Andy Durgan
Con el colapso del gobierno de derechas y la convocatoria de elecciones para el 16 de febrero de 1936, la izquierda establecería un pacto electoral que, de entrada, fue la reconstitución de la coalición electoral de 1931 entre republicanos y socialistas. Con la inclusión del PCE, el acuerdo electoral se parecería al “frente popular contra el fascismo” propagado por la Internacional Comunista desde mediados de 1935. La nueva política representó un giro de 180º en la línea del movimiento comunista internacional, después del llamado “Tercer Periodo” (1928-1934) cuando, en una situación de una supuesta “ofensiva revolucionaria”, el principal enemigo eran los partidos socialistas, tildados de “social-fascistas”. Esta línea sectaria tuvo consecuencias catastróficas en Alemania, donde el movimiento obrero más poderoso del mundo se quedó dividido ante la amenaza nazi. Ahora, Stalin buscaba una alianza con las democracias occidentales contra Hitler. Así, la propuesta del PCE de crear un Frente Popular era la expresión nacional de las necesidades de la política exterior soviética.
El POUM (fundado el 29 de septiembre 1935 con la unificación del Bloc Obrer i Camperol y la Izquierda Comunista de España), denunció el giro hacia el frente popular por parte del movimiento comunista como la subordinación del movimiento obrero a la pequeña burguesía. Era una estrategia que ignoraba la naturaleza del fascismo como producto del propio sistema capitalista. No era posible derrotar las fuerzas contrarrevolucionarias defendiendo el propio sistema que las había generado.
Para derrotar el fascismo, y abrir el camino hacia el socialismo, el POUM creía que era necesario formar un frente único obrero con unos fines específicos, dentro del cual las distintas organizaciones mantendrían su independencia política. El modelo para el POUM era la Alianza Obrera, formada a finales de 1933 en Catalunya, y después en muchos otros lugares. En Asturias – el único lugar donde participó la CNT– las Alianzas estuvieron en el centro del gran movimiento revolucionario de octubre 1934.
No obstante, una política de unidad obrera no excluyó la necesidad de ganar a la pequeña burguesía al lado de la clase obrera. Joaquim Maurín, líder principal del BOC y, después el POUM, advertía que “sería una monstruosa equivocación” que la clase trabajadora rompiese completamente con la pequeña burguesía y que la considerase un adversario, sobre todo en el Estado español donde el campesinado tuvo un gran peso social. Así, la posición del POUM giraba en torno a dos ejes: que las organizaciones obreras conservasen su independencia y que se demostrase en la práctica a la pequeña burguesía que sus aspiraciones sólo podía satisfacerlas el proletariado. Según José Luis Arenillas, antiguo militante vasco de la ICE, el partido revolucionario debía atraerse a esa clase sobre la “base de un programa de reivindicaciones concretas” y demostrando que la solución a los problemas de la pequeña burguesía sólo podía lograrse si las masas obreras controlaban los medios de producción y de intercambio.[1]
El sistema electoral de la República favorecía las coaliciones, sin las cuales era muy difícil que los partidos más pequeños entraran en el parlamento Esta realidad hacia inevitable algún tipo de acuerdo electoral con los republicanos para que la derecha fuera “derrotada en las urnas”. Por eso, el POUM propuso la formación de un “Frente Obrero”, con el PSOE y el PCE, que negociaría un acuerdo puramente “coyuntural” con los partidos pequeños burgueses sin comprometer su independencia política. No obstante, los demás partidos obreros no mostraron ningún interés en tal proposición y optaron por formar una alianza directamente con los republicanos. Ante esta situación, el POUM decidió apoyar lo que sería el Frente Popular con una serie de condiciones: que fuese transitorio, que estuviese dirigido a “derrotar a la contrarrevolución en las elecciones” y que garantizase la proclamación de una amnistía para todos los presos políticos y que se restableciera el Estatuto de Autonomía de Catalunya.[2]
Finalmente, el POUM no tuvo más opción que firmar el 15 de enero, o no, el pacto alcanzado sobre la base de la política de los republicanos. El programa del Frente Popular tuvo como meta “rectificar” la contrarreforma del gobierno derechista del “Bienio Negro” (1933-1935), poniendo en marcha de nuevo la reforma agraria, restableciendo el Estatuto de Autonomía de Catalunya y concediendo una amnistía por los represaliados de octubre 1934. Rechazó explícitamente la posibilidad de la nacionalización de la banca y de la tierra, como habían propuesto los partidos obreros.
