Antonio Ranera Gómez ex Vicecoordinador de las Federaciones de Casas de Juventud de Zaragoza y Aragón; fue animador de la Casa de Juventud Oliver e impulsor de la creación de un centenar de Casas de Juventud en la Comunidad. Fundador del MLPA, coordinó los primeros años del colectivo Movida-EDU. Ha sido Responsable del Departamento de Juventud de UGT Aragón. En la actualidad es Responsable y técnico del Departamento de Migraciones de UGT Aragón y Vicepresidente de la Asociación Naturalista de Aragón (Ansar).
“Puesto que el mundo está hueco, llenémoslo de coraje”. Gabi Martínez.
Abrazar, como solo la juventud y su ilusa arrogancia pueden hacerlo. Abrazar lo inalcanzable, desconociendo lo imposible que es atisbar su orilla. Remar, empujar sin descanso, persiguiendo metas construidas a través de reuniones, dibujadas en torno a los cumpliómetros, materializadas a partir de titánicos esfuerzos. Abrazar, sin saber que la meta también era el camino, que es el camino el que termina dibujando nuestras metas, que construir, cuidarnos, ya es camino, es el camino. Abrazarnos en la alegría del triunfo, en la desolación de la derrota, en el aliento íntimo y liberador porque, como nos susurró Miguel Hernández, “Solo quien ama vuela”. Abrazar, ignorando que la vida ya nos separaba mientras nos sentíamos encaramados a lo eterno, mientras acumulábamos experiencias y recuerdos, estos sí, cosidos ya para siempre a nuestros cuerpos. Galopando a la velocidad del rayo, abrazados a los sueños, así me recuerdo, nos recuerdo.
“Comprender que construimos y nos construimos, que somos todo aquello, que fue imperfecto, y a veces doloroso…”
Entender. Para ello es necesario analizar, contextualizar los hechos en el tiempo y en la sociedad que los aloja. Identificar aquellas fuerzas que favorecieron o entorpecieron nuestra marcha. Descubrir nuestras íntimas razones, nuestros porqués… Para entenderse, y para entender qué aportamos, individual y colectivamente, fue necesaria la distancia, el sosiego. Y así, despacio, ese proceso nos fue llenando de razones que sostuvimos con convicción, a veces con terquedad, aún con la actitud de los conversos. Empezamos a entender, a aceptar, las limitaciones que rodeaban nuestro entorno, las heridas que nos dejaron las rupturas, el alcance y la dimensión de los logros compartidos, el cofre de personas y recuerdos, tatuados como un mapa humano, que jalonaban nuestras vidas. Empezamos a entender lo que después nos cantó Jorge Drexler “Si quieres que algo se muera, déjalo quieto”. Y en este proceso se nos fue acallando el ruido, pues ya todo pasó, ya no hay remedio. En diálogo constante con la vida, así me recuerdo, nos recuerdo.
Comprender, y las razones mutaron hasta quedar condensadas en escasas e inestables certezas. Asomó, al fin, como una brisa, la sonrisa serena, la ternura, los silencios, y un ahora y un presente parcialmente compartido. Comprender que construimos y nos construimos, que somos todo aquello, que fue imperfecto, y a veces doloroso, pero fue tenaz, radicalmente vital y risueño, iluminó vidas y, en no pocos momentos, se expresó hermoso… Así me comprendo, así, tal vez, os comprendo.
“Un segundo en tus sueños, soy un peldaño subiendo tu escalera”. Cecilia.



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