose se pudieron recomponer a demanda del profesorado. Las demandas eran similares a las de hoy. El apoyo de familias y alumnos o el inmovilismo de la administración son casi un deja vú.
Una diferencia es que actualmente no se viene de unas elecciones sindicales sino que más viene se va hacia ellas este mismo año 2026, lo que supone un examen para los sindicatos. La situación actual también difiere de la del 88 en que se venía de un largo periodo de luchas laborales y por la democracia.
Hoy día las prioridades, como entonces, son la reducción de ratios, creación de aulas y grupos nuevos o la mejora retributiva. Las diferencias están en que ahora además se prioriza no tanto crear centros nuevos, que la educación llegue a todos o combatir el analfabetismo sino en mejorar las plantillas, organización, infraestructuras y dotación de las ya existentes, poniendo el acento en la atención a la diversidad del aula, su refuerzo y en la enseñanza en valenciano.
¿Cómo surgen estas movilizaciones? Cuando la situación se hace insostenible, el profesorado se ve desbordado en número y esfuerzo, inadecuadamente recompensado, el aumento de la burocracia desborda a los profesionales de la enseñanza. Cabe recordar que los profesores en el 88 se despedían a final de junio y no regresaban hasta el 15 de septiembre a dar clase de nuevo. Las programaciones eran documentos de máximo 15 folios y el papeleo era prácticamente inexistente, nada comparado con la cantidad de informes, propuestas pedagógicas, memorias, coordinaciones y demás documentación de hoy en día.
¿Que se está consiguiendo ahora? Tener una foto real de cómo está la educación hoy día, la información veraz es fundamental en la sociedad actual, pero también se está haciendo mucha pedagogía de cara al futuro de nuestros hijos y de la propia sociedad Puesto que la lucha que no se da es la que se pierde y que en cuanto la abandonas, en la misma medida pierdes tus derechos y mejoras que les costó mucho conseguir a nuestros padres. Es decir que poco a poco el profesor actual va pareciéndose algo más al del 88, las desigualdades educativas son cada más evidentes a todos los niveles, lo que lleva a desigualdades sociales más acusadas y a menores expectativas de las generaciones actuales con respecto a las anteriores. Quien puede revertir estas diferencias es fundamentalmente es la educación y su mejora.
La huelga del 88 fue todo un éxito y supuso un gran avance para la educación, la actual supone un enorme esfuerzo, pero a la vez una gran esperanza y una inmensa luz que se abre ante nuestros ojos. Los 22 días de huelga del 88 van camino de igualarse pero ¿quién ha dicho que los derechos se regalan o que las mejoras caen del cielo?
Los estudiantes han de pensar, tanto los de secundaria como los universidades, que se pueden encontrar con mucha tarea hecha, pero para conseguirlo tendrán que estar todos juntos, los universitarios, la propia universidad, los equipos directivos debe ser parte implicada en esta lucha que tiene lugar en las calles de todo el País Valenciano, pero también en Cataluña, Madrid o Aragón, porque como sucedió en el 88 puesto la solidaridad, la unidad y la persistencia, siempre llevan al triunfo y a la implementación de mejoras.
Por tanto, un acuerdo debería pasar como en el 88 por la aceptación de todas las demandas, previa negociación, la restitución de los equipos directivos dimitidos a sus puestos, de los millones de euros descontados de los sueltos de los huelguistas reinvertirlos en las demandas de los centros en material y dotaciones escolares.
Para acabar, una cita de un profesor jubilado de EF de Castellón al hilo de las movilizaciones quien afirmaba que:”Y os aseguro que quienes trabajaban bien lo hacían muy bien, y quienes no, lo hacían exactamente igual que ahora. No flaqueéis, profesores y sanitarios son quienes conforman nuestra sociedad. Mucha fuerza, la meta ya está ahí “.
Nuño Jiménez Walter
Catedrático de Secundaria en el IES Bovalar,
Castellón Miembro del Consejo Escolar del CEIP Enric Soler i Godes, Castellón



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