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La victoria del pacto sobre el atropello

31/05/2024

Intervención de Gerardo Pisarello en el pleno del Congreso que ha aprobado la ley de amnistía, 30 de mayo de 2024

Gerardo Pisarello diputado de Comuns, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y miembro del Comité de Honor de Memoria del Futuro

La amnistía que hoy se votará aquí es una victoria del pacto sobre el atropello. Es la posibilidad de una convivencia basada, no en la imposición, sino en el reconocimiento de la pluralidad y de la libre decisión de los pueblos y gentes de lo que Espriu llamaba la Pell de Brau, la Piel de Toro.  Y es, sin duda, la constatación de un fracaso: el de unas derechas radicalizadas empeñadas en utilizar la amnistía para derrocar al Gobierno y a la mayoría de la investidura y que hoy saldrán derrotadas.

La ley que hoy se aprueba concierne principalmente a independentistas catalanes, sí. Pero el listado de los que han sido objeto de represión y persecución penal abusiva es largo. Pienso en Juan María Atutxa, del PNV. En tantas y tantos militantes de Bildu, Izquierda Unida, Podemos, Comunes, Compromís, Más Madrid. En feministas, en gentes republicanas y activistas sociales y sindicales de todo tipo. Ni siquiera el presidente de Gobierno y su familia se han librado de la furia inquisitorial de quienes nunca han renunciado a la vía del golpe blando.

Porque lo que tenemos aquí, señorías, no son unas derechas a la Merkel, a la Juncker, dispuestas a discrepar, pero aceptando la alternancia política. Son unas derechas fanatizadas, empecinadas en reproducir los modos mamporreros del Cardenal Cisneros y de Fernando VII.  Son unas derechas fanatizadas capaces de encumbrar a un personaje desquiciado como Milei, a una admiradora de Mussolini como Meloni e incluso a un criminal como Netanyahu, con los cadáveres de las niñas y niños de Rafah aún calientes.

Y si algo está meridianamente claro, es que, frente a estas derechas instaladas en el neofranquismo más descarado, no puede haber vacilación. Muchos de los destinatarios de la amnistía que hoy aprobaremos son compañeros y compañeras con los que compartimos valores republicanos profundos. Otros han sido y son adversarios con los que tenemos innegables discrepancias políticas y de proyecto socio-económico. Pero todos ellos han sido objeto de una reacción policial y penal plagada de arbitrariedades, que una democracia decente no puede permitir. De aquí un objetivo no menor de esta ley: decir nunca más a las cloacas y a la guerra sucia judicial, policial o mediática como respuesta a demandas políticas legítimas.

Decir nunca más a las porras como respuesta a una multitud pacífica como la del 1 de octubre, que solo pretendía votar y que fue apaleada por orden de un ministro cobarde como Juan Ignacio Zoido. Pero para que estas actuaciones no se repitan, la amnistía no puede ser un punto final. Tiene que ser la antesala de cambios más profundos.

Por respeto a Montesquieu, hay que acabar con la pretensión de la derecha de controlar al Tribunal Supremo por la puerta de atrás o de repartir guías a los jueces para que burlen la ley. Por respeto a Beccaria, no se puede tolerar que una organización falangista, heredera de Fuerza Nueva, como Manos Limpias, se dedique impunemente a impulsar querellas espurias para destruir adversarios. Una democracia decente no puede autorizar infiltraciones policiales arbitrarias en movimientos sociales o vecinales o la incriminación abusiva de jóvenes antifascistas como Adri de Badalona o los 6 de Zaragoza.

Una democracia decente no puede permitir que la Audiencia Nacional actúe como un Tribunal de Excepción, persiguiendo a directores de medios críticos, como se hizo con Mertxe Aizpurua, o como se pretende ahora con el periodista Jesús Rodríguez, de La Directa.

Muy débil será la democracia si quedan jueces como el que acaba de decirle a la joven África Cuesta que si perdió un ojo por una carga policial fue culpa suya, por haber pedido la libertad del rapero Pablo Hassel. Muy débil sería la democracia si pandas de energúmenos como los que intentaron reventar la obra de teatro Alsasua se salieran con la suya al grito de “Guardia Civil, dispara tú fusil”.

Años lleva ya el periodista Julián Macías explicando cómo el PP y Vox subvencionan pseudomedios y pseudoperiodistas que acosan e inundan las redes con bulos, como han hecho con Pablo Iglesias e Irene Montero, con Mónica Oltra, con Mónica García, con Ada Colau y tantas más. Y si de verdad queremos acabar con esto, no basta con librar escaramuzas a lo Sagasta, de mero progresismo verbal. Hay que actuar, y hacerlo con valentía. Democratizando el acceso a la justicia, a los medios de comunicación, acabando de una vez con la maldita ley mordaza. 

L’amnistia que aprovem avui hagués estat impossible sense la persistència de milers de catalans que no han acceptat, que no hem acceptat, lliçons de democràcia dels qui encara sospiren per Franco. I tampoc hagués estat possible sense la solidaritat de molts bascos, madrilenys, andalusos, que no s’han afegit al “a por ellos” perquè sabien que els que s’oposen a aquesta amnistia son els mateixos que la van defensar pels banquers amics i pels torturadors de la dictadura. 

Esta es la fuerza social y política que necesitamos para decir no a otros “a por ellos” ultras. El que los enemigos de la justicia social pretenden perpetrar contra la gente trabajadora, nativa y migrante, dividiéndola. Al que ya están perpetrando contra miles de mujeres y personas LGTBI, allí donde gobiernan PP y Vox. Al que con crueldad extrema está llevando al genocidio del pueblo palestino.

Hay mucha gente que lleva años plantando cara a estas injusticias, como el diputado palestino Mustafá Barghouti, que hoy nos acompaña y que nunca se ha rendido. Por ellas y ellos, no podemos recular.

Por todo esto, señorías, quiero acabar apelando a la mayoría de investidura de esta Cámara. Aquí hay unas fuerzas fanatizadas que nos querrían aislados y sometidos. No se lo permitamos. Mantengámonos diversos pero juntos en lo esencial, con lucidez antifascista, en pie y con dignidad. 

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