Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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Alejandra Soler, la “iaia” de la primavera valenciana

2/11/2026

Laura Bellver Gandia.
Historiadora y profesora de secundaria.
Coautora de Venim de lluny. Història del feminisme al País Valencià. Sembra llibres. València, 2022.

«Todo esto es tan claro y flagrante que es imposible que no despierte un espíritu de justicia y equidad. Y en él espero y creo, aunque yo ya no lo veré.» Con estas palabras termina Alejandra Soler Gilabert sus memorias, La vida es un río caudaloso con peligrosos rápidos. Al final de todo… sigo comunista (Universitat de València, 2009). Es un relato de una prosa encantadora en el que narra una vida tumultuosa y unas convicciones que defenderá hasta el final de su vida. El título ilustra tanto las turbulencias de su historia como la firmeza de sus ideas.

El 8 de julio de 1913 nace en València Alejandra Soler, hija única y de padres separados. Su padre, republicano y ateo, no quería que tuviera una educación religiosa y la matricula en la Institución para la Enseñanza de la Mujer, un colegio que se encontraba en el paseo de la Alameda, regido por las ideas educativas de la Institución Libre de Enseñanza. En el Bachillerato, en el Instituto Lluís

Vives, comienza su militancia: entra en la Federación Universitaria Escolar (FUE), un movimiento estudiantil que defendía el acceso universal a la educación y su modernización. Vive con entusiasmo la proclamación de la Segunda República, el 13 de abril de 1931, y es una de las primeras atletas que corre con pantalones cortos en Mestalla.

En 1932 comienza a estudiar Historia en la Universitat de València. Se licencia en 1936, adelantándose un curso, e inicia una tesis doctoral que la guerra civil interrumpe. El curso 1937-1938 es profesora en el Institut de Terrassa. En 1935 había ingresado en el Partido Comunista a raíz de la represión de la revolución de Asturias, y en 1936 hace mítines para el Frente Popular. Aquel año se casa civilmente, empujada por la guerra, con «el hombre de su vida», Arnaldo Azzati. Pero en 1939 comienza «su dramático exilio», que durará 33 años.

Después de un internamiento en Francia, aceptan ir a la URSS, que necesitaba una profesora y un periodista. Llegan el 4 de junio de 1939, y Alejandra enseña lengua, literatura, historia y geografía en la Casa de Niños Españoles n.º 12 de Moscú. Durante la Segunda Guerra Mundial vive la batalla de Stalingrado y salva a catorce alumnos evacuándolos en tren a los Urales. Allí pasan frío y racionamiento hasta 1944. Aprende ruso y, en 1945, entra en la Escuela Superior de Diplomacia, donde llegará a ser titular de la Cátedra de Lenguas Románicas. Aquel año vive en Moscú la celebración de la victoria de la Segunda Guerra Mundial.

Los años del estalinismo son para ella tiempos de inquietudes y dudas. Trabajando para el Ministerio de Asuntos Exteriores soviético, consigue que su padre la visite, y le promete que pedirá volver a España; las seis primeras solicitudes son denegadas. La Primavera de Praga es un momento crítico: se opone a la intervención armada y pierde muchas amistades entre los comunistas exiliados. En los años sesenta es condecorada en el Kremlin con una orden y dos medallas. También vuelve a casarse con Arnaldo, por temor a que el matrimonio civil se hubiera anulado.

En 1970 por fin les permiten volver y el 8 de febrero de 1971 llegan a Madrid, donde les reciben sus amistades, pero donde la policía les interroga durante días. En el Ministerio de Educación, al ver su expediente, deciden que «no había lugar en la enseñanza para una roja como ella». En 1977 se trasladan a València donde, en plena transición, convulsa y violenta, se vuelca en el Partido Comunista: divulga la Constitución de 1978 con charlas y mítines y se convierte en secretaria política de la Zona Centro.

La muerte de Arnaldo, el 17 de julio de 1986, la hunde durante unos años. Sin embargo, en los noventa retoma la actividad, «para ir consiguiendo pasito a pasito un avance en la consecución de la libertad y la justicia social». En 2012 es conocida como «la abuela de la Primavera Valenciana».

El 9 de octubre de 2016, con 103 años, es la primera mujer que recibe la Alta Distinción de la Generalitat, y afirma: «Tenemos que darlo todo, el mundo tiene que ser mejor». Ella, hasta su muerte, el 1 de marzo de 2017, no perdió nunca la esperanza de conseguir un mundo más libre, más equitativo y más justo y, sobre todo, un mundo donde todas las personas tuvieran acceso a la educación.

 

 

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