Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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¿Y si no hubo Transición?

4/06/2026

Ignacio Sánchez-Cuenca y Robert M. Fishman Las huellas de la transición. Catarata. Madrid 2025

Reflexiones a vuelapluma y algunas reflexiones. Ignacio Sánchez-Cuenca es Doctor en Sociología y Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid. Articulista de El País y La Vanguardia y colaborador en muchos otros medios. Ignacio Sánchez-Cuenca es para mí uno de los intelectuales más importantes en España desde hace años. Hace más libros de los que uno puede leer y además hace artículos de aquellos que tratan al lector con mucho rigor y que, por tanto, puedes estar a favor o en contra, pero siempre invitan a pensar. Además, como buen librepensador tiene un carácter muy poco común, a veces trata temas con un atrevimiento notable. Antes de escribir estas notas voy a ver qué libros tengo en casa de él:

Ignacio Sánchez Cuenca La desfachatez intelectual Escritores e intelectuales ante la política 2016

Ignacio Sánchez Cuenca La confusión nacional. La democracia española ante la crisis catalana 2018

Ignacio Sánchez Cuenca La superioridad moral de la izquierda 2018

Ignacio Sánchez Cuenca La izquierda fin de un ciclo 2019

Ignacio Sánchez Cuenca El desorden político 2022

Os los recomiendo todos. Considero que es además el intelectual español quizás más amigo de la España plurinacional, progresista y republicana.

Entrando en el libro Las huellas de la Transición. Expongo una idea: habrá que plantearse la posibilidad que la Transición nunca existió como proyecto. En todo caso procesos de transición en minúsculas. Lo que existió es un cambio de mentalidad en la sociedad española y la irrupción de una nueva generación que ya no tenía miedo. Esta generación irrumpió en 1956 y el año 1967 ya no la para nadie, y el cambio se habría producido, eso sí, con más o menos muertos. El franquismo podía matar mucho, pero estaba acabado. Los sindicatos verticales estaban llenos de comunistas, no los controlaban, especialmente donde había clase obrera y potencia industrial y minera. En la OJE no había jóvenes, en la Sección Femenina, tampoco había mujeres. Acaso la pregunta que nos podemos hacer es ¿Podían volver a matar a “un millón de muertos” en 1976?

Cuando se habla de Transición con mayúscula se establece el frame del enemigo. En las memorias de Juan Carlos I Reconciliación,[1] efectivamente se habla de la Transición con mayúsculas, como mito fundacional de una monarquía borbónica “democrática”. Cuando se habla en estos términos el problema es que aceptamos que es el umbral ético en el que sitúa el país. ¿Realmente los franquistas tuvieron un gran impulso democratizador mientras mantenían en prisión a centenares de antifranquistas y mientras torturaban brutalmente en las comisarías, aun en abril de 1976, siendo Juan Carlos I ya rey? La Transición es entonces un proyecto que está entre los fascistas y los antifascistas. Una especie de engendro lamentable. Reivindicar esta manera de ver las cosas explica la poca calidad democrática en España hoy. Si torturar no es penado, ¿por qué va a serlo la corrupción que es mucho menos grave?

Discrepo de los autores, creo que el PP es desde sus inicios de extrema derecha. El PP es heredero de AP no de UCD. Si hacemos historia comparada, un partido alemán que no quisiera juzgar al nazismo y que nunca condenara el holocausto y que permitiera la Fundación Adolf Hitler, ¿cómo lo adjetivaríamos? No tenemos derecha española antifascista. PNV y CiU sí. Pujol estuvo en prisión durante el franquismo. ¿Qué dirigente español de derechas estuvo en prisión? No conozco ninguno. Con un poco de sentido del humor podríamos decir que el PSOE es la derecha civilizada en España.

Estoy de acuerdo en que Juan Carlos I “fue un rey dictatorial (y España una monarquía autocrática)”. Poca gente lo dice. Partir de esta idea, facilita entender el 23F.

No estoy de acuerdo en que “durante la primavera de 1976 la participación popular en huelgas y manifestaciones empezó a remitir”.  Los datos demuestran lo contrario.

(Estadísticas históricas de España. Siglos XIX y XX. Albert Carreras Xavier Tafunell. Fundación BBVA. 2005. P. 1.202)

Se explica que el CIS pregunta en 1985 sobre a quién debemos la democracia sólo un 13% señalaba a dirigentes institucionales, el 55% creía que eran las movilizaciones populares. Dejaron de preguntar.

