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Cambio climático y aire acondicionado. La lucha de clases en las olas de calor

23/07/2026

Un verano tras otro, el debate mediático y político recurre a los tópicos habituales: las olas de calor, los incendios y los récords de visitantes turísticos.

En el caso del incremento de las temperaturas en nuestro país, empiezan a escucharse algunos análisis sobre la relación entre las desigualdades sociales, la vulnerabilidad socioeconómica y el mayor impacto del estrés térmico sobre la población.

La investigación de Eric Klinenberg sobre la ola de calor que sufrió Chicago en 1995, y que dejó más de 700 personas fallecidas, es ya un clásico que ha abierto una línea de investigación y de acción política en torno a lo que este sociólogo denominó la distribución socialmente mediada de la mortalidad. Entendiendo que, más allá de los fenómenos meteorológicos o del cambio climático, las estructuras sociales, demográficas y comunitarias pueden modular la mortalidad y los impactos de las olas de calor extremo.

Desde Klinenberg, una serie de análisis realizados desde esta perspectiva han ido confirmando el componente social y económico de los impactos climáticos. En Chicago, considerando que la mortalidad incidió en mayor medida en los barrios de renta baja, en aquellos con un declive comercial y una baja densidad comunitaria la mortalidad fue diez veces superior a la media. Mientras que, en barrios con un nivel de renta similar, el hecho de contar con un tejido comercial de proximidad, vínculos sociales más densos y unas estructuras familiares y comunitarias más sólidas redujo significativamente los efectos sobre la mortalidad.

En este sentido, la máxima es que, en las comunidades vulnerables en términos económicos y urbanos, el tipo de configuración comunitaria salva vidas frente a los fenómenos climáticos y otras emergencias. Ante la falta de capital económico, el capital social constituye una fortaleza para las comunidades más empobrecidas y precarizadas.

Las olas de calor más recientes en Europa, como la de 2023, con más de 35.000 personas fallecidas, también han podido analizarse a partir de factores socioeconómicos y demográficos. Se ha observado una elevada incidencia en barrios de renta baja, con menor cohesión social y una infraestructura social y material más deficiente. En París, los distritos de menor renta registraron tasas de mortalidad tres veces superiores a la media. En general, más que la renta, son el tipo de vecindario y las redes sociales y comunitarias las que pueden reducir la incidencia de la mortalidad por calor extremo entre un 30 % y un 50 % (Browning et al., 2006).

De este modo, en términos sociales, la edad de las personas, el estado de salud, pero especialmente el estatus socioeconómico y el código postal incrementan las probabilidades de sufrir consecuencias graves en situaciones de emergencia climática. Un fenómeno que también se confirmó con la riada sufrida en octubre de 2024 en l’Horta Sud de Valencia.

En este sentido, además de la edad, la renta o el tipo de vivienda de la población, existe el efecto del urbanismo. Existen amplias evidencias científicas que señalan que las ciudades europeas presentan patrones muy claros de inequidad térmica vinculados a la segregación residencial, la densidad urbana y la vulnerabilidad social (Wabnitz et al., 2026).

Las áreas urbanas con pocas zonas verdes, muy compactas urbanísticamente, con viviendas densas y poco eficientes energéticamente, con abundancia de asfalto y espacios públicos deficitarios, y sin equipamientos públicos diversificados, constituyen el entorno urbano más propicio para sufrir un mayor impacto de los efectos adversos del cambio climático (Lin y Zeng, 2026).

Las desigualdades sociales son determinantes de una mayor vulnerabilidad, y la fortaleza social y comunitaria constituye un recurso de supervivencia para quienes disponen de menos riqueza material. Pero, por sí sola, no es suficiente en un contexto de emergencia climática. En ese punto, el acceso a la tecnología y a la energía, como en tantas otras dimensiones de la vida, también resulta determinante. Y la tecnología para sobrevivir mientras tanto es el aire acondicionado.

