Ayer publicamos un artículo de Domènec Martínez sobre la detención de la dirección de la UJCE en abril de 1976. Aquí van unas notas para los jóvenes que no vivieron aquellos días.
En España la izquierda propuso la reconciliación; la derecha aún hoy no la propone. Además, la izquierda también se equivocó al aceptar el olvido. Nunca se puede aceptar el olvido de quienes lucharon por las libertades y los derechos humanos. Al final harán creer a las nuevas generaciones que la democracia es cosa de cuatro políticos de derechas y, sobre todo, gracias al rey. Hoy quiero aportar una pequeña historia: es la historia de un amigo, Domènec Martínez. Fue mi jefe cuando militaba en la Joventut Comunista de Catalunya; él era su secretario general y desde entonces somos amigos.
Como os decía, Domènec Martínez era en el año 1976 el secretario general de la JCC. Como tal, era miembro de la dirección de la Unión de Juventudes Comunistas de España. El día 17 de abril de 1976, al salir de una cena en Madrid, la tenebrosa Brigada Político-Social —la policía política del franquismo, la Gestapo— detuvo a toda la dirección de la UJCE —Elia Martínez Caba, José María Duplá, Ángel Ezama, José Luis Aparicio, Domènec Martínez, Víctor Viñuales, Concepción Fondo y Rafael Carmona—.
Se les aplicó la legislación antiterrorista y, por tanto, estuvieron detenidos e incomunicados durante tres días en la Dirección General de Seguridad (revista Realidades, 6-5-1976). Una vez transcurridas esas 72 horas, el juez Gómez Chaparro del “Juzgado de Orden Público (TOP) número 1” autorizó la prórroga de la detención cinco días más. Durante el transcurso de estos ocho días, los detenidos fueron brutalmente torturados.
El editorial de la revista clandestina de la JCC Jove Guàrdia (10-5-1976) explicaba que, además de golpes por todo el cuerpo y malos tratos de todo tipo, se les aplicaron otros métodos de tortura, como el quirófano o colgarlos por los pies. Al final siempre hay testimonios: transcribimos, aunque se trata de un documento más largo, un pequeño extracto de la entrevista que el cineasta Juan Antonio Bardem pudo hacer a los detenidos en Madrid:
El interrogatorio ¿Cómo es? ¿Dónde se hace? ¿Cómo se hace? ¿Quién lo hace?
–Te llevan a un despacho. Te quitan las esposas –que son propiedad del guardia, que se las lleva– y entonces los inspectores te ponen las suyas propias; depende del criterio del funcionario. Posteriormente cuando empieza el “baile” te llevan a un cuartito pequeño para que los gritos y los golpes no molesten a los que están en las oficinas.
(…)
–Pegan. Entonces ya lo que les importa es sacar una respuesta, la que buscan o les conviene y pegan. Pegan uno solo, o dos, o todos.
Vamos a precisar. ¿Qué clase de golpes?
–Bofetadas, puñetazos, patadas, rodillazos, tirones de pelo, golpes con porra, golpes de karate, retorcimientos de brazos, pisotones…
¿Son golpes dolorosos o simples amagos?
–Buscan los puntos dolorosos del cuerpo y susceptibles de no dejar huella visible. Testículos, estómago, riñones, bazo…
–Y en la cara. Es corriente que te peguen con ambas manos y con fuerza en los dos oídos al mismo tiempo. Eso te aturde y te desequilibra.
–Hay una escalada prevista tanto en la dureza de los golpes como en su forma de administrarlos: bofetadas, puñetazos, patadas.
¿Y después?
–Después ya son métodos típicos de tortura. Tienen un catálogo amplio de procedimientos que ellos mismos llaman “juegos”.
–Por ejemplo: el camello, el pato, la ruleta rusa, el quirófano, la gimnasia…
–El camello es un “juego” para agotarte físicamente. Consiste en colocar los brazos y manos esposadas debajo de las corvas, ponerte un peso encima –varias mantas cuarteleras, libros gruesos, guías telefónicas…– y hacerte caminar en esta postura curvada durante varias horas.
–Para que no te desmayes, a veces te levantan con el pretexto de insistir sobre la pregunta.
¿Y si te desmayas?
–Te reaniman a golpes.
–Mientras el “camello” camina, los presentes se entretienen en pegarte patadas, bofetadas dobles… Uno no ve nada, sólo las baldosas del suelo y tu propio sudor que cae. Y al mismo tiempo te insultan.
