Isaac Deutscher podía ser descrito mediante cuatro características, según Perry Anderson: serenidad olímpica, espíritu iconoclasta, visión de futuro y una cierta astucia política. Lo cierto es que hay bastante de verdad en esa caracterización de alguien que siempre marchó a contracorriente. Miembro del Partido Comunista de Polonia durante las décadas de 1920 y 1930, donde defendió la política de frente popular; biógrafo de Stalin; trotskista, aunque contrario a la creación de la IV Internacional; una autoridad en la historia del marxismo y del socialismo; y una figura que desempeñó un papel relevante como referente de las protestas estudiantiles de los años sesenta en Berkeley, Columbia o Princeton.
Aunque sus libros estuvieron prohibidos en la Unión Soviética y él mismo fue apartado del sistema universitario británico por «popes» como Isaiah Berlin, sus obras podían leerse con frecuencia en las publicaciones de la Nueva Izquierda, como New Left Review o Les Temps Modernes. Hay quienes lo sitúan dentro del marxismo humanista.
Sea como fuere, este volumen concreto de la trilogía biográfica dedicada a Trotski, publicado en 1954, es una obra magnífica por muchos motivos, pero especialmente por uno: en el delicado equilibrio entre la narración histórica y el rigor explicativo, la prosa de Deutscher alcanza un punto de rara excelencia en este tipo de escritos, haciendo posible una lectura ágil sin renunciar a la exhaustividad propia de un trabajo historiográfico sólido. Tanto el proceso de formación del propio Trotski como el desarrollo de la Revolución rusa aparecen reconstruidos con extraordinaria profundidad. Al final de su vida, Deutscher dejaría inacabada una biografía de Lenin.



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