Al hablar de biografías de figuras revolucionarias conviene recordar, antes que nada, que, lejos de lo que pueda pensarse, las biografías nunca han sido un formato plenamente aceptado. No pocos escritores las han criticado con dureza. Borges, por ejemplo, las consideraba «un ejercicio de la minucia, un absurdo», en el que se hablaba de poco más que de «cambios de domicilio». Posiblemente haya parte de razón en la crítica de que los textos biográficos nunca lograrían ir más allá de la anécdota, y no solo eso, sino que, en algunos casos, convierten esos pequeños detalles en elementos determinantes de los procesos históricos. Es conocida la frase sobre Cleopatra en el siglo XIX, célebre por sostener que, de haber tenido la nariz más pequeña, la historia de la humanidad podría haber sido completamente distinta. O la anécdota de JFK leyendo Los cañones de agosto, de Barbara Tuchman, para evitar la Tercera Guerra Mundial en 1961. En la segunda mitad del siglo XX, bajo la influencia del estructuralismo o del marxismo ortodoxo, algunos historiadores profesionales abandonaron el género en favor de procesos históricos considerados más profundos que la acción humana, es decir, la economía y las estructuras.Quizá frente a ello, la humanidad ha preferido las novelas históricas —desde Ivanhoe, de Walter Scott, hasta Posteguillo—, más entretenidas y mejor escritas. Al mismo tiempo, existe también una tradición de biógrafos que va desde Plutarco hasta Carlyle, en la que se ha planteado la historia de los «grandes hombres» y se ha creído que las grandes personalidades podían condensar en una sola persona los elementos de una sociedad y de una época. Aun así, los biógrafos posteriores y contemporáneos han tomado precauciones frente a la hagiografía o a la anécdota convertida en historia universal, avanzando hacia una metodología más ponderada, que ha dado lugar a grandes obras dignas de ser leídas. Como explicó Susanna Tavera en relación con su biografía de Federica Montseny, cuando se realiza una biografía individual puede hablarse del entorno, del movimiento político, del conjunto, a través de una vida concreta. Es posible ver lo universal en lo particular, sin hacer desaparecer los procesos más amplios y complejos. Con ese espíritu, presentamos algunas recomendaciones de biografías de figuras revolucionarias sobre las que no solo se han escrito libros, sino buenos libros, además de perfectamente legibles. La lista es completamente arbitraria y personal.
William Morris. De romántico a revolucionario, de Edward Palmer Thompson
Una biografía extensa en la que la calidad del historiador va de la mano del interés del biografiado. En este libro se descubre la vida de una figura fascinante como William Morris: un poeta romántico inglés, impulsor del movimiento Arts & Crafts y defensor de importantes ideas contra la serialización del arte y de la belleza; un gran crítico social del capitalismo industrial del siglo XIX; un militante y conferenciante incansable; y un socialista comprometido. El libro recorre ese itinerario apoyándose en un inmenso repertorio de citas y en un exhaustivo trabajo sobre la obra de Morris. Desfilan así tanto la poesía de News from Nowhere o The Pilgrims of Hope como sus conferencias y artículos, muchos de ellos posteriormente editados en forma de libro, entre ellos Art under Plutocracy, How I Became a Socialist o How We Live and How We Might Live. Se trata de una gran obra clásica de historia cultural, publicada en 1955 a partir de las clases para adultos que E. P. Thompson impartía, muy recomendable para quienes se interesen por la interacción entre arte, cultura, crítica social y socialismo. Y también, por qué no, para quienes compartan aquellas palabras del propio Morris: «La pasión dominante de mi vida ha sido y sigue siendo el odio hacia la civilización moderna».
Antonio Gramsci. Vida de un revolucionario, de Giuseppe Fiori
Aunque recientemente se han publicado diversos estudios biográficos actualizados y sustentados en nuevas fuentes, como los de Angelo d’Orsi o Andrew Pearmain, la obra de Fiori, publicada en 1966 y traducida al castellano por Jordi Solé Tura, sigue siendo una lectura más que recomendable. Con un estilo fluido y una escritura que acerca al lector a la figura biografiada, constituye una excelente introducción al estudio de Antonio Gramsci.En particular, se trata de una biografía política —como se ha intentado que lo sean la mayor parte de las incluidas en esta lista— y puede afirmarse que cumple plenamente ese propósito. Así, el lector puede recorrer todos los momentos clave de la vida de Gramsci —la juventud, el Biennio Rosso, la fundación del Partido Comunista de Italia, el encarcelamiento o la escritura de los Quaderni del carcere— y del comunismo italiano a través de los ojos y, sobre todo, de las propias palabras del dirigente sardo. Este hecho confiere a la obra una claridad y una profundidad particulares, especialmente a la hora de comprender los debates y el verdadero alcance de las ideas en su contexto histórico. Es uno de esos trabajos en los que el biógrafo mantiene una relación de especial afinidad con el biografiado, una conexión que trasciende el mero interés literario o intelectual.
Autobiografía, de Angela Davis
Angela Davis fue detenida y condenada a muerte a comienzos de los años setenta, pero una inmensa campaña internacional en favor de su liberación hizo posible que recuperara la libertad, convirtiéndola al mismo tiempo en un símbolo del antirracismo. Tras salir de prisión, Fidel Castro le ofreció la posibilidad de retirarse a Cuba para escribir precisamente este libro. Finalmente no lo hizo allí, pero el episodio constituye un buen indicador de lo que Angela Davis representaba —y sigue representando— para el Movimiento de Liberación Negra.
En esta autobiografía se encuentra un relato que combina la experiencia personal —desde las vivencias en prisión o la represión sufrida cuando el FBI la incluyó entre los criminales más buscados de Estados Unidos— con sus reflexiones políticas sobre el rumbo de la lucha. Fueron unos años sesenta y setenta en los que Davis militó simultáneamente en el Partido Comunista y en los Black Panthers, mientras realizaba una tesis doctoral sobre Kant bajo la dirección de Herbert Marcuse. Al igual que la Autobiografía de Malcolm X, que marcó profundamente a figuras como Muhammad Ali o Kareem Abdul-Jabbar, la obra de Davis se inscribe en la tradición autobiográfica del Black Power. Este libro contribuiría decisivamente a transformar los estudios sobre raza y género a partir de los años setenta, al tiempo que formulaba una de las críticas más elocuentes al sistema penitenciario.
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