Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

logo-memoriadelfuturo

Antonio Sofín, el (penúltimo) dirigente vecinal. En memoria de Antonio Sofín, activista social del barrio del Picarral

Antonio Sofín, el (penúltimo) dirigente vecinal.

En memoria de Antonio Sofín, activista social del barrio del Picarral

José Luis Palacios y Maite Ramos*

 

 “Los días de lluvia, nuestra calle, en el Picarral de los setenta,  era un torrente de barro y agua. La corriente arrastraba un caudal pardo y el desnivel de Ortiz de Zárate volcaba su furia violenta en el camino de Juslibol.  Pocos se atrevían a cruzarlo en tales días. Yo miraba desde el ventanuco de mi cuarto; o desde la frágil seguridad del patio de la casa: y no sabía como las aguas no arrastraban los edificios de adobe. En otros días, las nubes no descargaban su furia contra un suelo de tierra sin promesas. Entonces las capitanas se acercaban o se alejaban volteadas por un frío de viento que aún tengo en los huesos.

Muchos años después, el alergólogo, en este tiempo de enfermedades sofisticadas, me aseguró mi incompatibilidad con esta planta; y balbuceó un nombre científico que no recuerdo.  Entonces los niños no tenían alergias; y apenas vacunados, morían en las acequias, en vías de tren o aplastados por las enormes puertas de hierro de Belén, en las que nos balanceábamos convirtiéndolas en los columpios que no existían en los parques que la democracia aún no había inaugurado.

Así era aquel tiempo. En San Juan de la Peña decían que los pollos de la Pigasa reventaban el alcantarillado, y los bomberos cruzaban a la gente en barcazas. Las ratas tunelaban los escombros.

Los dirigentes vecinales aunaban denuncia y una suerte de caza del zorro sin aristocracia inglesa mientras los jesuitas nos instruían en un marxismo de extrarradio.  Está en las fotos. Leíamos a Wilhelm Reich y a Marta Harnecker,  el mundo iba a cambiar de base, y los nada de entonces todo hoy lo íbamos a ser.  No sé si lo hemos sido, pero sí recuerdo que a mí, al menos, mi padre no me llevó a conocer el hielo.

El tiempo gris tenía policías grises; y la guardia civil nos apuntaba, apenas disimulando debajo de sus capotes verdes, cuando atravesábamos el Puente Piedra para cruzar coches en la Plaza de España el día que mataron a Puig Antich; o tal vez eran ya Baena y Sánchez Bravo y García Sanz y Paredes y Otaegui. Entonces la izquierda tenía militantes. Casi tantos como siglas signaban los panfletos que escondíamos en nuestras casas. Ya sabíamos que el abecedario podía ser feraz: AC, LC, LCR, LMRS-PCU-PTE, MC, OCEBR, OIC, ORT, PCE, PCEML, PCER, PCOE, PORE, POUM, UCE.  Los socialistas, entonces, no daban para tanto.

Los jóvenes también habíamos aprendido a deletrear; en general, cambiamos las pés por jotas –demasiadas siglas también y demasiado evanescentes-.  En la  Joven Guardia nos mataron a Javier Verdejo – “Pan, T… qué T más sola, camarada Javier…” escribiría Alberti-, y a Pérez Elexpe, y antes a Pérez Jáuregui, y antes a Genaro Sánchez y…  Y cuando habían dejado de matarnos, nos empezamos a matar a nosotros mismos. Más de la mitad de los mejores cuadros cayeron con la heroína, cuando las balas de los cuerpos represivos ya se habían agotado; pero eso sería después, todavía  metíamos en el casete con el Alma llena de banderas de Víctor Jara”.

*****

Éramos adolescentes cuando comenzamos a participar en comunidades cristianas de base y a acudir a los locales de la parroquia de Belén en el barrio del Picarral.

Antes, habían llegado al barrio los jesuitas, monjas seglares y curas rojos que desarrollaron su opción por los pobres en el Picarral. Contribuyeron a generar estructuras organizativas, mucha conciencia y, además, algo muy importante en ese tiempo: pusieron a disposición del barrio espacios de encuentro y participación. Cosa que en el franquismo era difícil encontrar.

En 1969 aprovechando las grietas legales se creó la Asociación de Cabezas de Familia del barrio del Picarral. En los años 70 el barrio bullía; la ACF era el corazón del Picarral y realizaba una gran actividad reivindicativa y organizativa.

