Todo el mundo quiere viajar y no entiendo por qué. Dicen que para ver mundo. Yo viajo por mi mundo interior y me sobran kilómetros. Viajando lo que haces es crear postales, hacer fotos y lo que es peor hacer postales contigo incorporado que es en realidad un selfie. Una gran horterada. Se trata del viaje del yo. Yo en Nueva York, yo en las cataratas del Niágara, yo en París en Notre Dame, yo en el Coliseo de Roma (Anfiteatro Flavio) o yo en la selva amazónica.
En un viaje no conoces a nadie, porque no tienes tiempo o porque no conoces la lengua. Además, si no tienes ninguna necesidad de conocer las personas del rellano del bloque de pisos donde vives y te escaqueas de las reuniones de vecinos, porque narices vas a querer conocer una persona que vive a 15.000 kilómetros que no vas a ver nunca más en tu vida.
Es mucho mejor ver mundo por la tele en documentales de la BBC o National Geographic. Lo filman profesionales después de semanas enteras con la luz adecuada y a la mejor hora del día o de la noche. Nosotros vamos en la peor hora, con la peor luz. Arenas admítelo no sabes lo que es la profundidad de campo. Además, nadie tiene puñetera idea de donde están, ni qué están viendo. De hecho, hay una prueba empírica. Si un amigo te enseña fotos, al cabo de cuatro días, no sabe distinguir qué pueblo o ciudad es.
Los que más me cabrean son los que van sin ninguna planificación, sin guías y utilizando transportes públicos porque así no haces el turista, dicen, sino que viajas. Imaginaos un guiri intentando viajar por Cataluña en Renfe. Dedicará el 75% de su tiempo a transitar por las estaciones, esperando que pase un tren. Y me han dicho que hay países donde los trenes funcionan peor que en Cataluña. No sé si creerlo.
Nadie te explica las calamidades de los viajes. Los estreñimientos, ni las diarreas, ni las picadas de bichos de todo tipo. Tampoco las comidas tipo las paellas para turistas en Les Rambles de Barcelona. No entiendo tampoco la manía del turista en ver museos en lugares muy lejanos cuando no ha ido nunca, repito nunca, al museo de su ciudad natal.
Por último, viajar no es ecológico y crea la falsa sensación que desconectas, cuando en realidad, si tienes que desconectar es porque en tu vida hay demasiadas cosas a las que estás conectado que no te convienen. En muchos casos, la mayoría, son cosas de tu interior. El problema es que vayas donde vayas no puedes desconectar de ti mismo, por lo que no solucionas nada.
Sabadell es una ciudad sin ningún atractivo turístico, pero fue la cuna de la revolución industrial en España, y lo único que tiene relevante es la lucha impresionante del movimiento obrero de la ciudad, ejemplo para todo el país. Pero de esto solo lo sabemos algunos, pocos, historiadores.
Se cuenta en mi ciudad que una vez un sabadellense estaba muy lejos de su casa, en Australia, le explica a alguien dónde está Sabadell: Sabadell, Catalonia, Spain, Europe. ¡Y este le dice, “sí que está lejos Sabadell!» El sabadellense responde: «No. Aquí sí que estamos lejos, Sabadell está donde tiene que estar» En fin, aquí no hay ni un turista, y yo lo agradezco mucho. En las próximas elecciones municipales votaré al partido que diga que va a cerrar la oficina de turismo, que incomprensiblemente existe.




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