Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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CTXT: LO IMPOSIBLE

15/02/2026

Guillem Martínez

-“LO QUE NO PUEDE SER, NO PUEDE SER Y, ADEMÁS, ES IMPOSIBLE”. Crear frentes populares –básicamente, fueron tres muy operativos; el primero se formula en Francia, 1936-38; en España también fue temprano, 1936-39; el último fue en Chile, 1938-41–, no solo fue difícil, sino que era técnicamente imposible. En términos generales se suele citar a la URSS  –VII Congreso de la III Internacional, Moscú, agosto de 1935– como lubricante y punto de partida de los frentes populares. Y, sin duda, es importante que Stalin bendijera esos procesos. Pero ya estaban en el aire y habían empezado antes. Obedecían a la observación de la realidad y, con ella, a la constatación de que la democracia de entre guerras –en ocasiones, más avanzada que la actual– estaba siendo amenazada por una nueva fuerza no democrática y violenta. Sobre el carácter precoz de los Frentes Populares –a partir de ahora, FP–: en Francia, por ejemplo, se suele citar como génesis del Front Populaire –su nombre artístico era otro: Rassemblement Populaire; Rassemblement National, la formación de la nueva extrema derecha francesa no solo es un chiste, sino una cita, la apropiación de una tradición y una luminosidad ajena–, una fecha anterior a la consigna soviética: el 14 de Julio de 1935, día en el que más de 50 organizaciones políticas y cívicas confluyen en una manifestación histórica. Unos meses antes, incluso –en mayo de 1935–, el PCF, uno de los PC europeos más vigorosos, ya hace guiños a una confluencia, al pedir el voto en la segunda vuelta de las municipales al socialismo, el enemigo. Sí, la cosa FP está en el aire ya en 1935. Francia, una sociedad civil vigorosa, unos movimientos asociativos nutridos y activos, un movimiento obrero longevo, operativo, endurecido, una tradición de socialismo democrático y de republicanismo mixed emotions, lo pilla al vuelo. ¿Qué sucede en España? En España, como en Francia, un FP era, también, aparentemente, imposible.

 

-UNA (H)AZAÑA. En España, el improbable FP, empieza a gestarse, sin saberlo nadie, tras los hechos de octubre de 1934. Aquel cambio en el paisaje, en el olor mismo de la República, creó nuevos damnificados, nuevas situaciones, nuevas perspectivas. Y nuevos sujetos, no previstos. Como Azaña, que, tras su detención por lo de octubre –está preso, en un barco, en Barcelona, desde octubre hasta diciembre– adquiere, desde ese momento y a lo largo de 1935 una resignificación absoluta. Es una inesperada figura de la izquierda española, un símbolo de la violencia del republicanismo conservador. Lo llamativo es que Azaña gestiona muy bien ese simbolismo y hacia una dirección constante. En la primavera de 1935 –antes que los primeros movimientos para un FP en Francia, por ejemplo–, Azaña empieza a trabajar para “una coalición de izquierdas”. Negocia por lo bajini, con otras fuerzas republicanas, y se cuida mucho de integrar al PCE –no es el PCE posterior a julio del 36, sino un partido sensiblemente más débil y menos nutrido–, en tanto se cuida mucho de que lo que quiere construir no sea un bloque obrero. Esos contactos sigilosos, para establecer la unión de todos los partidos republicanos progresistas, integran llamadas y contactos con el PSOE de Indalecio, que no el de Largo Caballero –Azaña, a estas alturas, creía que el fracaso republicano había consistido en no confluir con los socialistas en las elecciones de 1933–. Mientras la cosa avanza en secreto, Azaña la va dibujando, de manera pública y contenida, a través de una serie de mítines por todo el territorio, en los que defiende una evidente, pero incierta, idea de unidad. Se trata de unos mítines –tres: Valencia, en mayo, Barakaldo, en julio, Madrid, en octubre– nunca vistos por el público convocado. Aún cobrando entrada, como medida disuasoria, los mítines son históricos. La unidad del éxito en reuniones de ese tipo es, hasta entonces, la plaza del toros. Y Azaña supera ese espacio, lo hace trizas. Por primera vez, por ejemplo, se tiene que hacer un mitin en un estadio de fútbol –Mestalla–, o en un amplio descampado, en Comillas –barrio de Carabanchel, entonces, las Quimbambas; unos años después, el barrio será urbanizado por presos republicanos, tras la Guerra Civil–, en el que fuentes de la época hablan de medio millón de asistentes, sin duda una cifra inflada, pero que alude a las proporciones del fenómeno. Importante: para el mitin de Comillas, el PCE convoca, como público, a sus militantes. Y más importante aún: en esos mítines, reproducidos por los medios, Azaña a) modula cultura del acuerdo, de manera que b) se cuida mucho de aludir críticamente al nacionalismo catalán y al PSOE por los hechos de Octubre del 34. También c) defiende un proyecto, un nexo común, un máximo común a defender en una unidad de partidos: la democracia, una palabra que no es especialmente excitante en los movimientos obreros, ya sean marxistas, ya sea anarcosindicalistas.

