Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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Defendamos la convivencia de las organizaciones juveniles y adultas

9/08/2026

Manuel Moreno Rojas, es militante del MLPA desde 1996. Ha coordinado EDU en varios centros universitarios. Ha sido Coordinador del área de universidad; y del MJALP en el periodo 2009-2016. Desde 2018 es profesor de secundaria y en la actualidad es Coordinador de área de personas adultas colaboradoras del MLPA.

“Tenemos recursos para mantener la plantilla hasta Confluencias. Después, hay para una persona hasta fin de año para cerrar los proyectos, subvenciones y demás. Si no cambia la situación, habrá que cerrar” En algún punto que ya no recuerdo de 2012-2013 esta fue la conclusión lapidaria del análisis de nuestra situación económica. Dicho de otro modo, probablemente nunca el MLPA estuvo más cerca de su desaparición. O, más bien, de la desaparición de su actividad animativa. Tras el cierre quedaría el CF La Nave como única estructura física del movimiento. Una estructura a la espera de que llegaran nuevos/mejores tiempos para reiniciar el MLPA.

¿De verdad me va a tocar cerrar uno de los proyectos más comprometidos y transformadores de nuestro entorno? ¿Qué pasará con los jóvenes progresistas que están por llegar? ¿Deberán conformarse? Y, también, ¿qué haremos ahora los que nos quedamos en la calle? ¿Es el fin de una forma de entender la vida y la militancia para nosotros? Un fin que no elegimos voluntariamente. ¿Cómo hemos llegado a esto?

¿Cómo hemos llegado a esto? No es una pregunta que nos fuera a solucionar esta situación tan apurada, pero que merece la pena contestar. Quizás para contextualizar la situación, o, más bien, para reforzarnos en nuestra idea de que la responsabilidad no era nuestra. Al menos no en su mayor parte, desde luego.

No obstante, también es imprescindible tratar de contestar al ¿Cómo superamos aquello? Desgraciadamente, una parte importante de las entidades fueron cercenadas en aquellos tiempos con premeditación y alevosía, pero nosotros sobrevivimos. Por ello, ya que seguimos aquí, tratemos de extraer algunas (posibles) enseñanzas de supervivencia del genocidio asociativo de esa época que nos tocó vivir.

Crisis, recortes y traiciones

En 2008 estalló la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Esta crisis fue gestada por las políticas neoliberales de la derecha y la avaricia desmedida de los más ricos del mundo. La factura no la pagarían ellos, desde luego.

En un primer momento, los gobiernos aplicaron medidas de estímulo fiscal y de sostén del gasto público. Por un lado, para hacer menos duro el impacto y, por otro, no nos olvidemos, para sostener a ese sistema bancario que recibía dinero público a espuertas mientras pagaba sueldos, retiros e indemnizaciones millonarias a sus directivos. Los mismos que nos metieron en este lío. 60.000 millones de euros nos ha costado el Rescate Bancario en España, suficiente para que la Universidad de Zaragoza funcionara durante unos doscientos años.

Luego, pasado el susto y asegurado su futuro, esos mismos empezaron a pedir medidas de ajuste fiscal, contención de la deuda (esa que tenemos por rescatarles), impuestos, recortes… Una música que nos suena mucho para quienes tuvimos que escucharles. Y que convenció al PSOE de Zapatero en su segundo mandato. Ellos iniciaron los recortes y las medidas de ajuste dando una excusa perfecta a los que vinieron después. Fue el PSOE el que entreabrió la puerta con recortes en los sueldos públicos, pensiones, etc. El PP luego la abrió de par en par.

Y llegaron las elecciones generales y autonómicas de 2011 con una (supuesta) izquierda desnortada, y otra (supuestamente pura) izquierda más ocupada de rebañar en el desastre y decir “‘¡Lo veis! teníamos razón sobre estos sociatas desde el principio” que en evitar el drama wagneriano que se venía encima. Mientras tanto, miles y miles de personas acampaban y se manifestaban al grito “¡No nos representan!” y otros millones nos sentíamos “huérfanos de partido”. El resultado del hara-kiri ideológico, organizativo y social de la izquierda fue el poder omnímodo de la derecha en [casi] todas las instituciones españolas importantes. En Aragón, sólo el Ayuntamiento de Zaragoza se salvó, por los pelos, de caer bajo la bota conservadora.

No perdieron el tiempo. Con el poder asegurado, enseguida comenzaron los “viernes negros”: oleada tras oleada de recortes a golpe de Decreto-Ley: Reforma Laboral, de Pensiones, Recortes en Sanidad, Educación,… Los recursos para asociaciones y tejido social se evaporaron a ojos vista. Y, de lo poco que quedaba, la adjudicación rozaba unos niveles de nepotismo que hubieran hecho sonrojar a un demócrata sueco. Es decir, no había dinero salvo si eras “de la cuerda”: recortar en educación con más recursos para la concertada, por ejemplo.

En resumen, dicen que la imagen de la muerte con forma de esqueleto blandiendo una guadaña surgió en la edad media durante la epidemia de peste: la muerte “segadora” de almas. Desde 2011, para el tejido social español esa guadaña tenía forma de gaviota del Partido Popular.

