José Antonio Mayoral Murillo es Rector de la Universidad de Zaragoza.
Las universidades tienen tres funciones esenciales: docencia, investigación y transmisión de conocimientos a la sociedad. Si bien el personal docente e investigador debe ocuparse de estas dos últimas, que se realizan sobre todo en el seno de los Institutos y Centros de investigación, lo que distingue a las universidades del resto de organismos públicos de investigación es la función docente, lo que hace que en ellas el estudiantado juegue un papel determinante.
La acción formativa no puede ceñirse a la mera transmisión de conocimientos o la adquisición de competencias especializadas, la etapa universitaria es una etapa de formación que debe entenderse de un modo global, en la que las relaciones personales y la adquisición de competencias trasversales juegan un papel esencial.
Dada la importancia de la formación, el buen funcionamiento de las universidades requiere que quienes estudian en ellas no se limiten a recibir enseñanzas, sino a tener una actitud proactiva. Que no sean alumnos o alumnas, sino estudiantes. Por eso mismo, no pueden ser agentes pasivos, sino que tienen que tener un papel fundamental en la toma de decisiones universitarias, en la evaluación de resultados y en el diseño de los planes de mejora. En este concepto de formación integral, es importante que la universidad fomente las actividades organizadas por el estudiantado.
Por su parte, la universidad debe asegurar la igualdad de oportunidades, consiguiendo que nadie se quede fuera por motivos económicos, mediante sistemas de becas, prestando especial atención a quienes proceden de familias de renta muy baja y promoviendo servicios que faciliten su vida cotidiana.
También ha de trabajar para que, una vez dentro de ella, reciban una educación inclusiva y de calidad, apoyando a quienes tienen necesidades educativas especiales; fomentando el entendimiento de la diversidad como norma en una universidad generadora de un entorno seguro y sin etiquetas, creando un espacio seguro donde no haya ninguna discriminación por lugar de nacimiento, sexo, orientación sexual, religión u opinión.
La distribución del estudiantado refleja un desequilibrio de genero entre distintas titulaciones, que en buena medida sucede ya en las etapas previas. Por eso, también deben proponerse medidas para evitar la separación de roles que refleja esta distribución.
La universidad debe de proponerse llevar a cabo todas estas acciones (y así lo he hecho al incluirlas en mi programa como Rector), pero es esencial trabajar para que sean las organizaciones estudiantiles quienes tomen la iniciativa, estableciendo espacios de dialogo permanentes entre los responsables de la gestión de la universidad y de sus centros con el estudiantado, superando los marcados por las normas. La movilización estudiantil, la aportación de ideas para cambiar la universidad y la sociedad ha de ser encabezada por las personas que aspiran a convertirse en motores del cambio.
Ello es así, porque no se trata únicamente de cambiar la universidad, de hacer una enseñanza mejor, más cercana a las necesidades de la sociedad y que permita continuar esa formación a lo largo de la vida. Se trata también de hacer una sociedad mejor. La universidad es uno de los principales motores de cambio social y por eso, un movimiento estudiantil responsable, activo y comprometido es fundamental tanto para la universidad como para la sociedad en su conjunto.


0 comentarios