Ana Bueno Fernández, Pixu, es Educadora social, especialista en intervención socioeducativa y diseño de contenidos pedagógicos. Fue coordinadora de Magenta, entidad LGTBI del MLPA.
Hay un momento que guardo dentro de mí como un tesoro. Lo que se cristalizó en un momento en mi memoria fue el resultado de un proceso, de una energía colectiva, de una convicción y del amor.
Desde La Almunia, todas las semanas, venía un adolescente a las reuniones de Magenta. Estaba todavía en el instituto y una tarde, un grupo de compañeros de su centro le agredieron e insultaron en la calle. Una agresión homófoba, no una “cosa” de chavales, un delito de odio. A parte de poner la pertinente denuncia junto con su familia, nuestro compañero, con enorme valentía propuso “hacer algo” desde el colectivo. Las cabezas comenzaron a girar, decidimos organizarnos y hacer un acto en el mismo lugar donde se había producido la agresión. Así, tras varias semanas construyendo un armario de cartón, ensayando un pequeño teatro y diseñando una fiesta en un bar, nos fuimos a La Almunia.
Reconozco el miedo, la ilusión, la importancia de lo que íbamos a hacer y a la vez su insignificancia. Nos acompañaban otras compañeras de EDU y FADEA. Nos esperaba la familia y red que nuestro amigo tenía en el pueblo. Nos plantamos en la plaza y escenificamos un aula escolar donde todas y todos éramos libres para salir del armario.
La gente de la calle nos reconoció, reconoció lo que estábamos haciendo. Yo miraba al compañero que había sufrido la agresión. Saludaba a sus vecinas, sonreía, sonreía mucho y todo tenía sentido. Todas las reuniones, el cansancio, madrugar, trasnochar.
El activismo transforma. Te hace mirar con otros ojos y crear con otros cuerpos. Unos ojos que cuestionan y unos cuerpos que compartiendo, construyen. Durante esos años creamos espacios liberadores donde ser nosotras mismas. Ya no éramos la única lesbiana, la única bisexual, el único gay o la única persona trans de nuestro instituto, pueblo o grupo de amigas. Nos reconocíamos y bailábamos gritando a quién le importa. Nos besamos mucho en las noches de verano de Torrellas. Caminamos juntas y también separadas porque es lo que conlleva crecer y cambiar.
Mantenemos la semilla de la reivindicación dentro porque se nos sigue agrediendo, cuestionando, invisibilizando, porque compartimos muchas historias tristes, vergüenzas, amores, sueños y también tesoros. Tesoros como manifestarnos junto a miles de personas atreviéndose a ser libres. Tesoros como ver reconocidos nuestros derechos poco a poco. Tesoros como la sonrisa de Dani esa tarde en su pueblo.




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