No soy de escribir, me gusta más trabajar en la retaguardia, tener todo listo y hacer que las cosas pasen. Pero a veces, toca dar el paso adelante. Como muchas de vosotras soy dirigente asociativa, activista y madre. Esto último me ha hecho repensar muchas cosas y recolocar otras muchas. En marzo siempre recordamos a aquellas que lucharon antes que nosotras, que no se rindieron y que aun sufriendo la represión y la incomprensión, con valentía, no dejaron de trabajar por nuestra libertad. Me siento heredera de ellas y con la obligación cívica de continuar generando las condiciones para combatir la indiferencia y construir el común. Pienso que debemos centrar esfuerzos en crear espacios asociativos, donde pensar en las oportunidades que tenemos como sociedad, organizarnos y generar esperanza. En ocasiones deberemos ceder poder a las jóvenes que llegan, confiar en ellas y acompañarlas para que las cosas salgan lo mejor posible. Otras, deberemos recordar a referentes y tenerlas presentes para que no se nos olvide de dónde venimos. Siempre deberemos generar seguridad, organizarnos repensando nuestras relaciones y nuestras posiciones para abrazar la diversidad, y poder asumir nuestras propias incoherencias. Todo esto sin descuidarnos, trabajando por construir redes de apoyo y una comunidad que sostenga y se preocupe. Ánimo a todas aquellas, que como a mí, muchas veces nos sobrepasan las situaciones y que los días les pasan demasiado deprisa. Os deseo que podamos ser capaces de respirar, poner el foco y continuar juntas, que sepamos cómo transformar nuestra militancia para adaptarla a nuestro momento vital y ocupemos los espacios desde los que hacer palanca y transformar la realidad.



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