 

-TENSIÓN Y PAZ EN EL FRENTE NACIONAL DE JUDEA. En noviembre, la idea de un frente unitario ha crecido y se ha distribuido, de manera que el propio Azaña vende la moto, finalmente, al PSOE. El de Largo Caballero. Que es más sensible a un Frente Obrero que a una convergencia republicana. Como condición, tal vez disuasoria, Largo Caballero pide la inclusión del PCE, un PCE que, tras el guiño de Stalin, no tiene problemas a sumarse a la fiesta, como ha demostrado previamente, en Comillas.

La pelota está en aquel PSOE. Que no se encuentra el culo con ambas manos. La discusión interna establecida en ese momento pasa por la defensa de la democracia –Prieto– o la defensa de la revolución –Largo–. En diciembre la discusión finaliza con una ruptura interna. Largo desaparece del staff PSOE. Pero pasa a dominar la UGT, un objeto más poderoso y determinante que el PSOE. Cuando la ocasión parece ya perdida, ese mismo diciembre, sorpresivamente, PSOE, PCE, JJSS, UGT y los partidos republicanos llegan a un acuerdo. Que se amplía –ante un PSOE/Prieto que debe tragar el sapo– con el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña y el POUM. El 15 de enero, zas, el pacto existe y lo firman todas sus fuerzas. Dos días antes de la firma del pacto, no obstante, el PCE se descuelga con que quiere que el pacto especifique que se crearía un gobierno de transición, previo a un gobierno de sóviets. En El Socialista, portavoz del PSOE, aparece también un artículo en el que se especifica que “el plan del socialismo español y el del comunismo ruso es el mismo”. Aún, así, todas las partes acaban firmando el pacto que, en realidad, son tres pactos. Uno sería el que crea este FP, otro sería para crear el Front d’Esquerres de València –para el territorio valenciano; agrupaba a los mismos partidos que el FP, más Esquerra Valenciana y el Partit Valencianista d’Esquerra.–, y un tercer pacto sería el que conformara el Front d’Esquerres de Catalunya, que integra también el republicanismo y el catalanismo progresista, además del sindicato Unió de Rabassaires y diversas lecturas del marxismo. Así, está el POUM del troskista Andreu Nin, y el Partit Català Proletari y el Partit Comunista de Catalunya, que en julio del 36 serían la génesis del PSUC –un PC importantísimo: sería la referencia para los partidos de unificación comunista que Stalin haría en la Europa del Este, ocupada en el 45–. ¿Cómo era todos estos pactos, por cierto? ¿Qué fijaban? ¿Qué acordaban?

 

-EL ARTE DEL PACTO A LA BAJA. El FP, costoso, imposible, demuestra su laboriosidad, su fragilidad y su éxito, a partir de su propia moderación. Por ejemplo, el pacto del FP no se llama a sí mismo FP. El programa es republicano, en absoluto obrerista. Aboga por la amnistía y por la continuidad de la legislación progresista del primer bienio republicano, pero sin muchos itinerarios, sin muchas promesas. Se apunta taxativamente, no obstante, que no habrá nacionalizaciones de la banca ni expropiaciones de tierra. Se defiende la reanudación de la autonomía catalana y la ampliación del concepto autonomía a otros territorios. Se expone que la voluntad del pacto es establecer un Gobierno republicano, sin participación del PSOE o/y de otras fuerzas. La cautela es tan alta que, en el pacto, no aparecen palabras obvias, como “derecha”, “ejército”, o “iglesia”. El pacto del Front d’Esquerres de Catalunya sería aún más breve y rapidito. Amnistía, restablecimiento de la autonomía suspendida en octubre del 34, finalizar el traspaso de competencias –ese clásico– y entrada en vigor de la Llei de Contractes de Conreus –una solución para el acuciante problema, entonces, de la rabassa / los campesinos de la viña sin tierra propia–. A través de la moderación, de no abarcarlo todo por escrito, de dejar cosas a su propia evolución y al albur del destino, se ha conseguido lo imposible. O aún no. El pacto es incompleto. En el pacto no figura una formación importante. Y determinante. Se trata de una formación que configura la originalidad española. Esa formación es la fuerza política más importante del territorio que, además, no practica la política y no colabora con ningún partido tras la dictadura de Primo de Rivera, finalizada en 1931. Es la CNT, una agrupación de sindicatos que supera cualquier definición de un sindicato. Es poderosa –más de medio millón de afiliados; tras julio del 36 superará el millón–, lo que le permite huelgas salvajes, efectivas y al límite, generalmente exitosas. Es integral –no solo es un sindicato, es un acceso a la cultura, a los estudios, al ocio, a la amistad, a la pareja, al grupo; en ocasiones es, incluso, lo que luego se llamaría un sindicato de consumo–. Y, además, tiene miles de militantes en la cárcel –la cárcel Modelo de BCN está hacinada de presos cenetistas–. Está enojada, también con la República. Y, por si todo ello fuera poco, posee un proyecto propio –en breve, en el Congreso de Zaragoza, en mayo del 36, llamará a su proyecto comunismo libertario–, en las antípodas del pacto del FP y de el Front d’Esquerres. ¿Qué hará la CNT ante el FP? ¿Lo invalidará?