¿Qué insultos?
- Rojo, cabrón, hijo de puta, maricón; vamos a traer aquí a tu mujer, a tus padres y ya verás lo que es bueno. Te vamos a lisiar, desgraciado. Te vamos a despellejar.
– A mi mujer la detuvieron conmigo. Está embarazada de tres meses. Me decían: “¿De quién es el hijo, cabrón, tuyo o de Marx? La hemos inyectado y vas a tener un hijo tonto.
–El “pato” es un “camello” perfeccionado. La posición es similar, pero al esposarte más abajo, sólo puedes andar, desde luego en cuclillas, pero de puntillas. Después de una hora estás completamente deshecho.
–La “ruleta rusa” viene casi siempre después de los otros dos juegos, cuando ya estás agotado. Consiste en situarte dentro de un círculo de 5 ó 6 funcionarios y cada uno te hace la misma pregunta y te pasa al otro. Si la respuesta es negativa a fuerza de golpes surtidos y de gran variedad. Y todo esto esposado, con las manos atrás y de que son muy cuidadosos para que no te hieras o golpees con filos de mesas o armarios. Nada de señales: esa es la idea.
–El “quirófano” es, dentro de los que conocemos, el número bomba, la apoteosis. Preparan un escritorio como mesa de operaciones. Te tumban a lo ancho de él. Te cuelgan así las piernas desde las corvas y el tórax i la cabeza. Boca arriba. Así el estómago está tenso y los testículos bien a la vista. Las manos esposadas a la espalda.
–Entonces 5 o 6 policías te golpean continuamente: puñetazos en el estómago y los testículos. Hay diversos estilos que se suceden rítmicamente y todos con la máxima contundencia. Así uno te aporrea como si batiese un tambor con los puños. Otro te sacude “ganchos” potentes, otro es especialista “testicular”, es decir tiene gran perfección en los puñetazos en los testículos. La reacción tuya al golpe es arquear el cuerpo, parece como si la columna vertebral fuese a romperse. Alguno después de este tratamiento ha tenido graves lesiones de columna. Un compañero se pasó dos años enyesado y en cama a resultas de este “juego”.
–A mí me hicieron beber agua antes de la sesión y durante el “juego” se ufanaban de que me la hacían verter por las narices.
–A otros, han aprovechado esa postura forzada de la cabeza colgando hacia atrás inclinada hacia el suelo, para echarles agua en la boca con un botijo. Simplemente no puedes respirar.
–Hay también una hermosa “variante” en el “juego” que se puede llamar “hígado-bazo”. Dos funcionarios sincronizan sus golpes eligiendo uno de los órganos cada uno para sus puñetazos simultáneos.
-¿Qué es la gimnasia? … Bueno, es un conjunto de los “juegos” menores (pato, camello, etc.) con algunos perfeccionamientos en el itinerario, levantarse y agacharse, por ejemplo.
Me habéis hablado de golpes en los pies. ¿Cómo lo hacen?
–Te obligan a descalzarte antes de hacer el pato. Al cabo de un rato de “ejercicio” me obligaron a ponerme de rodillas y apoyar la cabeza en ellas. Las plantas de los pies quedan bien al aire. Entonces con una porra te pegan en los talones, planta y dedos, cinco o seis veces cada serie de golpes en cada pie. Luego cuando el especialista ve que los pies están en un punto correcto de tumefacción para y vuelves otra vez a hacer el “pato”. Al cabo de un tiempo, cuando se ha enfriado, el especialista empieza otra vez.
–A mí me lo hicieron, tumbado en el suelo, boca abajo, todo a lo largo. Naturalmente también te pegan, aprovechando el viaje, por todo el cuerpo.
–A mí me tuvieron un par de horas en cuclillas, esposado las manos atrás, subiéndome y bajándome rítmicamente, mediante tirones de pelo. Cuando me bajaban un rodillazo en el pecho y siempre, golpes con la porra en las nalgas y espalda.
Y, en general, la sesión ¿cuánto dura?
–¿De interrogatorio o de juego?
–De interrogatorio un promedio de 10 a 12 horas diarias, con dos o tres sesiones al día. Empezando a cualquier hora del día o de la noche. Por ejemplo, a las dos o tres de la madrugada. Los juegos sobre un par de horas en cada ocasión.
