A la puerta de la escuela profesorado y familias se juntan para encarar un día más. Pítidos y aplausos para demostrar que las reivindicaciones son compartidas. Mientras volvía a casa, pensaba en lo difícil que es mantener la moral alta cuando los días pasan. La difícil tarea que tenemos para no caer en el cansancio y en el desaliento cuando los vientos no vienen a favor.
En esta situación de huelga indefinida en la educación de la Comunidad Valenciana cada actor tiene un papel y una responsabilidad.
Como familias tenemos que recolar horarios y hacer malabares para que las rutinas no se rompan.
Tenemos que conversar con nuestras hijas e hijos para explicarles la situación e intentar hacernos entender.
Tenemos que escucharlas para que sepan que en casa pueden decir el que se preocupa o no entienden.
También tenemos que hablar con otras madres y padres y acercar ideas, ser capaces de no enrocarnos y mirar más allá.
Tenemos que dejar espacio para la queja, pero intentar salir rápidamente de ahí y poder imaginar otras maneras de hacer y ser creativas
También podemos hablar de vez en cuando con el profe de referencia y decirle que estás con él y que su reivindicación es compartida.
Y respirar, unirte a otras y canalizar la energía.
La educación pública hay que defenderla y cuidar a todas las personas que la hacen posible día a día.



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