Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Reyes Mate: irresponsabilidad y miopía

Después de que las protestas contra el genocidio en Gaza detuvieran la final de La Vuelta en Madrid, el filósofo consagrado de la memoria histórica publicó un artículo de opinión al respecto en el diario El País1. No es tan vergonzoso como un artículo de Fernando Savater, cuyo argumento era que de joven disfrutaba de La Vuelta y que ahora le habían estropeado ese placer, y que se trataba de una protesta contra “ciudadanos judíos”, dejando de lado que las protestas no iban dirigidas a los ciclistas del equipo israelí por ell hecho de ser ciudadanos (de donde fueran), sino por ser representantes oficiales de un equipo nacional de un país acusado por diversas asociaciones e instituciones internacionales de prestigio de genocidio. Además, como los apologetas propagandísticos de Israel recuerdan cuando les interesa, entre los ciudadanos israelíes también los hay drusos, beduinos, cristianos, samaritanos, palestinos… Pero aun así, el artículo de Reyes Mate también tiene sus intríngulis.

Retórica de opinador

Esperaríamos de alguien con prestigio en la disciplina de la filosofía un intento de ser riguroso o, como mínimo, ajustado en el uso del lenguaje, en lugar de entregarse a las tentaciones de la retórica imperante en el periodismo más sensacionalista, aquel que busca impacto inmediato en forma de likes o de propaganda. No es el caso en el primer párrafo, en el que habla de un muy genérico “desastre de Gaza” (¿epidemia? ¿lluvias torrenciales? ¿terremoto? ¿tsunami? ¿corrupción gubernamental? ¿resultados electorales considerados negativos?). En el momento en que escribe Reyes Mate, ya diversas asociaciones e instituciones oficiales habían denunciado un “genocidio”, palabra y realidad que evita afrontar con el nebuloso concepto de “desastre”.

Claro está: mejor no mencionar el motivo clave de las movilizaciones, la denuncia de un genocidio, porque entonces se vería obligado a argumentar al respecto. Pero al menos, si no quería entrar a discutir si es o no genocidio, podría haber descrito con más detalle o nombrado con mayor precisión qué es eso tan “desastroso” que está sucediendo en Gaza.

Sólo más adelante escribe que “Israel está protagonizando una guerra injusta, por lo desproporcionada”. Me pregunto si no habría que poner en primer plano a qué se refiere “desproporción” aquí…¿Pongamos por caso, el asesinato planificado de periodistas en las dependencias de un hospital? ¿O el infame episodio que las mismas IDF intentaron ocultar de la masacre de personal paramédico en ambulancias perfectamente identificadas?. Tal vez teiendo en cuenta únicamente estos dos episodios se entenderían mejor las protestas ante las cuales frunce el ceño nuestro filósofo de la memoria histórica.

Y sobre todo sería más difícil decir que habría que seguir el ejemplo de “los alemanes”, es decir, esforzarnos “más por comprender que por condenar a Israel”. Está claro que lo que llama “contención” en el caso de Alemania (gubernamental e institucional) no se limita a un esfuerzo intelectual de “comprensión”, sino que incluye sobre todo la exportación de armamento (354 millones aprobados desde que comenzó la brutal ofensiva de las IDF) a un país que el mismo Reyes Mate admite que está “protagonizando una guerra injusta, por lo desproporcionada”. Lamentablemente, no menciona en su artículo —más preocupado por la presencia de banderas palestinas que por otra cosa— que una de las demandas de los manifestantes era detener la exportación de armamento.

Irresponsabilidad y miopía

 Pasemos ahora a los argumentos que defiende. Dice, habiendo evocado anteriormente que en muchas ciudades españolas “hay restos de aljamas saqueadas, incendiadas, masacradas”, que “solo podemos criticar Gaza si asumimos la responsabilidad de ese pasado”. En esto de asumir la responsabilidad de nuestro pasado, de entrada, en términos generales, todos podríamos estar de acuerdo. Al respecto recomiendo leer la objeciones de Mario Aguiriano publicadas en El salto2. Otra cosa es en qué se concreta eso de “asumir responsabilidades por nuestro pasado”.

