Ana Sampériz Vizcaíno fue militante del MLPA desde el año 2001 al 2015, coordinando EDU Huesca. En la actualidad es Ambientóloga e Investigadora predoctoral en Cardiff University / Prifysgol Caerdydd.
Compro productos de cercanía y he reducido drásticamente mi consumo de carne. Casi siempre voy a pie o en bici; aunque a veces me muevo con mi coche. También me he cambiado de compañía eléctrica y ahora el 100% de la energía que llega a mi casa para cargar mi teléfono móvil, mi tableta, mis 2 ordenadores y mi televisión es renovable. El cambio climático me preocupa.
Según el último informe del IPCC, si continuamos con el modelo de crecimiento actual, en 2050 la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera será de 525ppm y la temperatura media global aumentará 2°C, llegando a incrementar entre 4-6°C para 2100. En el Acuerdo de París se acordó limitar el aumento de la temperatura a “no más de 2°C” para final del siglo XXI con el objetivo de limitar el cambio climático y sus consecuencias. Y es imperativo incidir en que estas consecuencias recaen en su mayoría sobre los más vulnerables.
La riqueza y el poder adquisitivo favorecen la resiliencia y las posibilidades de adaptación durante condiciones adversas, como las que crea el cambio climático. Uno de los ejemplos más evidentes y cercanos es la actual crisis de pobreza energética en España y cómo el sector de la población que la sufre es (somos) más vulnerable(s) ante el aumento de eventos extremos (olas de frío, tormentas, sequías, …) a consecuencia del calentamiento global. No, el cambio climático no es igualitario. Sin embargo, tenemos la oportunidad y el deber de hacer que las políticas de adaptación y mitigación sí lo sean.
Esto, que parece obvio es, sin embargo, el verdadero reto, porque necesitaremos romper el sistema actual y establecer uno nuevo que dé preferencia al bienestar del pueblo en vez de al beneficio y crecimiento económico de unos pocos. Las acciones individuales (e individualistas) que conscientemente tomamos para luchar contra el cambio climático (como las expuestas al comienzo de este texto) no van a ser suficientes. Necesitamos un sistema socioeconómico diferente. Necesitamos colectivismo y consciencia social. En este contexto, el rol de las asociaciones juveniles y progresistas es invaluable.
Durante mis años de militancia (2011-2015) en el Movimiento Laico y Progresista de Aragón (MLPA) aprendí el significado de participación. Recuerdo especialmente el día en el que alguien dijo que necesitábamos austeridad, políticas austeras para una sociedad mejor. ¿Austeridad no es lo que los gobiernos emplean para justificar recortes en políticas sociales y de empleo? La izquierda debíamos retomar y promover la austeridad, nuestra austeridad. Una austeridad solidaria, disminuir el consumo y distribuir el capital.
Hay que hacer política desde los movimientos sociales de base. Movilizar a las personas, promover el pensamiento crítico y transmitir capacidades de liderazgo es nuestra única oportunidad para combatir la crisis climática. El MLPA lleva 25 años alentando a los jóvenes al asociacionismo, luchando contra gobiernos y políticas conservadoras, promoviendo los cuidados y la participación social. El cambio climático es uno de nuestros mayores desafíos, y la lucha contra este es ideológica. Reciclar está muy bien, pero involucrarse socialmente y luchar por el cambio está mejor. Vamos a necesitar muchísimos más como el MLPA en todo el planeta. Instruyámonos, conmovámonos y organicémonos.
Cardiff, 22/05/2021
CO2 atmosférico: 418ppm



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