Alberto Herranz Gracia, Herranzo es militante del MLPA desde 2016. Coordinador de EDU en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza y monitor voluntario en Confluencias.
Hace ya días que desde este movimiento contactaron conmigo para que escribiera unas líneas sobre el mismo con motivo de la elaboración de este libro. He dudado mucho sobre sí hacer o no este pequeño artículo, puesto que no estoy seguro de tener algo relevante que contar, pero finalmente (aunque con cierto respeto) he decidido realizarlo, porque al fin y al cabo la historia de este colectivo, por suerte no es tan sólo un asunto del pasado sino también del presente. Siendo ciertamente desconocedor de la completa trayectoria vital del MLPA, sí que he sido partícipe en los últimos años del devenir de este, por lo que encuentro en ello un motivo más que suficiente para hacer un pequeño análisis de la realidad, o al menos de aquella que yo he vivido.
Aún no siendo mi voluntad ser egoísta y contar mi experiencia, que considero no tiene nada de especial respecto a la que han tenido otras compañeras, creo que sí puede ser el vehículo que ayude a poder explicar mi visión sobre este movimiento y una excusa para hacer un pequeño análisis de los cambios que he vivido.
Siendo estudiante de enseñanzas medias, mi relación se limitó al de ser un usuario muy esporádico de las actividades que desarrollaban las distintas asociaciones que trabajan este espacio. Sí pude ver durante años, aunque desde fuera como era el funcionamiento y los valores que regían en este espacio juvenil. Esto fue gracias a amistades que habían participado en algunas Confluencias, pero sobre todo gracias a las personas que militaban en mi centro de estudios. Fue este el motivo y estas las personas que precipitaron, coincidiendo con mi entrada a la universidad, mi entrada como militante de este colectivo.
De esto han pasado cinco años, en los que dichas personas se convirtieron en íntimas, e hicieron que conociera a otras que hoy en día considero grandes amigos. Sin embargo, tanto estas personas como tantas otras con las que he compartido muchas horas en mi militancia, hace tiempo que dejaron de formar parte de este movimiento y ha sido por diversas razones: cansancio, desgaste, discrepancias en la organización, finalización de estudios…
Este periodo de mi vida ha sido en el que más cambios he experimentado como persona y esto, en gran medida se debe al movimiento al que he dedicado tanto tiempo y cariño. A lo largo de mi trayectoria como participante, he desarrollado diversos roles que me han otorgado valiosos conocimientos, he conocido a cientos de personas, me he enfadado, me he enamorado, he creado vínculos afectivos, los he roto, he visto varias “generaciones” pasar… Y es esto último lo que creo, más me ha enseñado sobre los movimientos juveniles. En tan sólo la última quinta parte de la trayectoria del movimiento, he presenciado innumerables cambios, tanto en el MLPA como las personas que lo componen: he visto la evolución de los espacios en los que se desarrolla, cambios en la organización interna, como se han movido los focos a otras luchas y reivindicaciones y como han cambiado los perfiles de las personas que lo componen.
Este espacio es un sitio único que marca a todo el que ha sido partícipe de él, tanto que es algo habitual que las personas con dilatada experiencia en el mismo lo tomen como suyo. Lo cual, a pesar de que todos y todas tenemos una gran importancia en el mismo y en el rumbo que éste toma, es algo erróneo que en ocasiones acaba derivando en enfados y decepciones.
A esto, habitualmente se le suma el descontento que produce que (como no puede ser de otra manera para su crecimiento) este movimiento forme parte de la maquinaria capitalista, que en ocasiones nos convierte en esclavos de subvenciones y proyectos a desarrollar para así poder continuar la labor combativa, formativa, lúdica y festiva que este movimiento ofrece. Porque, al fin y al cabo, el dinero es corrupción y el capitalismo acaba por destruir todo aquello que va en su contra.
Finalmente, y a modo de una última reflexión, al igual que es normal e inevitable que existan sacrificios y que estos provoquen tensiones, debemos tener muy presente cuál es el objetivo de todo esto y así evitar caer en una espiral de despersonalización y pérdida de valores y principios. Por ello, este libro además de un digno homenaje es más necesario que nunca.
“La revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella” – Ernesto Guevara



0 comentarios