Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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MEMORIA DEL FUTURO: Un antecedente trágico del Frente Popular. La propuesta de Francesc Layret de una candidatura amplia para las elecciones de 1920

15/02/2026

Jordi Serrano Blanquer, editor de Memoria del Futuro.

 

En 1920 se produce el intento de construir una candidatura unitaria en la que converja la izquierda política y sindical española. El intento estaba encabezado por Francesc Layret, gran dirigente republicano catalán, que en aquel momento era diputado en Madrid por el distrito de Sabadell y líder del Partit Republicà Català.[1]  El gobierno había disuelto las Cortes y se preparaban elecciones anticipadas para diciembre de 1920. Este episodio, desconocido y de consecuencias inmensamente trágicas, se produce dieciséis años antes de la gran victoria del Front d’Esquerres en Catalunya y del Frente Popular en España en 1936, y once años antes de que en 1931 se celebre en Cataluña la Conferencia de Izquierdas que dará lugar en la fundación de Esquerra Republicana y será el detonante de la proclamación de la Segunda República española.

 

Francesc Layret sufrió una parálisis cuando tenía dos años que lo obligó a andar siempre con muletas. Con todo, el ciudadano Layret hizo frente a la adversidad con pasión, fue un estudiante extraordinario y, ya de muy joven, se convirtió en un activista republicano brillante. Su arrojo era tal que iba a manifestaciones que eran reprimidas de forma muy violenta. Y se afanó toda la vida para reunir en un proyecto político el catalanismo, el republicanismo y el obrerismo. Cursó dos carreras a la vez en la Universidad de Barcelona (Derecho y Filosofía y letras) obteniendo sobresaliente en todas las asignaturas y doctorándose 1905 con la tesis “La Sociedad Primitiva, su concepto y método de investigación”, que contiene referencias a Friedrich Engels y Charles Darwin.[2] Defendió a los trabajadores no solamente en Cataluña sino también en Zaragoza o Málaga, cuando la CNT se lo pedía.[3]

El día 29 de noviembre de 1920 a las doce y treinta minutos Francesc Layret sale de la prisión Modelo de Barcelona después de visitar a Lluís Companys que está preso, y se desplaza en tren hasta Sabadell al objeto dictar una conferencia en el Círcol Republicà Federal con motivo del aniversario de la muerte de Francesc Pi y Margall.[4] Durante el trayecto habla con Francesc Madrid, corresponsal del diario El Sol de Madrid. Disponemos de dos versiones de esta conversación, la primera publicada en 1929 y la segunda en 1942 desde el exilio de Buenos Aires.[5] De acuerdo con la primera versión, Layret le dice a Francesc Madrid:

-De hecho, la candidatura obrera existe. Tan solo falta pactar con los socialistas madrileños, por lo que hace referencia a la candidatura de Madrid, y saber quién es el socialista que irá en la candidatura barcelonesa.

-¿Nombres?

-Todavía no. Más tarde. Hoy daré una conferencia.

Tuvieron una «magnífica conversación política». Layret hablaba de Rusia a dónde se proponía viajar. «Creía que la ida le sería provechosa como ejemplo». Layret explica:

Los políticos tenemos que vivir de realidades, de hechos. Y más los hombres de izquierda, que hasta ahora hemos descuidado la acción por el idealismo. De aquí la carencia de autoridad de los hombres de izquierda y la fuerza de las derechas. Hace falta que los hombres de izquierda no hagan la ridícula pelea permanente por una palabra más o menos en sus programas y que actúen, de manera directa, en el país, que lo que quiere son realidades vivas y decisivas (…) La gente no se mueve, ni se moverá, por el simple hecho de cambiar la corona de un rey por la chistera de un presidente» Les dice: «Las ideas sociales priman sobre las políticas, la liberación social lleva a la liberación política”.

Llega el tren a Sabadell y en la estación les espera “una comisión de trabajadores, gorra en mano, bufanda de lana enrollada en el cuello”. Entran en el Círcol Republicà Federal que había sido inaugurado el 1888 por el propio Francesc Pi y Margall, expresidente de la Primera República, que también había sido diputado por el distrito de Sabadell, feudo del obrerismo y el republicanismo. De allí se dirigen al Hotel España situado en el centro de la ciudad y juntan dos mesas puesto que eran seis o siete para la cena: Layret, Casanovas, Madrid, los dos jóvenes que vinieron con Layret desde Barcelona y un par de directivos de Sabadell. Según la versión de 1942 un comisario de policía enviado por el gobernador entra a saludar a Layret y le amenaza:

tengo el encargo de advertirle que solo puede hablar del tema anunciado «Las ideas políticas de Pi y Margall», le agradecería (…) que me evitara el dolor de tener que suspender el acto.