Juan Andrade justificaría su firma en nombre del POUM porque su partido había sido obligado a reconocer “la existencia material de una ley electoral”, por lo que habían tenido que llegar a acuerdos provisionales con el republicanismo de izquierda para evitar “la victoria de la burguesía”.[3] El POUM más tarde declaró que el pacto había sido “un mal necesario para cerrarle el paso al fascismo” y para lograr que se concediese una amnistía para los prisioneros políticos. Además, según la dirección del partido le interesaba “extraordinariamente obtener una representación parlamentaria” que le permitiera defender una “posición netamente de clase” en las Cortes.[4] De todas maneras, lejos de sus esperanzas, a raíz de las maniobras del sector más socialdemócrata del PSOE (liderado por Indalecio Prieto) y el PCE, el POUM se quedaría con un solo candidato en las listas electorales, el propio Maurín, que finalmente salió elegido.
A pesar de esta situación poco halagüeña para el POUM, el partido se volcó en la campaña electoral con entusiasmo, defendiendo su propia política revolucionaria. Según el POUM, las multitudes que acudían a los mítines del pacto electoral de izquierda “escuchan con verdadera indiferencia, cuando no con frialdad, los postulados democráticos pequeñoburgueses y en cambio, su entusiasmo rebasa toda descripción cuando los oradores hablan el lenguaje revolucionario de clase”. En Barcelona, en su primer acto público desde octubre de 1934, ante unas 12.000 personas, Jordi Arquer resumió la posición del partido al declarar que el POUM no contraponía “la democracia burguesa al fascismo, sino […] el comunismo, la dictadura del proletariado.”[5]
En Madrid una semana antes de las elecciones, Maurín se dirigió a una multitud “eufórica” de 5.000 personas, con la sala adornada con gigantes retratos de Lenin y Trotsky, declarando que “a un lado (estaba) el frente democrático-socialista, el frente obrero-republicano, el frente progresivo (y) por el otro el frente de los asesinos y los ladrones”. El POUM participó en las elecciones no solamente “pensando en los muertos de las jornadas de octubre, en los 30.000 camaradas presos, sino pensando además en el triunfo de nuestra revolución, que trace entre Madrid y Moscú una diagonal sobre Europa que contribuya al hundimiento del fascismo en todo el mundo”.[6]
La inmediata reacción del POUM ante los resultados electorales fue publicar un manifiesto en el que se afirmaba que los comicios representaban una gran victoria proletaria y campesina y una importante derrota de la contrarrevolución. La victoria del Frente Popular no era la de la democracia burguesa, ni tampoco significaba que los partidos pequeñoburgueses gozasen del apoyo de las masas, sino que constituía un resultado colateral de la lucha revolucionaria. Comenzaba una nueva etapa de la revolución española.[7]
Unos días más tarde, Andreu Nin[8] ampliaría esta visión en la revista teórica del POUM, La Nueva Era, de la cual era director (que reproducimos a continuación). Según Nin, constituía un “crimen y una traición” exigir, en las circunstancias reinantes, que la clase trabajadora renunciase a destruir el Estado burgués y a tomar el poder, sus máximas aspiraciones, “en nombre de la necesidad de consolidar la República”. Aceptar tal cosa significaba, en pocas palabras, brindar a la burguesía la posibilidad de consolidar “su dominación de clase bajo la forma republicana”. Como declararía el POUM en marzo de 1936: “dos caminos (se abrían) ante las masas: el de Alemania y Austria y el de Asturias”.[9]