Seguramente Reyes Mate nos podría hablar al respecto “largo y tendido” —forma parte de su quehacer filosófico—, pero ciertamente sería un tema demasiado extenso para desarrollarlo en un artículo de opinión. Sin embargo, el artículo sí nos ofrece algunas pistas de lo que significa en este caso “asumir responsabilidades históricas” para Reyes Mate: “no podemos erigirnos en jueces ni ponernos al frente de la manifestación”. Dicho de otra manera, no podemos alzar una voz crítica ni realizar manifestaciones como la de la final de La Vuelta. En consecuencia, denuncia la “superioridad moral de nuestros políticos” y especialmente a los “ciudadanos indignados, que han olvidado lo que hicieron los abuelos”.

Recapitulando el argumento, vendría a ser aquello evangélico de “quien esté libre de pecado que ltire la primera piedra”. Los “españoles” no pueden juzgar, criticar ni manifestarse en contra de Israel porque “el problema palestino lo hemos creado en buena parte nosotros”, remitiéndose a la historia del antisemitismo en la que España como nación también tuvo un papel. No podemos “tirar una piedra” contra las acciones del Gobierno y el ejército de Israel porque tenemos nuestra propia (parte de) culpa. Aquí habría que preguntarle cómo y cuándo se supone que se acabaría esa culpa que, a sus ojos, nos incapacita para criticar el genocidio; cuándo, por lo tanto, podríamos empezar a criticar y denunciar.

Pero si recordamos correctamente la escena de los evangelios, Jesús dice lo de la primera piedra para evitar que se lapide a una mujer, que se maltrate a un ser humano. Reyes Mate nos pide, en cambio, que no juzguemos ni nos manifestemos contra Israel, a pesar de que son las IDF las que están maltratando y asesinando a seres humanos. Sería como si Jesús se hubiera opuesto a alguien que pretendía detener una lapidación injusta argumentando que quien la quiere detener no está lo suficientemente libre de culpa para hacerlo… En virtud de nuestra (española, europea o lo que sea) “responsabilidad histórica”, no puedo, según Reyes Mate, tampoco exigir “responsabilidad histórica” al actual gobierno de Israel.

La “responsabilidad histórica”, la “memoria histórica”, en lugar de ser el impulso para criticar los “desastres” (adoptemos irónicamente el término de Reyes Mate) contemporáneos, se convierte en un impedimento, en un obstáculo que deslegitima toda denuncia. Y es que hay un problema de fondo, filosófico: el de las maneras de entender (y manipular) la “memoria histórica” y la “responsabilidad histórica”.

La lente de aumento que justificadamente se ha enfocado en la Shoá, en los campos de exterminio y todo lo que los hizo posibles, ha dejado miopes a algunos respecto a lo que está sucediendo ante nuestros ojos. Con amargura constataba en una entrevista el investigador israelí Omer Bartov que los especialistas en conmemorar y documentar el Holocausto “se niegan a condenar lo que Israel está haciendo”3.

En el caso de Reyes Mate, la apelación a las “responsabilidades históricas” y la “memoria histórica” se convierte, aplicada a la contemporaneidad, en un ejercicio de irresponsabilidad: nos invita a no juzgar ni manifestarnos, por un lado, y sobre todo, a no exigir al Estado, al gobierno y al ejército de Israel ninguna “responsabilidad histórica”. Nos pide no asumir nuestra parte de responsabilidad, ni él piensa que sea necesario pedir responsabilidades históricas al Estado de Israel.

Su atenta mirada con lupa a la historia del Holocausto y el antisemitismo lo hace miope a la realidad actual, deforma el análisis. Con esta miopía e irresponsabilidad, de rebote, como públicamente defendía Enzo Traverso hace meses, la misma memoria de la Shoá se ve lamentablemente afectada de forma negativa4.

La compasión improductiva

 Hay que admitir que en su ejercicio de apelación a una cierta responsabilidad histórica, Reyes Mate no se limita a decir que no podemos ser jueces. Hay una propuesta alternativa: centrarnos “en la compasión con las víctimas de uno y otro lado”. Por un lado, la compasión —como la empatía— corre el riesgo en la práctica de convertirse en un mero sentimiento improductivo, sin otro resultado que un beneficio psicológico de autocomplacencia narcisista. En cualquier caso, en lugar de juzgar o manifestarnos, nos propone compadecer a las víctimas.

Ahora bien, en el caso de Reyes Mate, la compasión parece que sí que puede tener intenciones productivas. Dice a continuación:

“¿Por qué no pensar en un acuerdo internacional en el que se comprometan los países y sociedades a intervenir en conflictos armados si hay casos de agresión contra la sociedad civil?”

