Estos días hay extraordinarias movilizaciones de maestros en Madrid, Catalunya, País Valencià y Aragón. (Utilizo maestro para denominar maestros profesores y todo el personal que hace funcionar desde las guarderías hasta la universidad)
Creo que estamos ante un fenómeno de una dimensión como nunca en los cuarenta años de democracia. Más allá del análisis de los casos concretos y de las reivindicaciones que en cada espacio geográfico tiene sus características propias, creo que existe un patrón, una regla general. Los maestros no están diciendo como el canario en la mina que empieza a ver que el monóxido de carbono o el metano acechan y que el peligro es la muerte. Estas reivindicaciones son el canto desesperado de unos trabajadores que ven cómo se degrada un servicio esencial para la sociedad y para la propia democracia.
Vamos a intentar desentrañar estas reivindicaciones. Lo que nos dicen, a mi parecer, es que el neoliberalismo y las limitaciones del Estado del Bienestar están explotando. La idea neoliberal de que con menos se puede hacer más es una locura.
Demasiados años en los que un policía cobra más que un maestro como declaración de principios de un mundo loco. Demasiados años en que la educación se ha abandonado. Hay barracones, ratios en las clases inaceptables y burocracia inútil que ahoga. Además, hay una falta de respeto de la sociedad, de los poderes públicos y de los padres hacia los maestros.
Hay que volver a pensar en cómo poner impuestos a los ricos y a las grandes empresas para dotar a las escuelas de los maestros necesarios. La sociedad achaca a las escuelas todos los males que sufre, pero es incapaz de dotarlas de los medios necesarios. Hay que abandonar de una vez por todas el neoliberalismo y exigir dinero y compromisos políticos en los presupuestos. Menos leyes y más recursos.
Este es un aviso muy serio, estamos a tiempo. Pero no es indefinido. Hay que apoyar estas luchas. ¿Que algunas son molestas para las familias? Claro, el derecho a huelga está pensado básicamente para molestar y con ello que las autoridades hagan alguna cosa cuando las palabras y los argumentos parecen que no sirven.



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