Pasado un cierto “efecto rebufo” mientras se cerraban los proyectos en marcha, los efectos de esta “siega” se abalanzaron sobre el indefenso tejido asociativo con toda su crudeza. Centenares de proyectos de todo tipo, desde seguridad vial juvenil a desarrollo agrícola en países en desarrollo, murieron por inanición cuando el PP cortó los recursos. Usuarios de estos proyectos, desde jóvenes LGTB acosados hasta mujeres maltratadas, se quedaron, de pronto, sin el apoyo y sostén necesario ya que la entidad que los acogía había tenido que cerrar este servicio. Y, no nos olvidemos, si una entidad social da un servicio es porque las instituciones no lo hacen. Constantemente nos llegaban noticias: “la asociación X va a cerrar la sede y despedir a todo el mundo”. Los despidos comenzaron a ser algo corriente.

Así mismo, es necesario entender que la base del trabajo comunitario está en el quehacer diario con las personas y, para ello, el elemento clave es el factor humano. No es que otro tipo de recursos no sean muy importantes, es que la labor del técnico es la realmente imprescindible. Sí, es difícil dar apoyo educativo a niños con problemas si no tienes dónde, pero lo que es imposible es hacerlo sin docente. También es imposible llevar el control administrativo que exigen las instituciones sin alguien que lo haga. Y no vale cualquiera, se requiere de personas formadas, con dedicación, conocimientos y aptitudes específicas. Dicho de otra forma, se necesitan seres humanos que además de querer, sepan hacerlo y puedan hacerlo ya que se sostienen ellos mismos con el sueldo (siempre ajustado) de la organización.

Así pues, no se trataba sólo de la suspensión temporal del trabajo de las asociaciones, en realidad hablamos de la desaparición de una gran cantidad de capital humano casi irreemplazable. Era un exterminio actual y una hipoteca para el futuro. Cuando una entidad pudiera volver a impulsar sus proyectos, carecería de la experiencia y de las personas necesarias para ello y estaría obligada a empezar de cero.

En nuestro caso, no fuimos una excepción. No por ello dejó de ser más traumático, doloroso y desgarrador. Al principio, se acabaron los recursos para los contratos de una generación de cuadros que habían ido creciendo dentro del MLPA desde años anteriores. Perdimos así, el esfuerzo invertido en ellos y muchos posibles relevos. Posteriormente, les tocó el turno a otros compañeros/as con una larga trayectoria ya que alguno de nuestros socios decidió utilizar los recursos para sostenerse a nuestras expensas.

Sí, uno de los efectos de este tsunami fue la reducción de nuestra escasa lista de aliados. O bien no tenían los recursos para ayudarnos, o no querían, o, lo que resultó especialmente sangrante, utilizaban los programas conjuntos para quedarse con los recursos (salvándose ellos).

Así pues, sin aliados, con unos recursos menguantes y no viendo muchas esperanzas de cambio en, al menos, 2-3 años, nos quedamos “en cuadro”. Bueno, más bien “en triángulo”: tres profesionales y pico para el MJALP y 2 voluntarios adultos. Las expectativas no eran lo que se dice muy halagüeñas.

No obstante, solos, magullados y arrinconados contra la pared, nos negábamos a rendirnos. No podíamos rendirnos. En esos momentos era más necesario que nunca la existencia de organizaciones juveniles (y no juveniles) que articularan la contestación, el descontento. Debíamos resistir. Al menos, para dar la oportunidad a una generación de jóvenes de vivir la esperanza en tiempos mejores y de que ellos serían protagonistas de la consecución de esa esperanza.

Resistir es vencer

Sí, las consignas están muy bien, pero ¿cómo lo íbamos a hacer? No iba a ser poco tiempo, íbamos a estar en manos de la derecha, al menos 4 años. No era un “bache”, era una travesía muy larga en un desierto muy duro.

Paso cero: garantizar unos ingresos mínimos. Nuestros recursos eran muy limitados, pero no debían descender por debajo de un umbral de supervivencia ya que, en caso contrario, nos sería imposible crear la “masa crítica” para mantener la organización. No necesitábamos mucho, pero lo que necesitábamos era imprescindible. Así pues, fijamos el objetivo de recursos como una trinchera en nuestras mentes y nos pusimos a buscar fuentes de financiación como locos.

¿Dónde estaba el dinero? ¿en Europa? pues a realizar un proyecto europeo. No importaba que nuestro nivel de inglés no llegara ni a entender un menú, había que hacerlo… y lo hicimos. ¿Qué tal si alquilamos el CF La Nave a otros grupos a realizar encuentros? ¿Que tenemos que aceptar un socio con el que nos sale un sarpullido para sacar adelante un proyecto? Pues sí, es incómodo y nos obliga a tener buenas “tragaderas”, pero hemos salvado un par de meses más. Nosotros éramos (somos) rehenes de nuestro proyecto. Qué le vamos a hacer, así lo elegimos.

Y así íbamos, “lanzando la pelota” del cierre hacia adelante cada vez que conseguíamos dinero. No fue nada fácil. Salvamos, que yo recuerde, al menos, dos “match ball” como el de la frase que abre este artículo.