No podemos leer esta frase sin preguntarnos en qué mundo vive Reyes Mate. Por imperfectas que sean, ya existen instituciones, organismos y acuerdos para intervenir en conflictos armados con agresiones contra la sociedad civil. Repasemos algunos. La ONU (cuyo secretario general ha denunciado desde el primer momento la intervención armada israelí además del ataque del brazo armado de Hamás), el Consejo de Seguridad (en el seno del cual EE. UU., como valedor y defensor de Israel, a fecha de 19 de septiembre, ha vuelto a vetar una resolución que proponía la liberación incondicional de los rehenes y un alto el fuego permanente que habría evitado más víctimas en la sociedad civil), la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. ¿No es uno de los motivos de la intensidad de las manifestaciones que tanto incomodan a Reyes Mate la constatación de que la vía de los “acuerdos internacionales entre países y sociedades en caso de conflictos armados” no ha conseguido ni detener ni minimizar los daños cometidos?

¿Nos está proponiendo Reyes Mate algo alternativo, nuevo o diferente? ¿En qué medida sería distinto? ¿Por qué piensa que funcionaría mejor?

Aparte de proponer sacar adelante algo que en gran medida ya existe, aunque sea de manera imperfecta, ¿no tiene en cuenta Reyes Mate que el país más persistente en hacer caso omiso de acuerdos, instituciones y presiones internacionales es Israel? Basta con consultar la cantidad de resoluciones del Consejo de Seguridad que incumple. ¿Qué posibilidad tendría de prosperar un nuevo “acuerdo internacional” como el que promueve Reyes Mate ante la deriva actual del proyecto sionista? ¿Cómo se puede proponer, sin caer en la ingenuidad o la mala fe, un “acuerdo internacional” frente a un interlocutor caracterizado por el incumplimiento de resoluciones y acuerdos? En definitiva, ¿qué sentido tendría esa compasión y el “principio de intervención” derivado de “la autoridad de la víctima” , frente a un Estado disidente del ordenamiento internacional? ¿En qué mundo vive Reyes Mate? ¿No padece de cierta miopía?

En definitiva, la compasión reyesmatiana se revela finalmente totalmente improductiva, pura impotencia. Seguramente los que se manifestaron y protestaron a lo largo de La Vuelta aspiraban a convertir la compasión y la empatía en algo productivo, efectivo.

Hamás

Hay un momento en que Reyes Mate se aventura a adentrarse más en el contexto histórico y político: “Pero no perdamos de vista a la otra parte: la torpeza palestina desde 1948 y el terrorismo de Hamás”. Como ya he señalado, a lo largo del texto no encontramos ningún dato ni referencia a los hechos que más que presumiblemente constituyen crímenes de guerra por parte de las IDF; pero sí nos lanza una versión atenuada de la propaganda de la inteligencia israelí: Hamás es terrorismo y el 7 de octubre decidió iniciar una guerra. Por un lado, en otro síntoma de miopía, queda fuera de su campo de visión, por ejemplo, el hecho de que Hamás fue financiado a través de Catar por voluntad de Netanyahu, que así evitaba una posible unidad de fuerzas de resistencia palestinas. Por otro, de un pensador e investigador del CSIC se espera un análisis menos simple y superficial; retomando el título de un texto del historiador judío árabe israelí, profesor emérito de Oxford, Avi Shlaim, cabría desear un análisis más matizado de Hamás. En uno de sus textos, Avi Shlaim, que participó activamente en procesos de paz, pide al gobierno de Gran Bretaña que levante la proscripción de la rama política de Hamás. Es crucial distinguir la rama política de la militar, argumenta. “Presentar a Hamás en su totalidad como una organización terrorista también sirvió para apuntalar la posición intransigente de Israel, su negativa a negociar y su dependencia de la fuerza militar bruta”5. Reyes Mate prefiere blandir acríticamente la expresión propagandística “terrorismo de Hamás”, cuya función es bloquear cualquier análisis y reflexión.