 

Y allí estaban Antonio Sofín y Pilar Añón. Líderes vecinales entregados y siempre presentes en todas las movidas del barrio. Ella, militante feminista avant la lettre, él, organizador nato y siempre trabajando para que se incorporaran el mayor número de vecinos y vecinas a la lucha por la mejora de las condiciones de vida.

Entonces, el Picarral, era un barrio donde no existía transporte público, ni asfaltado, ni luz en las  calles, ni centros de salud, ni siquiera un instituto de secundaria. La emigración de los años sesenta se hacinaba en las periferias de las ciudades españolas en un desarrollismo que no contemplaba unos mínimos de vida.

Tampoco había libertad: las reuniones se cobijaban en las parroquias o en casas clandestinas.

Pero lo que sí había era militantes. Personas que arriesgaron su seguridad para cambiar las cosas.  Entre ellas, las activistas vecinales, decenas de ellos y ellas en nuestro barrio, centenares en toda la ciudad. Cada semáforo, cada paso de cebra, cada centro de enseñanza o de salud, cada equipamiento público, cada mejora que hoy disfrutamos, es fruto de sus esfuerzos, de su compromiso generoso con la comunidad. Hombres, mujeres como Antonio Sofín y Pilar Añón, fueron las heroínas de esa militancia, de ese tiempo oscuro que sólo las luchas lograron clarear.

Y en las horas veloces de ese tiempo, entre la vorágine de aquella entrega total, las activistas vecinales, las militancias de los partidos clandestinos, encontraron tiempo para facilitar la incorporación de la generación joven a la lucha por la libertad. Para “politizar” a las adolescentes y a las jóvenes.

Así, aquellas militancias mayores que nosotras, en una suerte de animación sociocultural que contemplaba sesudos seminarios de marxismo, y concursos de tortillas de patata, y excursiones y verbenas y largas lecturas de los manuales de Marta Harnecker… generaron un potente movimiento juvenil antifranquista.

Nosotras fuimos unas de las privilegiadas: en el Club Juvenil Amistad pudimos tomar conciencia social y política de la situación en la que vivían las clases populares; y de que sólo la lucha organizada nos permite avanzar en derechos.

Y había jóvenes organizados, entre otras razones, porque las militancias adultas, personas como Antonio,  destinaron tiempos y espacios a acogerlos y facilitarles su organización.

*****

Antonio Sofín, era un hombre bueno e imprescindible.

Para los que en septiembre de setenta y tres iniciamos nuestra militancia en el grupo  jóvenes de la comunidad cristiana de base y en la Asociación Vecinal del Picarral, Antonio y Pilar serían ya dos referentes en nuestras vidas.

Capaces de mantener una militancia de base a lo largo de toda su existencia, de transmitir ese valor de compromiso a sus hijos y nietos, de estar abiertos al conjunto de fenómenos sociales y asociativos en un medio siglo que vio caer el muro de Berlín, el socialismo real, que nos dejó sin modelos de referencia, pero con la mismas o parecidas injusticias: un orden mundial que jamás vamos a aceptar.

Antonio y Pilar transitaron con una dignidad y compromiso encomiables todo ese tiempo. Y siempre estarán la memoria de lucha de un barrio que fueron capaces de mejorar.

Antonio se nos fue hace unas horas.  Rodeado del amor de sus familiares y amigos.  Nos queda ahora reconocer y manifestarnos a favor de una muerte que todos querríamos tener. Y de una vida que todos debiéramos haber tenido.

 

* José Luis Palacios y Maite Ramos, fueron activistas sociales y políticos en el barrio del Picarral en la década de los setenta.

 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La necesidad de cambiar de herramientas

Una línea base invisible une a casi todos los movimientos asociativos, por no decir a todos: El...

10 minutos con Andrea Secorún

¿Cuál es tu nombre y a qué te dedicas? Me llamo Andrea Secorún y estoy haciendo segundo de...

Non Serviam, EE. UU. (I)

En política, lo único verdadero, es lo que no se ve. José Martí (1853-1895) Vivimos tiempos muy...

LA REALITAT: La herencia del Frente Popular, eje central de la lucha antifascista

Consell de Redacció de la Realitat El 16 de febrero conmemoramos el 90 aniversario de la victoria...
Aquesta web utilitza galetes pel seu correcte funcionament. En fer clic en el botó Acceptar, estàs donant el teu consentiment per usar les esmentades galetes i acceptes la nostra política de galetes i el processament de les teves dades per aquests propòsits.   
Privacidad