Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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No basta con la dimisión de Starmer

22/06/2026

En un último intento por salvar su agonizante liderazgo, Keir Starmer ha dirigido un mensaje a los millones de personas que están hartas del aumento vertiginoso de los alquileres, el encarecimiento de las facturas y la guerra interminable: no es para tanto. «Como cualquier gobierno, hemos cometido errores», declaró, «pero hemos acertado en las grandes decisiones políticas». A raíz de los desastrosos resultados del Partido Laborista en las elecciones locales, ha aumentado la presión para que dimita el primer ministro, y los periodistas cabilderos se han puesto en fila para preguntarle a Starmer cómo piensa aferrarse al poder. Yo le habría hecho una pregunta distinta: ¿por qué no has utilizado este poder para mejorar la vida de la gente del común?

Si los medios de comunicación del establishment no cuestionan la afirmación de Starmer de que ha acertado en las grandes decisiones políticas, lo haremos nosotros. Recortar las ayudas para la calefacción en invierno. Darles un buen tajo a las prestaciones por discapacidad. Negarse a eliminar el cruel e inmoral límite de dos hijos para recibir prestaciones. Tras catorce años de gobierno conservador, cabría pensar que un gobierno laborista estaría rebosante de impaciencia por aplicar medidas políticas que beneficiaran a la clase trabajadora. Este gobierno laborista no veía la hora de empobrecerla.

Finalmente, tras veinte meses en el poder, y después de un discurso tras otro en los que el Gobierno nos repetía que, simplemente, no disponía de fondos para sacar a los niños de la pobreza, se vio obligado a eliminar el límite de dos hijos para el subsidio familiar. Al hacerlo, admitió que había mantenido a los niños en la pobreza sin motivo alguno. Al mismo tiempo, la dirección del Partido Laborista se jactaba de los aumentos récord en el gasto militar. Austeridad para los pobres. Beneficios para la guerra. Desde el momento en que resultó elegido este gobierno, decidió que no había dinero para alimentar, alojar o cuidar a la gente, pero que siempre hay dinero para bombardearla, matarla y herirla.

Otra de las «grandes decisiones políticas» de Starmer fue permitir que nos estafaran las empresas de agua en quiebra. Beneficios desorbitados. Aguas residuales en nuestros ríos y mares. Esta es la consecuencia de la dogmática negativa de nuestro gobierno a hacer lo que dicta el sentido común: nacionalizar el agua. Podría haber puesto fin al fracaso de la privatización. Por el contrario, decidió que la gente corriente debía pagar el precio de la negligencia y la codicia de las empresas.

Este Gobierno decidió no introducir impuestos al patrimonio, no aplicar controles de alquileres, no realizar la inversión pública en viviendas sociales que se necesita para hacer frente a la crisis de la vivienda, y decidió no redistribuir los recursos de quienes los controlan a quienes los necesitan. Decidió otorgar un alto cargo político a un hombre con una relación establecida con un delincuente sexual condenado, un hombre que, casualmente, se enorgullecía de su oposición a nuestro movimiento de masas por la justicia social y la paz.

En lugar de reescribir las amañadas reglas de la Gran Bretaña corporativa, el gobierno optó asimismo por culpar a otro grupo de personas de los problemas de nuestra sociedad: los migrantes y los refugiados. Atacó los derechos de los migrantes que tanto han contribuido a este país y demonizó a los seres humanos que buscan asilo. Imitó la política de Reform UK y le tendió una alfombra roja a Nigel Farage.

Acaso haya una decisión política que sea la que ha dejado la mancha más grande de todas. Cuando Israel se embarcó en el asesinato en masa de los palestinos de Gaza, este Gobierno podría haber defendido el Derecho internacional y haber hecho un llamamiento a la paz. Sin embargo, optó por darles facilidades a los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio. Y optó por lanzar un ataque sistemático contra las libertades civiles de quienes protestaban contra la complicidad del Gobierno (junto con su escandalosa decisión de socavar los juicios con jurado, piedra angular de nuestro sistema judicial). El legado perdurable de este Gobierno será su complicidad y participación en el mayor crimen de nuestra era. Y nunca, nunca jamás, vamos olvidar eso.

Estas decisiones son la causa fundamental del caos que Starmer está tratando hoy de mitigar, y a menos que se aborden estas causas fundamentales, seguiremos tambaleándonos de una crisis política a otra. No basta con que Starmer se vaya. Lo que hay que expulsar es la política que representa: la codicia corporativa, las políticas antimigrantes y la guerra sin fin.

Para gran parte de nuestros medios de comunicación, las últimas semanas y meses han sido una oportunidad de oro para deleitarse con el interminable psicodrama de Westminster y especular sobre el sucesor de Starmer. Para millones de ciudadanos de a pie, han sido un recordatorio deprimente de cómo, una vez más, un gobierno se ha negado a aplicar medidas políticas que puedan mejorar su vida. Apoyo los llamamientos a la dimisión del primer ministro por la misma razón por la que me niego a entusiasmarme con cualquiera de sus posibles substitutos: nuestra clase política no está dispuesta a llevar a cabo el cambio transformador que este país necesita. No he oído nada de sus principales contendientes sobre la necesidad de acabar con la avaricia corporativa, la necesidad de controlar los alquileres o la necesidad de una redistribución masiva de la riqueza y el poder. Desde luego, no he oído ningún llamamiento a investigar la complicidad británica en el genocidio, presumiblemente porque esa investigación también los implicaría a ellos.

En su discurso de ayer, Keir Starmer batió en media hora todo un récord en el número de clichés posibles. Sin embargo, logró ocultar bajo su retórica el verdadero problema: la pobreza infantil, la desigualdad y el genocidio. Esas son las grandes decisiones del Gobierno. Y así es como se recordará a este Gobierno.

Si queremos un cambio real, debemos movilizarnos por centenares, por millares  en favor del tipo de políticas que Starmer podría —y debería— haber aplicado desde el principio: control de los alquileres, límites a los precios de la energía, control de los precios de los alimentos básicos, propiedad pública, un Servicio Nacional de Asistencia, aumento de las prestaciones por hijos y por discapacidad, defensa de nuestras libertades civiles; y una redistribución de los recursos, alejándolos de las armas y la guerra, y dirigiéndolos hacia la educación, la vivienda y nuestro Servicio Nacional de Salud (NHS).

Nos encontramos en una encrucijada crucial en la política británica, pero tenemos la esperanza de nuestro lado. Durante las elecciones de la semana pasada, vimos a independientes respaldados por Your Party, a candidatos del Partido Verde y a otros luchando contra la austeridad, la privatización y el miedo. Demostraron lo que puede suceder cuando las campañas de base defienden a todas las comunidades, defienden la humanidad de los palestinos y se comprometen a hacer que la vida sea asequible para todos. Por nuestra cuenta, lo que podemos lograr es limitado. Juntos, podemos cambiar la política británica para siempre. Y podemos crear un nuevo tipo de sociedad basada en una idea radical: que todo el mundo merece vivir con dignidad.

Tribune, 12 de mayo de 2026

Por deferencia de la revista Sinpermiso.info

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