Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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9. La muerte de Franco: Lo más lúcido se publica ya en 1975

17/11/2025

Juan Goytisolo escribe aquellos mismos días: «En la larga, irreal agonía de estas últimas semanas -mientras era torturado cruelmente por una especie de justicia médica compensatoria de la injusticia historicomoral que le permitía morir de vejez, en la cama- dicho sentimiento no me ha abandonado nunca: ningún afecto de piedad ha acompañado la lectura -objetivamente monstruosa- de las nuevas y más rigurosas dolencias que día tras día divulgaba el parte oficial de un equipo médico que parecía crecer en razón directa al número de sus enfermedades».[6]

Ángel Bernal escribe «le quedaban 26 días de tortura infinita. En dos semanas su cuerpo se consumió hasta pesar poco más de 35 kilos. No le quedaba carne. Le cosían la piel y los puntos se desgarraban. Comenzó otra gangrena en la pierna izquierda. Una de sus nietas, llorando, grito: ¡Dejadle ya! Él, a quien no se le conocía una queja en público, había dicho antes: Que duro es esto. O sea; dejarme ya. Pero no podían dejarle ir. Le punzaron el vientre y los riñones; le metieron sondas por la nariz, el esófago, la tráquea, el ano, la uretra, la femoral, el brazo izquierdo. Y los pregoneros seguían tan orgullosos: sigue consciente, tiene el pleno uso de sus facultades mentales. O sea: sufre hasta los más infernales abismos. La segunda oleada de úlceras fue provocada por un choc de stress, de sufrimiento. Algo atroz. (…) Y así fue como Franco vino a ser al final, durante un mes de espantosa agonía, la más dolorida víctima del franquismo, de su lógica implacable e inmisericorde.»[7]

  1. Garrido: «El humor se hizo horror. Curaban a Franco por odio; casi parecían decir: No te mueras, perro. Y no se moría: ¡Qué orgullo! Un segundito más de poder justificaba el atroz vapuleo del anciano. ¿Por qué no eres Dios, maldito? Ese era el fondo de la ira médica. Se moría, pero esto era impensable (…) Así se demostró que, en la lógica del franquismo, el poder no tenía derecho a ser humano, y todo quedo explicado durante este extraño paréntesis sin duración, en el que un anciano que murió el 25 de octubre fue obligado a resucitar en un infierno que, mira por dónde, existió por una vez ante los ojos sorprendidos de veinte millones de incrédulos.”[8]

¿Por qué algunas de las cosas más sensatas se publicaron en 1975?

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