Layret le responde:

Para hablar de lo que no quieren que hable, es decir, de Martínez Anido (…) tendré dentro de poco mí escaño en el Congreso de los Diputados. Esté tranquilo…

Según la versión de 1929

El señor de cabello blanco se acerca a la mesa y se dirige a Layret:

– ¿Usted no me recuerda…?

-De momento, no, francamente…

-He sido compañero de Universidad, de usted. Soy Pineda… Actualmente soy comisario de policía. He venido como delegado de la autoridad al acto de esta noche. Querría, conociéndolo como lo conozco, que, caballerosamente, me prometiera que no se apartará del tema establecido y aceptado «Pi y Margall», sin hablar por nada de los acontecimientos actuales… Me dolería mucho tener que suspender la conferencia…

La respuesta de Layret:

Soy hombre de procedimientos rectos, y no escondo nunca el que voy a hacer. Le agradezco la advertencia, pero no hacía falta. Esta noche, hablaré de Pi i Margall. Es lo que había prometido, y lo cumpliré. No soy un inconsciente. Sé dónde tengo que hablar, y lo que tengo que decir; sé también donde puedo hablar, y donde debo de callar. No tema nada. Hablaré de Pi i Margall y de su obra, exclusivamente. No me faltará el tiempo para decir en el Parlamento lo que me parezca. He sido diputado hasta hace poco; lo volveré a ser dentro de pocos días. Y en el Parlamento volveré a levantar mi voz. Y no será para hablar de la figura de Pi i Margall, como esta noche…

El comisario se va y continúa la conversación sobre la «necesidad de que las izquierdas afianzaran su posición» Layret remacha:

Ya tenemos suficientes programas magníficamente redactados que han quedado muertos en el acto mismo de ser firmados. Hace falta una minoría de empuje, de acción… Ya veréis como esta minoría se llevará la gente.

Se dirigen hacia el Círcol Republicà Federal. La sala está llena. Una habitación larga. En la pared blanca un retrato de Pi y Margall. Francesc Madrid explica:

Layret pronuncia un discurso recordando el XIX aniversario de la muerte de Francesc Pi y Margall que también había sido diputado por Sabadell. Layret tiene un estilo directo y un adjetivo justo. No dos, o tres, o cuatro, con uno tiene suficiente. Frase corta, párrafo sencillo.

El diario L’Avenir[6] publica que Layret dice «No hay ninguna razón natural que justifique que la riqueza esté en manos particulares, sino que con la justicia debería de estar en manos de la colectividad». Su discurso es interrumpido varias veces con entusiastas aplausos de la gente que le escucha. Layret afirma de Pi y Margall que:

la amargura más grande que había tenido en su vida no era por las persecuciones ni por los ataques de los adversarios, sino por los que son correligionarios nuestros que no saben comprender nuestras orientaciones poniendo obstáculos a nuestra obra.

Una larga ovación cierra el que sería, desgraciadamente el discurso póstumo de Francesc Layret. La comitiva barcelonesa se va otra vez al Hotel España donde Layret se sincera:

Creo que una candidatura obrera y parlamentaria evitaría muchas cosas, y la prueba está en que, cuando el derechismo organizado en nuestra casa se ha dado cuenta de la posibilidad de una candidatura obrera, mezcla de trabajadores, de profesores y de políticos de izquierda, se han asustado. Tienen miedo. Esto demuestra que ninguna organización electoral no tiene valor, por perfecta que sea, sí un viento de pasión no lleva los trabajadores a las urnas… Fijaos bien que estas fuerzas se complacen en hacer campaña para que los trabajadores no voten. Lo ven bien, lo encuentran justo. Lo que no encuentran bien, es que quieran demostrar su fuerza (…) Creo que, si la candidatura obrera y obrerista se presenta, ganará, y, al ganar, cambiará radicalmente el panorama actual de la política española. Savia nueva, fuerzas nuevas (…)

-Y qué candidatura será? Le pregunta Madrid.

– Hasta mañana, no podemos decirlo; pero los nombres que más barajamos son los de Seguí y Arín, por los sindicalistas; Alomar y » Xènius» (Eugeni d’Ors), por los profesores; y Ovejero, por los socialistas.

