Domingo conocimos los resultados de la segunda vuelta de las elecciones municipales en Francia de este 2026, unos comicios marcados por la proximidad de las elecciones presidenciales de 2027. Debats pel demà lleva tiempo siguiendo con atención los movimientos de la izquierda francesa, representada por Francia Insumisa, y, siguiendo esta línea, han traducido el balance que ha hecho el líder del partido, Jean-Luc Mélenchon, sobre los resultados de estas elecciones, en las que, por primera vez, los insumisos se han presentado por separado, pese a haber tejido alianzas en algunas ciudades para la segunda vuelta.
Este es un balance de la segunda vuelta de las elecciones municipales. La jornada de votación ha confirmado y ampliado el avance logrado en la primera vuelta por las listas del Movimiento Insumiso. Manuel Bompard[1] resume bien nuestros resultados:
«Desde la semana pasada, tras la victoria en Saint-Denis (150.000 habitantes), las listas de Francia Insumisa también han ganado en Creil (36.000 habitantes), Roubaix (100.000 habitantes), Vénissieux (66.000 habitantes), Saint-Fons (20.000 habitantes), Le Tampon (82.000 habitantes), La Courneuve (47.000 habitantes), Vaulx-en-Velin (52.000) y Sarcelles (59.000 habitantes, con una lista ciudadana respaldada por LFI).
En otros lugares, Francia Insumisa ha contribuido a la victoria de la izquierda en Lyon, Nantes, Grenoble o Tours. En Burdeos y Cherburgo, la negativa de Los Verdes (EELV) o del Partido Socialista (PS) a unir sus listas con las de los insumisos ha favorecido la victoria de la derecha. Lamentablemente, en Toulouse, Besançon, Clermont-Ferrand o Limoges, los discursos divisivos del Partido Socialista han impedido mantener estas ciudades o hacerlas pasar a la izquierda. Aún peor, en Angoulême, el mantenimiento de una lista de Place Publique[2] ha impedido que la izquierda insumisa y comunista recuperara la ciudad y derrotara a la derecha.
La conclusión es clara: Francia Insumisa hace avanzar a la izquierda y permite victorias populares, mientras que las divisiones impulsadas por el PS y Place Publique la debilitan».
El balance global es el siguiente: a partir de ahora, más de un millar de cargos electos insumisos formarán grupo propio en los ayuntamientos. Sus votos en las próximas elecciones al Senado deberían permitirnos obtener representación allí donde nuestros antiguos socios de la vieja izquierda nos la habían negado[3]. En conjunto, se trata de un éxito claro y rotundo en nuestra primera participación en unas elecciones municipales.
También hemos apoyado numerosas listas de la izquierda tradicional que corrían el riesgo de ser derrotadas por la derecha. A veces ha funcionado, otras no. Pero no debe olvidarse que la principal dificultad proviene del bajo resultado de los equipos salientes en la primera vuelta. Tanto ecologistas como socialistas han acudido a nosotros porque no podían ganar solos, después de haber fracasado en intentos anteriores, como en Toulouse o Limoges. El PS nos ha arrastrado en su caída. Aun así, no nos arrepentimos: la demostración está hecha. Somos una fuerza útil allí donde otros son simples oportunistas sin rumbo. En Lyon, Nantes, Tours o Grenoble, la unidad ha permitido la victoria. Esto desmonta el argumento de que LFI sirve para la primera vuelta pero no para la segunda[4]. Nuestro objetivo ha sido asumir nuestra responsabilidad y movilizarnos para frenar a la derecha y a la extrema derecha. En otros lugares, sin embargo, no lo hemos conseguido.
Esto tiene una explicación. Se ha llevado a cabo una larga campaña de demonización y difamación contra los insumisos[5]. Al sumarse a ella sin ningún escrúpulo, diversos sectores del socialismo han dividido profundamente a un electorado que era imprescindible para ganar. Porque la unión de siglas no equivale a la unidad de los votantes. De hecho, han acabado perjudicándose a sí mismos. Y los resultados no mejorarán el clima político. La negativa a alcanzar acuerdos en las dos principales ciudades de Francia, París y Marsella, ha decepcionado a muchos votantes que sí estaban dispuestos a ello.
Nuestra preocupación fue especialmente intensa en Marsella, donde la mala gestión de los gobiernos salientes amenazaba con abrir la puerta a una victoria de la extrema derecha. El sectarismo del alcalde, que rechazó cualquier negociación, impidió la unión de las listas. Denunciamos esta decisión: el PS permitió que la extrema derecha estuviera representada en el ayuntamiento mientras excluía a los insumisos. Aun así, nuestros candidatos optaron acertadamente por retirarse para no favorecer una victoria del Rassemblement National.
Benoît Payan ha sido reelegido una vez más bajo presión. Marsella merece algo mejor. Nuestra oposición a este equipo se desarrollará en el terreno de la movilización social.
Sin embargo, la satisfacción por el trabajo realizado no debe ocultar un problema de fondo: el preocupante estado de la democracia francesa. No ha sabido asumir los resultados de grandes consultas, como el referéndum de 2005, en el que el «no» se convirtió en un «sí», o como la negación del resultado de las legislativas anticipadas de 2024. Esta negación ha continuado incluso después de la caída de los dos primeros gobiernos de este mandato presidencial.