 

-LA SORPRESA. Lo que sucede con la CNT es sorprendente. Diferencia, al vuelo, la política institucional de la política social. Y decide, también al vuelo, que hay que facilitar una política institucional progresista, no reaccionaria. El sindicato que siempre pedía la abstención en cualquier tipo de elecciones, hace dos cosas inesperadas. La primera es que a) no pide la abstención para las elecciones del 16 de febrero de 1936. La segunda es más exótica, incluso. Diversas grandes figuras de la CNT –como el incuestionable Durruti, como el incuestionable Ascaso– piden en mítines, literalmente, el voto para el FP. La vinculación de la CNT al pacto, que firma sin firmar o, mejor aún, que admite, que asume, que apoya tácitamente, pero con cierto vigor, es determinante. En las elecciones, la participación es altísima. Del 72’9%. Lo que, sin duda, es la aportación, el regalo anarquista. Los resultados son muy ajustados: 47,1% para el FP, y 45,6% para las derechas –CEDA y Partido Agrario, fundamentalmente; en Catalunya, la opción derechista es el Front Català d’Ordre, compuesto por la CEDA, la Lliga, carlistas y radicales–. Por el sistema electoral, el FP obtiene 263 diputados –37 de los cuales son del Front d’Esquerres–, mientras que las derechas obtienen 156. Es importante saber que el FP no forma grupo parlamentario, sino que cada formación forma el suyo. Así, Izquierda Republicana obtiene 87 escaños, y Unión republicana 38, el PSOE, 99, PCE, 17 y Partido Sindicalista y POUM, 1 cada uno. El FP, los tres FP, con otros nombres, del territorio, cumplieron su función. Frenar a una derecha autoritaria, que pretendía un giro vertical y reaccionario en la República. De hecho, tras las elecciones, el FP dejó, mayormente, de existir como tal. En Catalunya, por ejemplo, el comité de enlace del Front d’Esquerres no se vuelve a reunir nunca jamás tras las elecciones. En julio del 36, Joan Comorera, del ya existente PSUC, lo convoca. Y nadie acude a la cita. El FP ya carecía de función. Era el momento del Comitè de Milícies Antifeixistes –fue la institucíón básica en Catalunya en los primeros meses de guerra, por encima de la Generalitat– y, posteriormente, de la entrada en el Govern y el Gobierno de partidos y sindicatos, que apoyaban la República.

 

-LO IMPOSIBLE. Es imposible un FP. Hasta que se hace. Gracias al pasado sabemos que un FP no es la suma de detalles por parte de las formaciones, sino el abandono de detalles por parte de las formaciones. No es la suma de purezas, sino la suspensión de toda pureza para paliar una distorsión. Un FP es una palanca a accionar en momento de avería. La función principal de un FP es evitar un Gobierno no democrático. Un FP consiste también en diferenciar, al vuelo, la política institucional de la política social. Y decidir, también al vuelo, que hay que facilitar una política institucional progresista, antes que una reaccionaria e involucionista. Se puede participar en un FP desde diversas tesituras y posicionamientos. Incluso de perfil, como lo hizo la CNT. Algunos gobiernos de FP, como el francés, tuvieron tiempo de aplicar programas –las vacaciones pagadas, la nacionalización del ferrocarril–, mientras que otros, como el español, solo tuvieron tiempo de hacer lo que hicieron: un precedente. Lo que no está mal. Siempre es deseable ser merecedores de los precedentes. No siempre ocurre.

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