Quizás, en vez de «Xènius», vaya Companys, que está en prisión. En la candidatura socialista de Madrid, pondremos, posiblemente Pestaña… Pero, como que está en Rusia y no sabemos exactamente su posición, quizás vaya Arín en el lugar de la candidatura de Madrid, y yo pase a la de Barcelona, dejando Sabadell a Companys… Veremos… Esto, hasta mañana por la tarde a las cinco, no quedará establecido definitivamente. Mañana, por la mañana, hablaré con Salvador Seguí y Companys, y por la tarde, en casa, con García Quejido y Lamoneda… Más nombres y más distritos barajó en aquella hora Layret… Casanoves, que era diputado provincial, iría por Vilafranca o Vilanova; Domingo, por Tortosa; Noguer y Comet, por Figueres, etc…. No le faltaban nombres ni distritos… Quería, también, hacer triunfar el mayor número posible de trabajadores. Había que entrar en el Parlamento con la máxima representación del trabajo. Salvador Quemades, Antoni Amador, Piera, etc…. (…) El derechismo organizado en nuestra casa se ha dado cuenta de la posibilidad de una candidatura obrera mezcla de trabajadores, de profesores y de políticos de izquierda, se han asustado.»

Se está fraguando, pues, una candidatura electoral que prefigura un futuro partido obrero catalán con Layret, Seguí, Pestaña, Piera, Companys, Campalans, Serra y Moret, Alomar, Comaposada y Domingo. Necesariamente provoca mucho temor. Además, con el acuerdo con la CNT y los acuerdos con el PSOE y la UGT españoles, todavía provoca más pánico.

Llegados a este punto es oportuno hacer un comentario de contexto. La relación de Layret con los dirigentes del PSOE era muy buena. Por ejemplo, en 1919, en una sesión del Congreso de los Diputados, Layret pronuncia un duro discurso anticolonial en relación con la guerra en Marruecos. Diego Marín Veloz, diputado ultra, se levanta y se dirige al estrado mientras habla Layret y cuando intenta agredirle interviene rápidamente Indalecio Prieto que lo impide.[7]

Y después del comentario, un recordatorio. Existe un hilo indeleble entre el republicanismo catalanista y los revolucionarios rifeños. En 1936 se produce un acuerdo entre el Comité de Milicias Antifascistas de Catalunya y los dirigentes rifeños con el fin de que el Comité de Acción Marroquí liderado por Muhammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Jattabi se enfrente a la retaguardia fascista en África a cambio de conceder la independencia en una posible victoria republicana.[8] El Gobierno republicano español incomprensiblemente se niega.

Sigamos. En la versión de Francisco Madrid de 1942 Layret dice:

Si las fuerzas proletarias no se unen, llegará una era de violencia inusitada. Los gobernantes siguen hablando como antes y el pueblo dice ya frases nuevas que los de arriba no comprenden (…) Hoy en día los republicanos y los socialistas se han quedado (…) en fórmulas conservadoras. La presencia del general Martínez Anido en el Gobierno Civil de Barcelona es un indicio de lo que va a ocurrir.

Se van a dormir a las cuatro de la madrugada en el mismo Hotel España de Sabadell.[9]  A las siete de la mañana del día siguiente, el 30 de noviembre de 1920, ya están en pie para ir a desplazarse a la estación del Norte de Barcelona. Ya en Barcelona, Layret se va a su casa y escribe una carta dirigida a Marcel·lí Domingo (futuro ministro de Instrucción Pública del gobierno de la Segunda República) en la cual le dice:

Estimado amigo: deseaba verlo para hablar de la cuestión de la candidatura de Barcelona, que ha cambiado de aspecto y puede haber una manera para presentarla. Como que ahora tengo prisa, no le puedo dar detalles. Ya le escribiré y, todavía mejor, un día de estos podría usted venir un instante. Suyo, F. Layret. [10]

En el sobre de la carta alguien escribió un tiempo más tarde: “Carta enviada el mismo día que lo mataron”.[11] También escribe una carta inconclusa a un dirigente socialista madrileño. Sabemos el contenido de la misiva, pero desconocemos a quién iba dirigida:

