Aunque sea el único humano que lo piense, estoy convencido que el invento de los correos electrónicos es una grande, enorme, tomadura de pelo.
En primer lugar, hay que decir que los correos que recibimos en general no nos interesan para nada. Por un correo que realmente nos interesa hay cien que directamente van a la papelera. De estos, una parte son directamente fraudes, otra propaganda de cosas absolutamente inverosímiles y la mayor parte cosas absolutamente prescindibles. No me refiero directamente a los spams, que según un amigo mío son los lugares donde uno va a relajarse con mucha agua y piscinas.
Del uno por mil que te pueden interesar, la mayor parte no haría falta que les recibiéramos, son correos que una persona envía a otra persona pero que de paso envía a ciento más. ¿Por qué todo el mundo envía correos a todo el mundo y siempre todo el mundo responde a todo el mundo?
Una parte de los que te pueden interesar son todavía más cabreantes, son los que te envía alguien diciendo que quizás aquellas informaciones te pueden interesar. O alguien que hace “responder a todo el mundo”. ¡No hostia envíalo a la persona que le interesa, no a todo el mundo! El problema, además, es que hay ocho archivos adjuntos, cada uno de ellos con más de 100 páginas. Solo por saber si te interesa o no tienes que perder más de una hora. La cuestión es que nadie quiere leer la información adjunta y todo el mundo envía a todo el mundo el correo para escabullirse del trabajo. ¡Y venga pilas de correos!
Y por fin nos quedan los correos que efectivamente queríamos recibir. Tienen un problema estructural: el medio es el fin, como diría aquel, y es que no tienen sentido del humor y por tanto se generan una cantidad de malentendidos impresionantes porque el lenguaje que permite el mail es totalmente autoritario. No tienen entonación ni matiz.
En resumen, antes con la correspondencia tardabas cinco minutos a discernir el que te interesaba, ahora todo es mucho más complicado. ¿Cuántos minutos dedicamos a estar borrando correos sospechosos? ¿Cuánta gente nos envía adjuntos mucho, mucho, pero que muy interesantes que tienes que abrir y mirar o leer para adornarte que tienes amigos que están muy sonados? ¿Cuántos correos borras cada día? ¿Cada semana? ¿Cada mes? ¿Cada año? ¿Cuántas horas le dedicas cada día? ¿Cuántas horas el año?
Cuando un fin de semana no has podido mirar los correos, ¿no tienes la sensación que te está fallando algo? Y peor, ¿si les recibes en el momento al móvil, no has pensado que te has convertido en un yonqui mal educado?
Nadie ha contado hoy la cantidad de horas que perdemos borrando correos, calculo como mínimo que estamos una tercera parte del tiempo –seguro que me quedo corto– atendiendo los correos. ¿Cuánto significa del PIB español? Si elimináramos los correos electrónicos del trabajo, conseguiríamos vivir mucho mejor y tendríamos que trabajar una tercera parte menos. ¡Os están engatusando!


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