Vamos a suponer que somos los alcaldes de Benicàssim, y que la asociación Cultural Ja Vorem nos pide hacer el prólogo o la carta de bienvenida de su revista digital de comunicados asociativos.
Este breve texto introductorio debería comenzar con un Queridas vecinas de Benicàssim. Sería, sin duda, una de las fórmulas de cortesía con las que iniciaría cualquiera de las personas que nos leen, si le pidieran hacer las primeras páginas como alcalde o alcaldesa.
Representar la alcaldía de un municipio es, sin duda, representar también las inquietudes de todos y todas las ciudadanas que se organizan para mejorar el pueblo. La sociedad civil es clave para el funcionamiento democrático del municipio. Por eso diría que me alegra mucho tener entre mis manos una publicación como esta, que conmemora el trabajo por la comunidad y lo deja para el recuerdo. Porque, como se cuenta en la historia del barco de Teseo, la memoria es esencial y va más allá de lo material.
También debería decir, sin duda, que leer este texto me hace sentir humilde, conectada e importante, por formar parte de una trayectoria tan potente de continuidad cívica en Benicàssim. Porque muchos alcaldes antes que yo han creído en el proyecto, y lo han fortalecido desde la política pública. Le han dado apoyo institucional, infraestructural y económico, convencidos del valor de esta inversión de futuro.
Y yo también.
Sobre todo diría que este texto es muy valioso porque deja por escrito una parte importantísima de la historia del municipio. Porque la trayectoria vital de muchísimas jóvenes que ahora viven por todo el mundo y ejercen diferentes profesiones ha estado marcada por lo que aprendieron por primera vez en nuestra Casa de Juventud: qué es trabajar en grupo, cómo organizar actividades, cómo hacer reuniones y escuchar, cómo tomar decisiones entre personas con pensamientos diferentes. Todas ellas son cosas que les han facilitado ser mejores médicas, diseñadoras o maestras actualmente. Que nuestra Casa de Juventud ha sido, y es un orgullo —diría en el texto—, porque forma demócratas que después representan nuestra cultura local allá donde van, sean médicas, diseñadoras o maestras. Que la democracia se aprende, cuando eres joven, yendo a la Casa de Juventud todas las semanas, en tu tiempo libre, mientras estudias para llegar a ser médica, diseñadora o maestra.
El valor social de la juventud y el peso específico que tiene mejorar la integración social de las personas jóvenes hacen que la Casa de Juventud —la asociación, no el local— sea un bien que proteger. Un espacio de práctica democrática de especial interés, un BIC. Aprovecharía para decir que, igual que se ha declarado bien de interés cultural el día de las paellas, podríamos hacerlo con la tradición de la Casa de Juventud en el pueblo, al menos como bien inmaterial.
Sería interesante también que el alcalde (o alcaldesa) dijera que, como ha estado visitando Europa muchas veces —esto queda muy bien decirlo cuando eres alcalde—, la mirada a Europa es imprescindible, y ahora, en estos momentos, seríamos menos europeas si no tuviéramos en cuenta el papel que desempeñan en los municipios las Casas de Juventud, youth clubs, maisons de jeunes, o como las llamen en cada país de Europa.
El final de esta breve carta contendría, con toda seguridad, un aplauso a la multitud de jóvenes que participan en las “Casas”, y las animaría a seguir haciéndolo. E incluiría una pequeña mención a las activistas y voluntarias que lo hacen posible. Quizás mencionaría incluso uno o dos nombres concretos. Y aquí cerraría la carta.
A estas alturas ya habréis entendido que no tenemos texto de alcalde o alcaldesa real. Simplemente, no hay sintonía. Antes perdíamos tiempo haciendo registros de entrada para pedirle cosas, pero en 10 años hemos hecho decenas que no han recibido respuesta. Nos hemos acostumbrado ya al silencio.
Debería ser diferente. Una buena alcaldesa abriría esta publicación con alegría y amabilidad. Debe ser la representante principal del municipio, y de sus políticas, quien reconozca en estas líneas la impresionante labor llevada a cabo por el movimiento de Casas de Juventud, y sus líderes locales, en la educación democrática de la juventud del pueblo. Muchas y muchos se han formado el carácter político, los valores y la voluntad de participar en la vida cultural, social, política y económica —ojo, y económica también— a partir del proyecto de Casas de Juventud, en el que realizaron las primeras prácticas organizativas con otros jóvenes del pueblo. Y eso un/a alcalde/sa debe saber verlo.
Por eso esta publicación nace huérfana. No es que el trabajo realizado desde las Casas de Juventud tenga menos valor por el hecho de que nadie lo reconozca desde la administración local, ni desde la parte política. No es eso. La labor es IMPRESCINDIBLE, y si no existiera tendríamos que inventarla. Pero seamos realistas, reconozcamos que la sociedad civil, aunque hagamos cosas de interés público, nunca tendremos el mismo impacto público si la administración no nos reconoce. Y no solo eso, se hace muy difícil mantener cierta actividad si la administración lo ignora o incluso pone trabas a la actividad normal.
Han sido muchos alcaldes en Benicàssim los que no querían asociacionismo juvenil, pero lo toleraban. Muchos los que incluso trataban en plenos la conveniencia o no de determinadas formas de hacer asociacionismo, tal vez porque su formación democrática era insuficiente, o tal vez porque ideológicamente estarían mejor si enfrente no hubiera nadie que discutiera. Durante muchos años, las diferentes formas de Casa de Juventud han tenido enfrente una actitud de gobierno municipal cuestionable, sin duda. Pero solo hay una alcaldía que puede estar “orgullosa” de haber firmado la extinción de los proyectos educativos en el tiempo libre. La que ha guardado silencio. La que ha cambiado las reglamentaciones para impedir la participación de la gente joven. La que ha utilizado como arma ignorar, sabotear e impedir la presencia en el espacio público. Hay que darle la enhorabuena, porque, al más puro estilo queipollanista, literalmente ha recuperado la forma de hacer política que aniquila al oponente, aunque en este caso solo era un complemento. Sin piedad.
Desde la orfandad que se siente cuando no tienes alcaldesa que te quiera. Seguirá siendo necesario buscar el reconocimiento y apoyo de nuestras administraciones locales, pero no esperaremos a tenerlo, por si no llega nunca. Somos sociedad civil organizada, asociaciones que caminan a hombros de gigantes.



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