Prosigue y se recrudece la persecución iniciada desde la salida de Bas. Creo que ahora se están pagando las consecuencias de los errores de táctica, no queriendo renovar los procedimientos cuando lo imponen las nuevas necesidades. Yo creo que la mejor respuesta, aparte de la contestación que se dé dentro de la actuación económica directa, sería aprovechar la coyuntura de la lucha electoral. Yo tengo la seguridad que un éxito de las candidaturas francamente socialistas y comunistas en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, etc., sería el fin inmediato de la represión, aparte de que por la inmunidad representaría sacar de la cárcel a los directores y facilitarles la obra de dirección y propaganda, aunque no fueran al Parlamento una vez elegidos. Hoy he hablado con Seguí de todo esto y creo que por su parte no hallaríamos obstáculos. Cree usted que los socialistas estarían dispuestos a incluir en su candidatura a Pestaña, a cambio de que por Barcelona presentáramos…

Ya no escribió más.

Francesc Madrid visita a Seguí y Companys en la cárcel Modelo, donde no se les daba la condición de preso político. Companys y Seguí le explican lo que se está preparando: una candidatura con Layret, Companys, Salvador Seguí, Ángel Pestaña, Marcel·lí Domingo, Gabriel Alomar, es decir una candidatura del Partit Republicà Català con el apoyo de la UGT y de la CNT. [12]

Por la tarde Layret en su despacho se reúne con dos dirigentes del PSOE: Ramón Lamoneda y Antonio García Quejido. Andrés Saborit del PSOE considera probable un acuerdo de la CNT con el partido socialista en la línea de lo que dice Francisco Madrid. Lamoneda y García Quejido volverán la mañana del día 2 a Madrid para reunirse «en sesión secreta» en la Casa del Pueblo de Madrid y explicar las reuniones con Layret.[13] Lamoneda y Antonio García Quejido son del grupo de PSOE que el año siguiente, el 1921, confluirán con el PCE.[14]

Mientras tanto en la prisión corre el rumor de que los sindicalistas encarcelados serán deportados a la colonia de Fernando Poo, la actual República de Guinea Ecuatorial. Les trasladan en camiones militares hasta el muelle del puerto de Barcelona y a las 16,30 treinta y seis militantes anarcosindicalistas y Lluís Companys bajan esposados por parejas, Companys con Seguí. Les hacen subir a una barcaza hasta las escaleras del barco Giralda «con un estado de nervios horrible.» [15] Después se sabrá que los llevan a Maó. [16]

Mercè Micó, la mujer de Companys, visita a Layret en su casa para ponerlo al corriente de la situación de su marido y de la posibilidad de que sea llevado a Fernando Poo. En aquellos años esto significaba un probable no retorno. Dado que Companys era en aquellos momentos concejal del Ayuntamiento de Barcelona Layret llama al alcalde de Barcelona, Antoni Martínez Domingo, de la Lliga Regionalista, para que se interese por él e impida su deportación. El alcalde se pone en contacto telefónico con el gobernador civil Martínez Anido para acordar una visita. A la hora convenida Layret sale de su casa acompañado por el señor Andrés Rodríguez (un ayudante que le permite superar las dificultades de su precaria situación física) y por Mercè Micó, la mujer de Lluís Companys. Van a entrevistarse con el alcalde de Barcelona Martínez Domingo. A Layret le esperan en la puerta y es acribillado. L’Avenir decía

¿No es significativo que el agresor al disparar contra el señor Layret, rematándolo después de haber caído, dirigiera unas palabras burlonas a la esposa del señor Companys y se alejara tranquilamente sin correr, ayudándose después con un grupo que lo esperaba y que tardara más de media hora a presentarse ningún agente de la autoridad? [17]

Brauli Solsona escribe sobre Layret:

Al llegar aquí, tuvo que salir de casa, y al volver, a la puerta mismo, le quitaron la vida. Al republicanismo y a las masas obreras hay que recoger el espíritu de las últimas palabras que escribió Layret, y elevarlo como signo simbólico de las futuras actuaciones. [18]