Mientras tanto, el nuevo gobierno republicano (sin la participación de los socialistas y comunistas) cumplió poco de su programa. Maurín, como único diputado del POUM, retó al PSOE y PCE el 15 de abril:
“A mi entender lo que procede es que aquellos partidos obreros que creen en la eficacia del Frente popular (y yo no creo en su eficacia) formen con los republicanos de la izquierda un Gobierno de Frente popular. Este Gobierno de Frente popular se desgastará también; pero, en tanto se desgaste este Gobierno del Frente popular, no habrá habido tiempo para que la reacción pueda prepararse. Y entonces los obreros deben ir más allá del Gobierno del Frente popular: a la formación de un Gobierno obrero que solucione los problemas de la revolución española.”[10]
Tres meses más tarde, en vísperas de la Guerra Civil, en medio de una gran agitación sociopolítica (ocupación de las tierras, huelga de la construcción en Madrid, tiroteos callejeros entre los fascistas y jóvenes de izquierdas, rumores de un inminente golpe de estado…), Nin escribiría de nuevo en La Nueva Era un artículo titulado “La acción directa del proletariado y la revolución española”. Sus conclusiones no pudieron ser más claras:
“La lucha está planteada crudamente entre las dos clases fundamentales de la sociedad: la burguesía y el proletariado. O el proletariado conquista el poder y emprende el camino de la organización socialista o el mundo se hundirá en la barbarie. De aquí que la política del Frente Popular, al presentar el problema como una lucha entre la democracia burguesa y el fascismo, siembre funestas ilusiones entre las masas trabajadoras y las desvíe del cumplimiento de su misión histórica, preparando, por ello mismo, la victoria del fascismo. En la literatura oficial de la Internacional ex comunista y de sus secciones, los términos clásicos, “lucha de clases”, “proletariado”, son sistemáticamente sustituidos por los de “lucha antifascista” y “antifascistas”… No hay más lucha antifascista que la lucha revolucionaria de la clase obrera por la conquista del poder. La clase obrera puede aliarse con los sectores pequeñoburgueses de la población, y muy particularmente con los campesinos, pero no para mantener en ellos la ilusión de una lucha eficaz contra el fascismo por medio de la democracia burguesa, sino para convencerles de que la situación no tiene más salida que la revolución proletaria, que es el único antifascismo eficaz.”[11]
[1]J. Maurín, “Las relaciones del proletariado con los partidos pequeñoburgueses” La Batalla 19.7.35; J.L. Arenillas, “Las clases medias en relación con el proletariado” La Nueva Era julio 1936.
[2]“Ante las próximas elecciones”, La Batalla 27/12/35.
[3]Juan Andrade “El Partido Obrero de Unificación Marxista y el alcance y significación del bloque de izquierdas” La Batalla24/1/36. Andrade fue fundador del PCE y, en 1930, de la ICE.
[4]Acta del Comité Central del POUM 5/6/36.
[5]La Batalla 10/1/36.
[6]La Batalla 14/2/36.
[7]Comité Executiu del POUM, “Després del triomf electoral” 18/2/36.
[8]Nin, como Andrade, era antiguo líder de la ICE. Durante el primer año de la Guerra Civil, hasta su asesinato por agentes estalinistas en junio 1937, en la ausencia de Maurín, atrapado en la zona fascista, Nin sería el principal dirigente del POUM.
[9]Comité Ejecutivo del POUM y Comité Central de la JCI 10.3.36., “Ante la nueva situación política. A todos los trabajadores” La Batalla 13.3.36.
[10]J. Maurín, Intervenciones parlamentarias, Barcelona 1937.
[11] Andreu Nin, ”1936. Después de las elecciones del 16 de febrero”, La Nueva Era, n° 2. febrero 1936. Publicado en la web de la Fundación Andreu Nin.



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