Jonathan Jiménez Abás es militante del MLPA desde el año 2008. Su primera responsabilidad orgánica fue la coordinación de FADEA en la Comarca de Bajo Aragón. En la actualidad, es responsable del área de animación del MLPA.
Así como “The Buggles” convenció a aquellos que eran jóvenes en los ochenta de que los videoclips mataron a la estrella de la radio -Video killed the radio star-, el Covid, por momentos, parecía que iba a acabar con el MLPA y con la capilarizada estructura que había desarrollado en los centros de enseñanza y universitarios aragoneses en sus dos décadas y media de existencia.
Comencemos por el principio, mi principio. En 2008 me incorporo a FADEA, animado por la entonces coordinadora de mi comarca, Irene Coscollar, cuya labor hizo que Alcañiz fuera una de las localidades más potentes del MLPA.
Durante diez años voy implicándome más en el movimiento y en sus distintas estructuras, básicamente en enseñanza media, formación, La Nave… En 2017 asumo la coordinación del área de animación de medias y universidad: casi 500 militantes que se reúnen semanalmente en una cincuentena de equipos en los distintos centros educativos de Aragón, para preparar cientos de actividades desde Jaca a Teruel, desde Torrellas a Tamarite. Demasiado para el cuerpo, demasiado para mí.
Pero cuando, casi, ya creía que lo imposible es posible, que tenía cierto control de los cumpliómetros, de los plannings, que las jornadas en Torrellas se desarrollaban con normalidad y alcanzaban los objetivos de asistencia… cuando parecía que no iba a pasar a la historia como el coordinador que disolvió el MLPA por su falta de pericia frente a los míticos y expertos animadores que me precedieron (Manu Moreno, Jesús Tajada,…) aparece el COVID19. Ríase usted de las diez plagas de Egipto.
El COVID 19: la suspensión de jornadas de estadía, el límite de aforo, la inexperiencia en actividades online, y el cansancio de los participantes cuya edad exige presencialidad, la urgencia y complejidad de adaptar los materiales a la nueva normativa sanitaria, los planes de contingencia en secundaria que no permite acceso a los centros de nuestro voluntariado, la suspensión de las actividades interlocalidad, y, por tanto, de la socialización entre militantes, necesaria en una entidad adulta, imprescindible en colectivos juveniles, las mascarillas, los geles, los protocolos, el metro y medio de distancia, las literas ocupadas en zigzag, la suspensión del turno universidad de Confluencias 2020, la suspensión del segundo turno de medias de 2021. El COVID19: nuestros compás de Valencia nos dicen que han perdido un 50% de la militancia; nosotras les decimos que por ahí nos ha ido; pero que por peores cosas hemos pasado y que también esto pasará.
Y recordaremos que el año en que nuestro objetivo era consolidar nuestra realidad, impulsando la territorialidad y la organicidad de nuestras estructuras asociativas, apenas si pudimos mantener nuestro músculo orgánico. Pero aprendimos a asumir las catástrofes como molestias, y nunca las molestias como catástrofes. Y nos reafirmamos en que no hay fuerza humana ni divina, porque no existe, capaz de impedir que el MLPA sea un espacio de construcción de ciudadanía democrática en el ocio y tiempo libre de los jóvenes. Un espacio impulsor de la organización social en defensa de una sociedad más justa e igualitaria. Un espacio que sigue existiendo en medio de esta pandemia que se ha llevado tantas cosas por delante. Porque el Covid no ha matado a la estrella de la Participación.



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