Recientemente, el Instituto IDRA ha publicado el informe ¿Quién puede protegerse del calor? Responder a la desigualdad frente al calor en la provincia de Barcelona. El informe aporta datos muy relevantes, como que en la provincia de Barcelona el 39 % de los hogares de menor renta dispone de aire acondicionado, frente al 71 % de los hogares de renta más alta. O que, en los municipios de mayor tamaño, existe una brecha del 30 % en el acceso a la climatización doméstica entre los barrios ricos y los pobres.

También señala que no solo el aire acondicionado está distribuido de forma desigual, sino que las bonificaciones y ayudas públicas para la eficiencia energética de los hogares también recaen de manera desproporcionada sobre los de mayor renta. Asimismo, las instalaciones de energía fotovoltaica en cubiertas también se distribuyen de forma desigual. Los barrios más ricos triplican la capacidad fotovoltaica de los más pobres. De este modo, la transición energética se convierte en un factor de desigualdad y en un mecanismo de captación de subvenciones por parte de las rentas más altas.

En este sentido, el aire acondicionado constituye la punta del iceberg del conflicto de clases en el contexto del cambio climático. Salva vidas, mejora el confort térmico y la salud de la población, pero es insuficiente y está distribuido de manera desigual. Requiere una transición energética que no llega y que también genera impactos diferenciados sobre el territorio y las clases sociales.

Las conclusiones del informe de IDRA son muy relevantes a partir de una lectura del contexto y del conflicto de clase en torno al cambio climático. Mientras se renaturalizan los espacios urbanos, se rehabilitan los edificios o se socializa la transición energética, resulta urgente proteger a la población frente a las olas de calor.

A corto plazo, es necesario hacer frente a la pobreza energética de los hogares más vulnerables y facilitar el acceso a tecnologías eficientes de climatización, como la aerotermia. Es preciso crear refugios climáticos distribuidos territorialmente y establecer protocolos de emergencia para atender a los colectivos vulnerables. Y, a medio y largo plazo, es imprescindible implementar la rehabilitación energética de los edificios, incrementar los espacios verdes urbanos, dotar de sombra a los equipamientos y espacios públicos e impulsar una transición energética justa, con acceso universal a tecnologías eficientes que reduzcan el consumo energético sin renunciar al bienestar colectivo.

La paradoja del derecho universal al aire acondicionado en los hogares, como mecanismo de protección frente al calor, constituye, por tanto, un indicador de las contradicciones socioeconómicas del sistema capitalista. Las clases populares tienen mayores dificultades objetivas para habitar viviendas y espacios públicos confortables y seguros. Mientras tanto, las rentas altas y las clases privilegiadas disponen de una mayor capacidad para adaptarse al cambio climático, siendo además, en su mayoría, las principales responsables del mismo.

Y esa paradoja representa un desafío para la estrategia ecosocialista de combatir el cambio climático con justicia social. Porque, como afirma Rubén Sánchez, uno de los autores del informe, a veces parece que se habla del cambio climático como si todavía no lo estuviéramos viviendo, o muriéndolo.

Browning, C. R., Feinberg, S. L., Wallace, D., & Cagney, K. A. (2006). Neighborhood Social Processes, Physical Conditions, and Disaster-Related Mortality: The Case of the 1995 Chicago Heat Wave. American Sociological Review, 71(4), 661–678. http://www.jstor.org/stable/30039014

IDRA. (2026). Qui pot protegir-se de la calor? Respondre a la desigualtat davant la calor a la província de Barcelona. https://idrabcn.com/wp-content/uploads/2026/07/QuiPotProtegirse_IDRA.pdf

Lin, Y. i Zeng, H. (2026) How to identify urban heat inequity? A systematic literature review of scales, indicators, pathways, and future directions. Sustainable Cities and Society (137).

Wabnitz, K.J.P., Leppmeier, L., Kuempfel, R. et al. (2026) Heat, health and inequalities in the WHO European region – a scoping review with an intersectional lens. Int J Equity Health 25, 60. https://doi.org/10.1186/s12939-026-02787-1

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