Creo que en el libro se soslaya la posibilidad que exista un proyecto español alternativo de verdad al de la extrema derecha. Hay eso sí, apaños. Con esto quiero dejar claro que los gobiernos de PP y Vox en el futuro dan miedo. No se habla de federalismo que sería la alternativa, porque la Constitución de 1978 cuando lo cita es para prohibirlo. Y la sentencia del TC contra el Estatuto de Cataluña es en la práctica la imposibilidad de avanzar, aunque sea de forma modesta, al federalismo y a la España plurinacional. El problema de fondo es que no se puede ser federalista monárquico. Ni ahora ni nunca. El problema de considerar que hubo Transición y no transición, es que la izquierda no reclame la república y los valores republicanos.

Se afirma “si bien hubo medidas de reparación a lo largo del período para las víctimas del banco republicano”. Y después se desarrolla el tema, pero cómo es posible que no sean los jueces quienes investiguen y ordenen exhumar los 120.000 asesinatos. No veo medidas de “reparación”, ni se han devuelto las propiedades de las organizaciones, ni de los descendientes de los republicanos. Las dos leyes de memoria han sido rematadamente timoratas. Con los crímenes de lesa humanidad, que no prescriben nunca, la cúpula judicial se la ha pasado por el forro, protegiendo a los culpables.

La pregunta central que hay que hacerse es: ¿sin resistencia antifascista organizada, tendíamos democracia? ¿Los franquistas tenían interés en evolucionar? Para mí la respuesta es no y no. Los fascistas tuvieron que compartir el poder porque había una gran mayoría del pueblo que no los quería más. Sin este empuje tendríamos una dictadura. No querían elecciones, no querían una nueva constitución. De hecho, se convocó, sin anunciar que eran elecciones constituyentes. Y con partidos legalizados 60 días antes.

Está bien que los autores nos recuerden citar a la transición como un periodo muy violento entre 1975 y 1982 las fuerzas de seguridad del Estado mataron a 174 personas a las que hay que sumar los asesinatos de la extrema derecha amparado por el Estado de 57 víctimas. Un total de 231 asesinatos del Estado franquista y neofranquista.

Con las amnistías pasa lo mismo que con el término transición. Los militantes en la clandestinidad de aquellos días veíamos las amnistías como una forma de sacar los presos de prisión, independientemente de la letra pequeña. Pensábamos que en el futuro una democracia avanzada juzgaría los franquistas, haría justicia con los represaliados de la dictadura como en todos los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial.

A mi modo de ver, no hubo pacto del olvido, hubo miedo en la izquierda en los años ochenta y noventa. Y visto que no han sido capaces de tirar la cruz del Valle de los Caídos, dura hasta hoy. Ni han sacado a José Antonio, ni a los monjes.

Se cita que el PCE aprobó la política de reconciliación nacional en 1956 pero ni la derecha, ni la iglesia la han querido ni en 2026 (ha habido declaraciones puntuales pero una declaración de la CEE no, lo describe bien Hilari Raguer, monje del monasterio de Montserrat que ha estudiado el tema).

Pero vayamos a otro aspecto, las reivindicaciones desde Cataluña a lo largo del tiempo. No son cosas de nacionalistas catalanes de la democracia. Las reivindicaciones catalanas vienen de la noche de los tiempos. De la resistencia al Decreto de Nueva Planta de 1716, por ejemplo. Por cierto, citado por el TC como fuente de derecho para que Cataluña no pueda tener Concierto Económico. Poca gente sabe que en aquellos tiempos Cataluña tenía sus “Constitucions” y sus “Corts”. No puedo extenderme en eso. Los republicanos federales en el siglo XIX querían un estado catalán, un parlamento y una Constitución para Cataluña. Mientras tanto la derecha catalana era la turnista como en el resto de España. No será hasta 1901 que se crea una derecha no turnista y regionalista. Los carlistas tardan mucho en reivindicar las instituciones propias de Cataluña, eso sí sin sufragio universal. Hay que decir que cada vez que los intereses económicos de la burguesía catalana peligraban se pasaba al españolismo más rancio: 1902, 1907, 1909, 1917, 1919, 1936, etc.

La Generalitat, el Parlament y el Estatuto lo instaura la izquierda durante la Segunda República. Gran victoria de los centenares de centros republicanos en Catalunya en el Congreso de Sants.

En el antifranquismo los únicos partidos independentistas eran PSAN y el FNC, interesantes pero muy, muy pequeños. En la Assemblea de Catalunya casi todo el mundo era de izquierdas. Aun clandestina, yo participé una vez en sus reuniones como representante de la Assemblea Democràtica de Sabadell y francamente no había muchos nacionalistas.

Llega la democracia y PSC, PSUC y ERC consiguen 1.571.000 votos. La derecha neofranquista UCD, Democracia Cristiana y Convivencia Democrática 795.000 votos. Y los nacionalistas del Pacte Democràtic (después CDC) 514.000 votos.