La Veu de Catalunya, el periódico conservador de la Lliga Regionalista, parece muy bien informado:

un individuo vestido de azul como un mecánico le disparó siete tiros de pistola automática. Layret cayó al suelo herido y lleno de sangre; unos transeúntes lo metieron en un coche. Llevándolo rápidamente en la Casa de Socorro de la calle de Sepúlveda, donde se le practicó la primera cura. El agresor huyó. Durante el momento de la agresión no se presentó ningún policía. En el dispensario, el facultativo que estaba de servicio le apreció las heridas siguientes: una en el frente, con salida por el parietal izquierdo; una en el pómulo derecho; una en el pómulo izquierdo, una en la nariz, una en el sobaco derecho y dos en la parte izquierda de la espalda. El pronóstico era grave, especialmente por la primera de las heridas, que exigía la operación de la trepanación. Y con tal objeto fue llevado en la clínica del doctor Corachán situada en la calle de Aribau. Mientras le hacían la primera cura, fueron al dispensario, interesándose por el herido, el gobernador civil, [en realidad era el siniestro jefe de la policía Miguel Arlegui] el alcalde y algunos regidores y amigos que tuvieron noticia rápida del crimen. El señor Layret llegó a la clínica en un estado de anemia alarmante por la mucha sangre que había perdido. Los médicos creyeron que convenía hacer la transfusión de la sangre para reanimar al paciente, y algunas personas, se ofrecieron por esta operación, pero cuando iba a ser realizada, entre ocho y nueve del anochecer, el señor Layret murió. El agresor solo era uno, como ya hemos dicho, pero personas que presenciaron el hecho decían que huyó acompañado de dos más.[19]

Según Francesc Madrid se trataba de cuatro individuos. Uno de ellos dispara sobre la cabeza de Layret, el ayudante intenta huir pero es el primero en socorrerlo.  La mujer de Companys, Mercè Micó, es golpeada y cae al suelo. Uno de los individuos marcha en dirección a la calle Diputación y otro en dirección a la calle de les Corts Catalanes, en cuyas esquinas les esperaban dos coches. [20] Gabriel Alomar dice que alguien había apagado antes «las farolas públicas (…) ni un agente de orden público no había en aquellos alrededores.” [21] Layret le dice a Antoni Martínez Domingo de la Liga Regionalista, alcalde de Barcelona: «estoy mejor». Companys explicará después de que hasta el último aliento de vida Layret fue desprendido:

Hasta la hora de la muerte me dio la última prueba de su extraordinario e inmerecido afecto. El alcalde señor Martínez Domingo acudió prestamente al dispensario de la calle Sepúlveda. Y Layret lo interrumpió diciendo: «Yo no tengo nada; venía a verlo a usted para interesarme por Companys. Vaya… Corra. [22]

Aparece el juez que «le interrogó, esforzándose, prestó declaración.» [23]

Joan Manent Pesas, de la CNT, y que será alcalde de Badalona en 1937, se hace la pregunta clave: «¿quién conocía la hora exacta en que Francesc Layret saldría de su casa para ir al ayuntamiento a recoger al alcalde y después visitar al gobernador civil?  Martínez Anido.»[24]

Francisco Madrid se topa en la Casa de Socorro de la calle Sepúlveda con el general Miguel Arlegui Bayonés, Inspector General de Seguridad de Barcelona, la mano derecha de Martínez Anido, quién le dice «todavía no ha muerto». Quería asegurarse de que sus pistoleros asesinos habían terminado el trabajo que les había encargado y que efectivamente estaba muerto.[25] Noguer y Comet explica que salió el Dr. Corachan y dijo «señores no hay nada que hacer». Muere Layret a las nueve y media de la noche. [26] Trasladan el cadáver a su casa. [27] El informe de la autopsia de Francesc Layret dice:

Los doctores Vilarrasa y Martínez han practicado la autopsia del cadáver del señor Layret. Presentaba siete heridas de arma de fuego, todas menos una le atravesaron lo cuerpo y el fallecimiento ocurrió par hemorragia interna. Las heridas son: tres en la cara, dos en el pecho, mortales de necesidad; una en un brazo y otra en un muslo. [28]

El Gobernador Civil Martínez Anido tiene la caradura de publicar un bando en estos momentos: “las aspiraciones proletarias no pueden impunemente suplantarse por la organización del crimen», cuando era él quien estaba detrás del asesinato. [29] Hay que recordar que Severiano Martínez Anido fue ministro de la Gobernación con Franco y mantuvo la relación con la Gestapo, en concreto con Heinrich Himmler, para el adiestramiento de los represores en España. Faltaban veinte días para las elecciones. Lo sustituye Lluís Companys en prisión en Maó. Acabará ganando por el distrito de Sabadell y saldrá libre.