Vale, con el agua al cuello (casi en la nariz), pero seguíamos respirando.

Primer paso: renuncias, es decir, seleccionar políticas, actividades y proyectos que ya no podíamos llevar a cabo y redirigir la energía a lo más importante. También suponía que sólo podíamos contratar a los servicios externos absolutamente imprescindibles. Dicho de otro modo, debíamos hacerlo todo nosotros mismos.

Segundo paso: estirarnos, es decir, un aumento de la cantidad de horas trabajadas, que nunca habían sido pocas. Ahora hubo algún año que me contabilicé alrededor de 2500. Stajanov al poder.

Tercer paso: eficiencia, aprovechar al máximo el tiempo del que disponíamos. Elaboramos todo tipo de plantillas de documentos (muchas de ellas todavía en uso) para trabajar sólo una vez. Nos tocaba planificar a muchos meses vista para prever problemas, ajustar nuestros tiempos y permitirnos el necesario descanso. “Todo se puede alcanzar si tenemos un plan” decíamos entonces. Puesto que había muy pocos recursos, pensábamos y debatíamos para sacarles el máximo partido. A veces con escaso éxito, todo sea dicho.

Cuarto paso: todo el poder para los/as voluntarios/as. Aún con todo lo anterior, no podíamos estar en todas partes, había que centrarse en lo nuclear y delegar todo lo demás en los equipos de voluntarios. Dicho así, parece muy fácil, pero no es así.

Delegar no es decir a alguien “haz esto” es más bien “vamos a explicarte cómo hacer esto para que te encargues tú”. Desarrollamos multiplicidad de “guiones”, “documentos de información”, etc. para garantizar que las tareas se acometían lo más correctamente posible. Por ejemplo, escribimos el cuaderno de protocolos de unas jornadas. Un documento al que recurrir para explicar que significa ser “La jefa de día” y al que la voluntaria pudiera consultar. Delegar también supone explicar que se espera de alguien cuando se le ofrece que asuma una responsabilidad. Por ejemplo, qué supone ser educador/a en Confluencias. No se puede exigir lo que no se da o explica.

Así pues, dedicamos una parte importante de nuestros magros recursos temporales a formar al voluntariado. Esto supone muchos esfuerzos en el corto plazo con resultados en el medio y largo plazo. No obstante, con el paso del tiempo, los voluntarios/as fueron asumiendo cada vez más compromisos que se fueron distribuyendo por todo el tejido de la organización. Antes, determinados órganos o responsabilidades las cubrían la estructura profesional. Ahora casi todos los espacios eran, mayoritariamente, del voluntariado. Un voluntariado con capacidades y comprometido. Es posible que no hicieran sus tareas tan bien como un profesional, pero las hacían dignamente, a veces más que dignamente. Por todo ello, a este proceso prefiero llamarlo “forjar voluntarios”

Afortunadamente, voluntarios no faltaron. Los procesos de incorporación de nuevos miembros han demostrado que funcionan muy bien. Además, la necesidad de que el voluntariado asumiera más responsabilidades tuvo como efecto secundario que había muchos más huecos en el organigrama que llenar por lo que era más fácil que hubiera un espacio para cada uno al nivel de compromiso deseado. También, por qué no decirlo, las políticas de la Derecha provocaron una oleada de indignación social que necesitaba ser canalizada lo que atrajo a más personas a las organizaciones juveniles no sólo la nuestra.

En mi opinión, esta es la razón fundamental por la que la Derecha quiere destruir una organización como el MLPA. ¡Qué más dan los artículos de la Constitución que dicen que es responsabilidad de los poderes públicos fomentar y apoyar la organización de los jóvenes! No quiere estructuras que puedan articular a la Sociedad y que ésta pueda contestar sus políticas. Por lo tanto, detesta los espacios como el nuestro en los que se forjan ciudadanos críticos y comprometidos. Lugares para formarse y comprometerse que sobran en su visión monolítica del mundo.

Y pasamos los años de huelga en huelga (general, educativa, sanitaria…), de actividad en actividad, de Confluencias en Confluencias. Todas ellas dirigidas por generación tras generación de cuadros y militantes forjados en el MLPA y a las que han asistido miles y miles de jóvenes aragoneses. Jóvenes que soñaban y peleaban por un mundo mejor sostenidos por una organización que sobrevivía gracias al trabajo gris, pocas veces reconocido, detrás de tanta frenética actividad.

Cuando terminó esta época, con la pérdida del poder total del PP y el advenimiento de la izquierda en varias instituciones (más o menos por el 2015), el MLPA era bastante distinto del de 5 años atrás. Redujimos la necesidad de recursos a lo que se podía obtener multiplicando su efectividad. Nos hicimos totalmente independientes ya que la experiencia nos demostró que no podíamos depender de aliados. Tuvimos la necesidad de replantearnos y cambiar muchos aspectos de nuestro trabajo y así lo hicimos de forma más o menos acertada.

Teníamos poco y con lo poco que teníamos hicimos mucho. No fue para nada fácil, pero hicimos lo más importante: seguir aquí.

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