En este punto alguien puede objetar que se trata de un artículo de opinión, no de un ensayo de investigación, y que Reyes Mate es filósofo, ni historiador ni politólogo. Sin embargo, pienso que este aspecto afecta profundamente a su opción filosófica en torno a la memoria histórica y las responsabilidades históricas. Recordemos que Reyes Mate pedía “más comprensión que condena de Israel”, basándose en la historia del antisemitismo, en la que España también tuvo un papel. Cuando se trata del 7 de octubre, en cambio, adopta el estribillo de la propaganda israelí, “Hamás provocó la guerra”, y no hace ni el más mínimo esfuerzo por comprender unos hechos (condenables desde el punto de vista de la ley internacional que sanciona los crímenes de guerra) en base a la historia de la población palestina. En su propuesta filosófica de responsabilidad histórica parece que solo haya una historia, una memoria que cuente (otro síntoma de miopía). La historia del antisemitismo, dice, nos invita a “comprender” a Israel, pero no se le ocurre evocar ninguna otra historia que ayude a comprender, aunque fuera sin justificar o defender, el 7 de octubre.

A partir del diagnóstico desde un estrecho monohistoricismo se explica otra de las frases del artículo: “Israel está protagonizando una guerra injusta, por lo desproporcionado.” No me parece que el marco de “la guerra justa” sea verdaderamente pertinente para pensar la geopolítica mundial contemporánea, desde el momento en que se ha convertido en un arma más de justificación ideológica. Pero está claro que Reyes Mate sí piensa que hay guerras justas, y que la de Israel lo sería si no fuera por la desproporción. Sólo puede pensar en la ofensiva de Israel como una iniciativa de entrada justa si adopta el punto de vista de una sola historia (la del antisemitismo y la creación del Estado de Israel).

Las banderas palestinas

Habiendo recordado anteriormente que Hamás se trata de un “fundamentalismo autoritario”, culmina su artículo señalando “muchos contenidos políticos que se esconden en las banderas palestinas que ondean los manifestantes”. De esta manera está haciéndole el juego en primer lugar a Hamás, pues les otorga la representatividad palestina, pero sobre todo está haciéndole el juego a Netanyahu y a todo el complejo de poder que lo acompaña, ya que justifican controlar, ocupar, reprimir, atacar, masacrar a toda una población sobre la base de la ecuación palestino = Hamás = terrorista. Por un lado, se puede ser fuertemente crítico con Hamás sin dejar de criticar a Israel y/o defender la causa palestina. Pongamos por caso la posición de Josep Rafanell i Orra y Pierre Tenne, cuando afirman que Hamás no es una fuerza “de resistencia y emancipación contra el neofascismo israelí”6. Por otro lado, que le molesten las banderas palestinas en las manifestaciones no es incompatible, desde una mirada abierta, con la crítica de la ofensiva israelí como proyecto genocida. El investigador de doble nacionalidad estadounidense e israelí Omer Bartov, que sirvió en las IDF, denuncia pública y argumentadamente que se trata de un genocidio, sin que ello haya comportado que se haya situado bajo una bandera palestina ni, suponemos, que haya renunciado al sionismo. O bien el analista internacional Shaiel Ben-Ephraim no ha renegado del sionismo a pesar de haber cambiado su opinión en relación con la perpetración por parte de Israel de genocidio en Gaza7.

Reyes Mate evoca un “sano movilizarse contra esa guerra y ponerse del lado de las víctimas de ambas partes”. Retoma una idea ya formulada anteriormente: “las víctimas de uno y otro lado como principio de movilización”. Dejando de lado que la expresión “sano movilizarse” a mí me resuena a distinciones propias de la retórica franquista, averigüemos en qué consistiría una “movilización sana”. Por lo que hemos analizado y comentado se deduce que sería una manifestación sin banderas palestinas, ya que, recordémoslo, en el fondo, según Reyes Mate (y el establishment israelí), esconden a Hamás. Eso no quiere decir que a los palestinos no se les tenga en cuenta en la propuesta de Reyes Mate, pues las víctimas palestinas también estarían, pero, atención, como víctimas y sólo como víctimas. Yendo a la contra de Reyes Mate, conviene enfatizar ahora que las banderas palestinas no representan solo una sola facción de la resistencia ni un solo segmento de la sociedad palestina. La bandera palestina también la enarbola un polémico (y a menudo más que discutible) anti-Hamás como el palestino gazatí estadounidense Ahmed Fouad Alkhatib8. Si las retiráramos de las manifestaciones nos encontraríamos con que solo tomaríamos en consideración a los palestinos en tanto que víctimas, no como población, pueblo, con una historia, unos derechos, y sobre todo con el derecho y la capacidad de ser agentes. Esta es la consecuencia de partir de “las víctimas de uno y otro lado como principio de movilización”: los palestinos son doblemente victimizados, pues, aparte de lo que ya sufren, se les niega también la capacidad y la posibilidad de ser agentes —agencia que, obviamente, debe estar sometida a la crítica y denuncia pertinentes cuando corresponda. La bandera palestina, de muy diversas maneras y con estrategias incluso contrapuestas, manifiesta la voluntad de no ser solo víctima. Para Reyes Mate los palestinos solo cuentan si son víctimas.