La recuperación de las instituciones catalanas fue de la mano de la izquierda federalista, todos partidarios del derecho a la autodeterminación. Éstos, más Pacte Democràtic, consiguieron 2.100.000 de votos, por 795.000 los contrarios.

En el libro se habla de nacionalidades y plurinacionalidad, pero ni una sola vez de habla de nación catalana (vasca o gallega). No lo entiendo. Así se definía el Estatut aprobado el 2005 por el Parlamento catalán “Catalunya es una nació”. Fue aprobado por 120 votos a favor (88%) y solo los quince del PP en contra. La propuesta aprobada por el Congreso y el Senado español: “El Parlament de Catalunya, recollint el sentiment i la voluntat de la ciutadania de Catalunya, ha definit [Catalunya com a nació] d’una manera àmpliament majoritària.” Está claro que el TC se afanó a decir que “no tiene eficacia jurídica”. Hay un poder por encima del Congreso de los Diputados y del Senado. Jordi Solé Tura explicó en algunas reuniones, mientras estaban redactando la constitución, que no se pudo introducir el término nación referido a Cataluña por los vetos del ejército. Era muy gráfico. Yo estaba en una de estas reuniones, en la ejecutiva de la Joventut Comunista de Catalunya. Todos los partidos democráticos nos referíamos a Cataluña como nación en el antifranquismo, sólo los franquistas decían que Cataluña era una región. Como ahora el TC. Cada cual que saque sus conclusiones.

Duele porque muchísima gente nos hemos definido como catalanistas y no nacionalistas. Y ahora hay muchos independentistas no nacionalistas. Por cierto, muchos catalanes cuando leemos “separatismo” pensamos siempre en que los separadores son los nacionalistas españoles. Sin estos detalles no se entiende que la reivindicación del independentismo pase del 13% al 50%. Por otro lado, quien piense que se acabado el conflicto, que viene desde 1714, que se olvide. No conozco ningún independentista que haya dejado de serlo. Que haya dejado de votar, muchos. Y que ahora tiene claro que España no es como Gran Bretaña o Canadá, donde se pueden hacer referéndums.

Hay muy poca autoestima en la derecha española, ante la crisis catalana no tuvieron otra receta que policías fascistas, jueces de extrema derecha, prisión y exilio. La amnistía, (junio 2024) no aplicada después de dos años, porque no les da la gana a los jueces de extrema derecha del Tribunal Supremo, facilitará el diálogo entre los demócratas, pero no tiene el nivel de la respuesta de Adolfo Suarez ante la manifestación del 11 de septiembre de 1977 de “un millón de personas”. Menos de 20 días después el 29 de septiembre anula el decreto de Franco de 1938 donde liquidaba las instituciones catalanas y al cabo de, el 23 de octubre, menos de un mes después se produce el retorno del presidente republicano del exilio Josep Tarradellas y se reestablece la Generalitat republicana antes de la aprobación de la constitución. Eso si fue una buena respuesta a la gran manifestación de septiembre de 1977 de un millón de personas en el Paseo de Gracia de Barcelona.

Puede ser que mi mirada optimista derive de que opino desde Catalunya donde hubo la Assemblea de Catalunya desde 1971 y tenía la hegemonía absoluta. Y desde Sabadell donde el gran mito fundador del socialismo español era Francesc Pi i Margall que se presentó por este distrito y también donde liquidamos el gobierno municipal franquista en febrero 1976 con una gran Huelga General. Para la mayor parte de catalanes el mito fundacional de la democracia no es la Transición, son las manifestaciones del 1 y 8 de febrero de 1976, la de Sant Boi del 11 de septiembre de 1976, la citada del 11 de septiembre de 1977 y la vuelta del president Tarradellas.

Y por cierto la canción “Libertad sin ira” siempre la habíamos considerado una canción lamentable de los neofranquistas. Veamos:

Pero yo solo he visto gente

Que sufre y calla, dolor y miedo

Gente que solo desea

Su pan, su hembra y la fiesta en paz (muy feminista no era)

Esto sí refleja claramente la idea de la Transición, hay dos Españas con rencor. La canción no cita que había una España joven antifranquista y una vieja fascista.

Hay canciones de aquellos días memorables de: Paco Ibañez, José Antonio Labordeta, Raimon, Lluís Llach, Maria de Mar Bonet, All Tall, Oskorri. Se cita que Raimon cantó en el concierto homenaje a Miguel Ángel Blanco en 1997 pero no se dice nada de los insultos que recibió el cantante antifranquista.

En fin, me estoy alargando demasiado cuestionaría que haya “polarización” y bipartidismo pero Memoria del Futuro tienen un editor pesado que explica a todo el mundo que quiere artículos no muy largos, en fin.

[1] Efectivamente me lo he comprado y leído entero. Pero de él hablaré en otro artículo.

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