En el inicio de los tiempos la gente no trabajaba. Lo justo para comer. Se inventó el esclavismo, después el feudalismo y al final el capitalismo. Trabajar menos ha sido siempre una aspiración de la clase obrera desde el inicio de los tiempos. Y aún hay borricos que creen que las innovaciones son positivas o que depende del uso que se haga. De hecho, las ocho horas de trabajo al día se consiguieron después de una brutal huelga de la Barcelona Traction Light and Power (La Canadiense) de Cataluña en el año 1919. Fue una impresionante huelga convocada por la CNT que se extendió por Cataluña como un reguero de pólvora. La patronal reaccionó boicoteando el acuerdo entre la CNT y el gobierno español con el lockout (cierre patronal o pacto del hambre) y contratando a pistoleros que asesinaron a centenares de dirigentes obreros entre ellos a Salvador Seguí “el noi del Sucre” o Francesc Layret abogado de trabajadores y campesinos.
Pero la lucha de los capitalistas para que trabajemos más dura hasta hoy. Ver, sino que ahora con el intento de reducir la jornada de 40 horas a 37,5 Vox, PP y Junts lo boicotean. Fijaos que han pasado 106 años de las 40 horas la semana y una reducción de dos horas y media aún les parece mal. Claro ellos no han trabajado nunca. De toda la familia y amigos de Karl Marx el mejor sin duda fue el yerno, Paul Lafargue que escribió un libro “El derecho a la pereza.” La próxima revolución tiene que tener como lema “Que trabajen los capitalistas y sus máquinas”. Dicen los indocumentados que las tecnologías son buenas porque así podemos hacer más cosas. Error. Las tecnologías serían buenas si con ellas pudiéramos hacer menos cosas o las mismas sin tanto esfuerzo ni tantas horas.




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