En este contexto, el sistema político tradicional sigue desmoronándose, junto con la estructura ideológica que lo sostenía. Pero para entenderlo hay que mirarlo desde el ángulo adecuado. Los indicadores habituales no explican todo su sentido: ni los resultados por partidos ni la abstención —a pesar de haber alcanzado niveles récord en la primera vuelta— lo explican completamente. Las propias condiciones de la elección dicen mucho más sobre el papel de la política.
Conviene recordar qué entendemos por política: el debate sobre las decisiones que afectan al bien común. Pero en siete de cada diez municipios solo había una lista. Sin alternativas, no hay debate, y sin debate no hay política. Todo se reduce a una valoración personal de los candidatos: o se aprueba todo sin cuestionarlo, o se rechaza en bloque. Por eso, el resultado no tiene un significado político claro para muchos ciudadanos. Este vacío es profundo y preocupante.
A esto se añade otro fenómeno: en el conjunto del país, cuatro de cada cinco listas no tienen ninguna etiqueta política. Es decir, los votantes no saben qué principios guiarán la acción de quienes eligen.
Si sumamos abstención, listas únicas y listas sin etiqueta, obtenemos una masa enorme. En este sentido, el espacio político se ha diluido considerablemente.
Por otra parte, este clima también se refleja en el voto de castigo que ha marcado la jornada: muchos cargos salientes han sido desalojados. Esto no preocupa al movimiento insumiso ni contradice sus objetivos.
Para nosotros, lo esencial es la emergencia de una «Nueva Francia»[6], expresada en las listas insumisas. Se trata de una realidad social, cultural y nacional que solo nosotros hemos sabido identificar dentro de la sociedad. No es solo un fenómeno político, sino también un proyecto en construcción, tal como recoge el programa «El futuro en común». Por ello creemos que el resultado de estas elecciones municipales abre directamente el ciclo hacia las presidenciales de 2027.
Artículo original publicado en el blog de Mélenchon: https://melenchon.fr/2026/03/22/soir-delection-tour-dhorizon-a-chaud/
Traducción a cargo de Xavier Calafat
[1] Nota del Traductor (NT): Manuel Bompard es un dirigente destacado de Francia Insumisa. Es considerado una de las figuras clave de la organización, especialmente en el ámbito estratégico y de coordinación electoral. Forma parte del núcleo más cercano a Mélenchon y desempeña un papel relevante en la dirección política del movimiento.
[2] Nota del Traductor (NT): Place Publique es un movimiento político francés de izquierdas fundado en 2018 y liderado por Raphaël Glucksmann, con una orientación moderada y europeísta. Ha colaborado a menudo con el Partido Socialista, especialmente en elecciones europeas, y defiende una línea más moderada que Francia Insumisa (LFI). Las tensiones entre ambas fuerzas responden, sobre todo, a diferencias estratégicas e ideológicas: mientras LFI apuesta por una línea más rupturista con las instituciones europeas y con el modelo económico actual, Place Publique, bajo el liderazgo de Glucksmann, defiende reformarlas desde dentro y construir alianzas más amplias con la socialdemocracia.
[3] Nota del Traductor (NT): En Francia los senadores no son elegidos directamente por la ciudadanía, sino por un colegio de cargos electos locales (principalmente concejales municipales). Así, el aumento de electos de Francia Insumisa en los ayuntamientos les da más peso en estas elecciones indirectas.
[4] Nota del Traductor (NT): Mélenchon se refiere a una crítica habitual dentro de la izquierda francesa según la cual Francia Insumisa (LFI) puede obtener buenos resultados en primera vuelta, pero es un socio problemático o poco atractivo para construir mayorías en segunda vuelta, cuando es necesario sumar con otras fuerzas que no han pasado a la segunda vuelta y que, en ocasiones, aun sin ser de izquierdas, podrían optar por una opción más moderada que la representada por LFI.
[5] Nota del Traductor (NT): Mélenchon hace referencia al contexto político previo a las municipales de 2026, marcado por una fuerte polémica en torno a Francia Insumisa (LFI). Antes de la primera vuelta, varios dirigentes socialistas —entre ellos François Hollande o Glucksmann— defendían marcar distancias con LFI y evitar acuerdos con ellos. Así, hubo diversas candidaturas de confluencia entre Verdes, Socialistas y Comunistas pero sin LFI. Sin embargo, tras los resultados, muchas de estas mismas fuerzas acabaron negociando alianzas con LFI en la segunda vuelta para frenar a la derecha y a la extrema derecha.
[6] Nota del Traductor (NT): La «Nueva Francia» (Nouvelle France) es un concepto central en el discurso de Francia Insumisa (LFI) que propone una redefinición de la nación basada no en el origen, sino en un proyecto político y social compartido. Inspirándose en tradiciones republicanas y socialistas —como las ideas de Jean Jaurès—, Mélenchon defiende una comunidad nacional construida a partir de derechos iguales, luchas comunes y aspiraciones compartidas, en una sociedad diversa. Este planteamiento se opone tanto a los discursos identitarios de la extrema derecha, que vinculan derechos y origen, como a cualquier forma de discriminación que limite el acceso efectivo a derechos sociales y políticos. En este marco, LFI reivindica que la ciudadanía y los derechos deben ser universales y no estar condicionados por la procedencia o la identidad cultural.
Para saber más podéis leer el artículo que publicaron Roc Solà y Eloi Gummà en esta revista: https://debatspeldema.org/croniques-de-la-veritat-insubmisa-el-moment-de-lesquerra-a-franca/



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