Lluís Companys explica en 1922 como, ya en Maó, se entera de la muerte de Layret en el barco Giralda:

un oficial del barco nos dió la terrible y penetrante noticia, que cayó como una bomba entre los deportados. Han matado a Layret los grandes canallas. [30]

En una versión de 1929 Companys explica que el oficial Alvaro de Bazàn que prestaba servicio en el «Giralda» repentinamente, irrumpió:

¡Lluís!… ¡Han matado a Layret! ¡Una pena inmensa, un gran dolor, entró en aquel lugar de desventura! Seguí me dijo unas palabras de abatimiento. Había comprendido que la pérdida era irreparable, y que el muerto no tenía sustituto. [31]

Salvador Seguí dijo: «Ya saben lo que han hecho, los bandidos, ¡viles!». [32]

Hoy sabemos quiénes fueron los asesinos y los que daban las órdenes de disparar. Los instigadores de la violencia en Cataluña fueron la Federación Patronal de Barcelona y su presidente Fèlix Graupera,[33] el Fomento del Trabajo Nacional, el Instituto Catalán de San Isidro, la patronal de los terratenientes catalanes y los Sindicatos Libres y su jefe Ramon Sales. Los organizadores de la violencia institucional eran Joaquín Milans del Bosch, capitán general de Cataluña, el hombre que ayudó a establecer el régimen de terror militar-patronal. La Lliga lo defiende. Layret ya lo había denunciado en el Congreso de los Diputados.[34] Martínez Anido toma posesión de gobernador civil pocos días antes del asesinato de Layret y tiene al militar Miguel Arlegui Bayonés como jefe superior de policía. Se trataba de una organización criminal de terrorismo de Estado, una auténtico deep state para asesinar a los líderes sindicales. El gobernador civil había dicho que:

estaba «en calidad de soldado» y que » enfocaría los problemas sociales como si estuviera en campaña y al frente de un enemigo» o sea que trataría a los obreros como «un soldado extranjero que invadiera el país.[35]

En los siguientes 21 días hay 22 asesinatos. De 1916 a 1923 hay 171 obreros asesinados.[36]

Los pistoleros que dispararon a Layret fueran sicarios de la patronal: Fulgencio Vera «Mirete» y Paulí Pallàs con el apoyo de un grupo de esbirros que recibieron 40.000 pesetas de manos de Martínez Anido y de Miguel Arlegui. Cobraron en un hotel de la Rambla de Santa Mònica y la misma noche lo celebraron en el Café Lion d’Or de Barcelona en la planta baja del Teatro Principal. ¿Quién paga a los pistoleros? Pagó el asesinato Maties Muntadas y Rovira, el dueño de la España Industrial, que era amigo de Martínez Anido y hombre de confianza de Alfonso XIII quien visitó la empresa dos veces (el 1904 y el 1908) y que le concede el título Conde de Santa María de Sans.[37] Esta cadena de acontecimientos no habría sido posible sin el consentimiento tácito del gobierno del Reino de España, encabezado por Eduardo Dato y del rey Alfonso XIII.[38]

Efectivamente Salvador Seguí se da cuenta enseguida, “saben lo que han hecho”, es decir impedir una candidatura de ancho espectro que podría haber hecho avanzar la historia una cuántos años. No se volverá a reproducir hasta el año 1931 y sobre todo hasta 1936.

Nos hemos referido a Layret, Seguí y Companys. Eran muy amigos. Lluís Companys nos dice como era su relación:

Todo el día lo pasábamos juntos. Dos veces en la semana, al menos. Seguí y Layret hacían velada en mi casa. Layret y Seguí estaban muy de acuerdo. La imaginación desbordante de Seguí, su visión ancha y lejana, y sus proyectos audaces se veían controlados, sistematizados y prácticamente orientados por el talento macizo y por el temple político del gran Layret.”[39]

Los tres fueron asesinados. Francesc Layret y Foix el 30 de noviembre de 1920, Salvador Seguí y Rubinat es asesinado el 10 de marzo de 1923 (los dos por pistoleros pagados por la patronal) y Lluís Companys i Jover es fusilado por el ejército español el 15 de octubre de 1940. Los tres amigos fueron asesinados por la reacción, el dinero y el fanatismo. No podemos dejar de preguntarnos: ¿qué país tendríamos hoy si en vez de tener una burguesía, una derecha tan reaccionaria y una monarquía tan cavernícola, hubiéramos tenido un país donde se aceptaran las propuestas de cambio que provenían de la clase trabajadora?