Nace la sospecha de que tal vez lo que inquieta a Reyes Mate de la bandera palestina no sea que se haya convertido en máscara de una facción islamista… La bandera palestina es un recordatorio más que trágico, doloroso, y sobre todo terrorífico, en un sentido especial, para el sionismo. El palestino es la memoria viviente de un olvido: del olvido sionista de que las tierras del Estado de Israel no estaban vacías. Del olvido -o intento de olvido- de lo que los palestinos llaman la Nakba. La sola presencia del palestino genera una especie de desasosiego, incomodidad, de “terror” en el ciudadano israelí (un terror obviamente de una naturaleza distinta del “terrorismo” de los lenguajes políticos y periodísticos habituales). El terror, el desasosiego, la molestia de algo que uno querría olvidar o pretendía haber olvidado: los palestinos existían (y siguen existiendo) y vivían (y tienen la voluntad de seguir viviendo) en esas tierras antes de las sucesivas aliot. También por este lado hace falta una memoria del olvido. También por este lado hay responsabilidades históricas.

 

 

 

 

1 Mate, Reyes; “Sin autoridad para condenar y con el deber de estar”, El país, 16 de septiembre de 2025

2 Aguiriano, Mario, “Manipulaciones sionistas y responsabilidad histórica”, El salto, 18 de septiembre de 2025 <https://www.elsaltodiario.com/opinion/manipulaciones-sionistas-responsabilidad-historica> [Fech de consulta: 18 de septiembre de 2025]

 3 “Ahora mismo existe una división entre investigadores de genocidio comparativo, y los investigadores del Holocausto en institutos dedicados a conmemorar y documentar el Holocausto, que se niegan a condenar lo que Israel está haciendo.”

<https://www.bbc.com/mundo/articles/c23m2ee9xz3o>

 

4 Una de les consecuencias perniciosas de posiciones como la de Reyes Mate afecta també la mateixa memòria (que es imperativo mantener) de la Shoa, tal como nos recuerda Enzo Traverso en su Gaza en la historia. Por su parte afirma Omer Bartov en la ya citada entrevista:

 

“La gran tragedia aquí es que después de la Segunda Guerra Mundial, en gran parte debido a los crímenes nazis, se estableció todo un sistema de leyes internacionales para evitar que tales cosas volvieran a ocurrir. Esta fue la supuesta lección del Holocausto. Ahora Israel está cometiendo crímenes masivos de genocidio en Gaza. Y alegar que el Holocausto es una especie de excusa para actuar de esa manera es en sí mismo terriblemente trágico.”

<https://www.bbc.com/mundo/articles/c23m2ee9xz3o>

5 “A more nuanced analysis of Hamas”,

<https://www.jewishvoiceforlabour.org.uk/article/a-more-nuanced-analysis-of-hamas/> [Fecha de consulta. 20 de septiembre]. Publicado originalmente en Middle East Eye.

 

6 “Gaza : accomplissement du libéral-fascisme & contre-coup identitaire en France”,

<https://lundi.am/Gaza-accomplissement-du-liberal-fascisme-contre-coup-identitaire-en-France> [Fecha de Consulta: 20 de septiembre de 2025]

7 Véase la entrevista-debate, con momentos muy tensos a propósito del sionismo y la fundación de Israel con Owen Jones: “Academic Israeli: I Was Wrong About Gaza Genocide” ,

<https://www.youtube.com/watch?v=osJCixlcdzc> [Fecha de consulta: 20 de septiembre de 20225]

8 Perfil a la red social antes denominada Twitter: @afalkhatib. Furibundo anti-Hamas, no ve inconveniente en dar soporte a las bandas mafiosas instrumentalizadas por las IDF.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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