(…)
¿Y la tortura psíquica? ¿Qué formas tiene?
–A parte del ambiente y las condiciones en que estás sumergido, el aislamiento, las amenazas, las torturas físicas, los insultos, todo ese conjunto de cosas que están calculadas para degradar y erosionar tu resistencia física, hay múltiples procedimientos.
–Me llevaron a un despacho donde tenían a mi mujer y delante de ella me interrogaron. Cuando no respondía empezaron a pegarme ante su vista. Y volvieron a hacerlo una y otra vez. Al mismo tiempo me amenazaron con pegarle a ella, a su vez, si no respondía.
–A veces te hacen creer que alguien de los tuyos está siendo “tratado” en un despacho. Abren fugazmente una puerta, ves algo o a alguien; oyes quejidos, gritos, llantos y, realmente, te crees que sí están allí. A veces es cierto y entonces es aún más horrible. Es la angustia de la impotencia.
¿Qué podéis decirme del trato de la policía con las mujeres?
–Por lo que sabemos es prácticamente igual al que hemos sufrido nosotros. Quizás sean más cuidadosos en el sentido de procurar menos posibilidades de señales, que en ellas serían aún más escandalosas. Hay, además, frecuentemente, amenazas más o menos veladas de violencia sexual. Cuando alguna de ellas está embarazada tienen sumo cuidado de no provocar un aborto y no golpear en el vientre, pero sí en el resto del cuerpo. Por otra parte, se ensañan más en el lado psíquico de la violencia.[1]
Una de las chicas de la dirección estaba embarazada de tres meses; semanas después perdió al hijo. Su compañero, también detenido, no soportó el trauma y se suicidó un tiempo después. El padre de Domènec Martínez envió una carta al Director General Adjunto de la DGS. En la respuesta, este adjunta una tarjeta de Manuel Fraga Iribarne, ministro de la Gobernación. [2] No hace ni caso.
Los abogados de los detenidos fueron Tomás Duplà del Moral, José Manuel Moreno, Javier Sauquillo (a quien asesinaron unos meses más tarde, en enero de 1977, en el despacho de Atocha) y los más conocidos José María Mohedano y Cristina Almeida. La repercusión de la detención fue muy importante. Incluso la revista Cuadernos para el Diálogo fue secuestrada debido a que dedicó un monográfico a la práctica de la tortura, en el que se incluía el caso que nos ocupa. Por la misma razón, el director de la revista Cambio 16 fue llamado a declarar ante el Tribunal de Orden Público.
La policía buscaba en Terrassa el aparato de propaganda de la JCC, el lugar donde se imprimían las octavillas y la revista Jove Guàrdia. ¡Aún lo buscan! Domènec Martínez y Jordi Castàn eran sus responsables. El piso estaba situado en el barrio de Les Fonts de Terrassa. Hoy vive allí una familia que desconoce las actividades que se realizaban allí hace 24 años.
En la reunión en la que fueron detenidos se preparaba la IV Conferencia de la UJCE. Los detenidos pasaron a la prisión de Carabanchel y salieron en libertad el 15 de junio de 1976. La conferencia no pudo celebrarse hasta los días 10 y 11 de octubre de 1976, y se llevó a cabo en el seminario de Sentmenat. En los documentos se reclamaba “la amnistía total” y la “creación de gobiernos provisionales, desde el primer día de la ruptura, en el País Vasco, Cataluña y Galicia”. En el acto de clausura celebrado en Barcelona, en el barrio del Guinardó, participó el dirigente en aquella época de la FJCI —organización juvenil del Partido Comunista Italiano— Máximo D’Alema, hoy primer ministro de Italia.
No todo fueron flores y violas en la transición. Unos luchaban por la libertad, otros en contra. La libertad fue posible porque miles de personas anónimas —la mayoría muy jóvenes— se dejaron la piel.
Hasta el año 1976 hay miles de testimonios como este para todo aquel que quiera conocerlos.
Ah, y un pequeño detalle: en aquellos días de torturas, el dictador era Juan Carlos I.
[1] “Contra la represión y por la libertad”, JCC, 20.05.1976, 10 p.
[2] Jordi Serrano: “La transició democràtica: el cas Domènec Martínez”. Espai de Llibertat, Fundació Ferrer i Guàrdia. 1er trimestre 1999. pp. 27 a 32. Veure reproducció de la carta i resposta del mateix Domènec Martinez.



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