Estos fragmentos de nuestra historia necesariamente nos trasladan a la actualidad. La historia no se repite, pero muchas veces, demasiadas, tienen parentesco.  Las enseñanzas de 1920, de 1931 o de 1936 son, como escribía el historiador marxista catalán Josep Fontana, “escenarios en los que el pasado se ilumina”.[40]

[1] Ver artículo sobre Francesc Layret realizado para la exposición realizada en conmemoración del 100 aniversario de su asesinato, en https://raco.cat/index.php/Arraona/article/view/395582/489168

[2] Joaquim Ferrer, Francesc Layret, 1880-1920, Catarroja: Afers, 1999, p. 31, 52 i 55; Francesc Layret, La Sociedad Primitiva. Su concepto y método de investigación, [Tesi doctoral], Barcelona: Imp. Elzeviriana de Borrás y Mestres, 1905, p. 7 i 11; L’Avenir, 4.12.1920.

[3] Joan Manent Pesas: Record d’un sindicalista llibertari català. 1916-1943. Edicions Catalanes de París. 1976. p. 231 y Diario de las Sesiones de Cortes, Congreso de los Diputados. 13.08.1919.

[4] Francisco Madrid Ocho meses y un dia en el gobierno civil de Barcelona. Las ediciones de La Flecha, Barcelona, 1932

[5] Francesc Madrid a La Campana de Gràcia 30-11-1929, Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro horas de Francisco Layret. Cuadernos de Cultura Española. Publicaciones del Patronato Hispano-Argentino de Cultura. Buenos Aires. 1942

[6] L’Avenir 11-12-1920

 

[7] Diario de las Sesiones de Cortes, Congreso de los Diputados, 7.08.1919.

[8] Abel Paz: La cuestión de Marruecos y la república espanyola. Fundación de estudios libertarios Anselmo Lorenzo. Madrid, 2000.

[9] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro op. cit. p, 50

[10] Fons Documental Marcel·lí Domingo. Arxiu del Parlament de Catalunya.

[11] Vidal Aragonés: Francesc Layret. Vida, obra i pensament. Tigre de paper. Manresa, 2020, p. 236

[12] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro… p, 54

[13] ABC 3-12-1920

[14] Andrés Saborit: Pablo Iglesias y su tiempo. Editorial Pablo Iglesias. Madrid. 2009 pp. 857-860

[15] Francisco Madrid La Campana de Gracia 30-11-1929

[16] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro … op. cit., p, 58

[17] L’Avenir 4-12-1920

[18] Brauli Solsona La Campana de Gracia 30-11-1929

[19] La Veu de Catalunya 1-12-1920

[20] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro.. op. cit., p, 65

[21] Joaquim Ferrer: Francesc Layret 1880-1920… op. cit., pp, 186-187

[22] La Campana de Gracia 30-11-1929

[23] El Diluvio 1-12-1920

[24] Joan Manent Pesas: Record d’un sindicalista op. cit., pp, 236-237

[25] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro… op. cit., p, 62 i La Publicidad 1-12-1920

[26] Joaquim Ferrer: Francesc Layret 1880-1920… op. cit., p, 187

[27] Francisco Madrid: Las últimas veinticuatro… op. cit., p, 67

[28] La Publicidad 2-12-1920

[29] El Diluvio 2-12-1920

[30] L’Avenir 2-12-1922

[31] La Campana de Gracia 30-11-1929

[32] Joaquim Ferrer: Francesc Layret 1880-1920. Fundació Irla. Barcelona. 2010. p, 80. Según las diversas versiones bandidos o viles.

[33] Francisco Madrid, Las últimas veinticuatro horas… op. cit., p. 32.

[34] Diario de Sesiones, Congreso de los Diputados, 7.01.1920.

[35] Francisco Madrid, Las últimas veinticuatro horas… op. cit., p. 29-30.

[36] Josep Termes: “De la revolució de setembre a la fi de la Guerra Civil 1868-1939”, vol. 6 a Pierre Vilar: Història de Catalunya, Barcelona: Edicions 62, 1993, p. 305.

[37] La Vanguardia, 17.04.1904. La Vanguardia, 25.10.1908. La Vanguardia, 12.01.1909.

[38] Para una ampliación de los detalles ver: Vidal Aragonés, Francesc Layret… op. cit.

[39] La Campana de Gracia 30-11-1929

[40] Josep Fontana: L’ofici d’historiador. Arcàdia. Barcelona, 2018, p. 245.

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