Para muchas personas, enfrentarse al dolor y a los conflictos que genera resulta especialmente difícil. Cuando el mundo pretende devorarte y tienes la sensación de que no te da ni un segundo de tregua, saber coger aire y dedicar tiempo a hablar sobre la pérdida y los miedos que giran en torno a ella, es muy difícil. Si a eso le añadimos la variable de la adolescencia, todo se complica más. Pero hay una cosa que es innegable: no afrontarlo tiene consecuencias. La película “Los domingos” de Alauda Ruíz de Azua se sumerge precisamente en esa realidad: la pérdida y las consecuencias inesperadas que surgen cuando el duelo queda sin resolver
Pero Alauda lo hace desde su propio prisma. Con sus propias reglas del juego: abordar temas muy complejos, mostrar la crudeza de sus consecuencias y exponer las causas que los provocan de una manera sutil, que en apariencia es superficial, pero que acaba penetrando con sigilo en el corazón del conflicto. Ya lo había hecho antes con la película Cinco Lobitos (2022) y, más recientemente, con la serie Querer (2024). En la película, Ainara (una espectacular Blanca Soroa), es una adolescente que ha perdido recientemente a su madre y, abatida por el duelo, solo encuentra respuestas en la fe. Esa dedicación y el oportunismo de los profesionales del instituto religioso en el que hace bachiller, le llevan a tomar la decisión de ser monja de clausura, renunciando a la oportunidad de ir a la universidad. Su padre, más preocupado por su trabajo y sus problemas económicos, no tiene ni la capacidad ni el tiempo para afrontar junto a ella esa perdida y solo su tía se presenta como la resistencia frente a las decisiones de la adolescente, intentando que estudie en la universidad antes de tomar una decisión tan drástica. Sin adentrarnos mucho más en la trama, Alauda lanza una critica firme a la institución católica como a la propia institución familiar, que renuncia a muchas de sus responsabilidades, en pro de la supervivencia.
Los Domingos representa un ejemplo más de la necesidad del dialogo, de encontrar espacios de encuentro con nuestros hijos/as en el núcleo familiar pero también con los/las adolescentes en nuestros espacios asociativos en los que abordar todas las dudas, miedos e incertidumbres con las que se enfrentan a diario, siendo conscientes de que, si no las respondemos nosotras, si no estamos ahí para escucharles y darles respuestas a sus preguntas, habrán otros que sí que lo harán, ya sean colectivos religiosos o grupos ultras de extrema derecha. Los domingos es un claro ejemplo de esa pérdida de espacios y grita con firmeza que es necesario recuperarlos.



0 comentarios