Una parte de la responsabilidad en el inicio del fracaso de las políticas de juventud en España la debemos al tan inmerecidamente recordado alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Mientras algunos pretendían hacer políticas de juventud transversales, y luego integrales, con mucho denuedo y esfuerzo, otros lanzaban valores que intelectualmente son responsables de un fracaso que llega hasta el 15M. En la etapa inicial de gobiernos municipales democráticos y de izquierdas el Ayuntamiento de Madrid acabó con el débil tejido asociativo de izquierdas. Tierno Galván es uno de los fraudes de la izquierda española de más dimensión. Empezó fraudulentamente con su propia biografía ya que se inventó una familia inexistente, pero el mal más profundo lo perpetró al apoyar y/o crear “La Movida”. Fue el primer ejemplo de políticas culturales posmodernas a gran escala en España. Durante los años del franquismo y de la mal llamada transición a la democracia se fue reconstruyendo, con muchas dificultades, o construyendo de nuevo, el tejido asociativo. Cuando llega la democracia a los ayuntamientos en 1979 se esperaba que los gobiernos municipales gobernados por la izquierda hicieran una apuesta firme a favor de las asociaciones para dar locales y medios profesionales y económicos al trabajo que hasta la fecha se realizaba en espacios penosos y con mucho voluntarismo. Para sorpresa de todo el mundo, Tierno Galván da la espalda a toda esa gente –lo mejor de la izquierda madrileña– y opta por “La Movida”. La Movida combina diversos factores. Seguramente el único positivo es el descubrimiento de la calle como espacio lúdico: la calle como fiesta. El problema es que este aspecto positivo se podría haber logrado igualmente sin acabar con la tradición de la izquierda. Pero La Movida significa optar por un discurso antipolítico, por el pasotismo, por el desinterés de tintes franquistas por lo colectivo. Significó un ataque brutal contra la ética civil republicana del Madrid del “no pasarán”, del Madrid heroico, que emocionaba al mundo entero. Se trataba de acabar con el Madrid que paró el golpe de estado franquista a las puertas de la ciudad universitaria, con un pueblo en armas contra el ejército africanista. Pero también se trataba de borrar la lucha antifranquista más reciente. Ello interesaba tanto a los restos del franquismo muy presentes aún en la capital como a Tierno por dos razones. La primera, personal, para que no se supiese su real trayectoria y biografía personal y, la segunda, para desmovilizar Madrid. Premisa indispensable para gobernantes con poca sensibilidad democrática. Pero sin duda el momento más penoso para las ideas y los valores republicanos es cuando Tierno lanza la consigna más inmoral que un político haya hecho nunca (obvio a los acebes, rajoyes y aznares, por supuesto). En un concierto de rock financiado por el ayuntamiento, Tierno habló. Era habitual entonces que, ante el desencanto brutal de los jóvenes por la política, las instituciones organizaran conciertos para que sus responsables tomaran la palabra dirigiéndose a los jóvenes ya que no podían hacerlo en ningún otro sitio ni ocasión. De hecho, así ha sido hasta el 15M. En el concierto Tierno dijo a los jóvenes en 1984: “El que no esté colocado, que se coloque y al loro”. ¿Qué hubiera pasado si los miles de personas del movimiento obrero, del movimiento vecinal o de los colegios profesionales o de otros ámbitos de la vida asociativa madrileña, en vez de luchar por la democracia y la libertad de España, se hubieran colocado? ¿Qué mensaje daba a los jóvenes en aquellos momentos en que las drogas hacían estragos en Madrid? No fue una excepción madrileña, fue un fenómeno general organizar grandes conciertos donde los políticos intentaban hablar antes de empezar el concierto. La verdad es que desde las instituciones se intentó combatir la cultura transformadora obrera y popular por la alienación y la movida.
¿Y si Isabel Diaz Ayuso es la consecuencia de aquellos polvos?



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