Inteligencia para concebir, coraje para querer, poder para forzar

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Revista laica para la reflexión y la agitación política republicana

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Ignacio Sánchez-Cuenca: El desorden político. Democracias sin intermediación. Catarata. Madrid 2022

20/03/2024

Desde que “descubrí” a Sánchez-Cuenca me he comprado todos sus libros e incluso he tenido el detalle de leerlos. Además, siendo rector de la UPEC lo invité en muchas más ocasiones de las que pudo venir. Para mí es uno de los grandes intelectuales españoles, aunque, como buen librepensador, muchas veces discrepo de él como de todo el mundo.

Tiene razón cuando arranca diciendo que ha habido una “transformación o democratización de las instancias de intermediación que ordenaban la vida social económica y política en el pasado”. Derivado de este hecho “los partidos y medios han perdido buena parte de su autoridad social”.

Pero claro, no todo serán coincidencias. Discrepo en la definición de las sociedades postmaterialistas. En el siglo XIX los republicanos federales ya se preocupaban por la paz, el feminismo, la emancipación de las minorías oprimidas (eran anticolonialistas, antiracistas) e incluso el medioambiente (naturistas, vegetarianos), espiritistas, esperantistas, etc. No sé quine se inventó que antes la gente caminaba a cuatro patas.

Las generaciones más jóvenes no participan más en la política porque se les margina en todos los aspectos de la vida: trabajo, vivienda, política. La respuesta es la lógica. Además, si el conjunto de la sociedad es pesimista sobre el futuro, ¿los jóvenes qué tienen que pensar?

El ingente trabajo estadístico de Sánchez-Cuenca a nivel europeo es apabullante. Por ejemplo, la evolución del voto socialdemócrata en 15 países europeos. 

Gráfico del libro Ignacio Sánchez-Cuenca: El desorden político. Democracias sin intermediación. Catarata. Madrid 2022.

Sólo con una mirada si yo fuera el secretario general del Partido Socialista Europeo convocaría un congreso que durase un mes. Creo que da en el clavo cuando escribe “El convencimiento que la política no funciona adecuadamente, como revelan los escándalos de corrupción y la incapacidad de los políticos para enfrentarse a los poderes económicos”.

Preguntados los ciudadanos sobre “los partidos y políticos tradicionales no les preocupa lo que piensa la gente como yo” en el conjunto de 20 países un 63% están de acuerdo con esta frase, en España está de acuerdo un 75%!

Es curioso que los votantes antiestablishment de derechas tienen poco nivel educativo y que viven en localidades de tamaño medio y son de edad avanzada y los antiestablishment de izquierdas tienen alto nivel educativo a veces con sueldos bajos, son jóvenes y viven en grandes ciudades. Hay esperanza en la cultura. Sánchez-Cuenca explica que la “adulteración de la representación política supone que partidos progresistas hagan políticas neoliberales”. Vean, añado yo, la mentalidad de la gran burguesía española de Nadia Calviño, por ejemplo. Vicepresidenta del gobierno español y ahora presidenta de Banco Europeo de Inversiones.

Estoy muy de acuerdo con él que “en sociedades modernas y complejas la democracia directa sea imposible o inconveniente: es que simplemente no puede funcionar porque casi nadie está en disposición de tener una visión de conjunto sobre asuntos que se pueden resolver desde el ámbito político.” Puede opinar todo el mundo, pero mejor tener debates con gente que ha estudiado el tema y tenga trayectoria que con el primer indocumentado que pasa. He escrito sobre esto en “Contra la democracia participativa Los tramposos atajos hacia la participación. Democracia participativa vista desde el movimiento Asociativo” https://jordiserrano.files.wordpress.com/2014/02/contra-la-democracia.pdf

Coincido también en el desequilibrio en los medios de comunicación en España que es impresionante. La aparición de las televisiones privadas ha provocado un cataclismo en el pluralismo periodístico. Al final estamos en manos de dos grandes grupos periodísticos (financieros) que son, claro está, de derechas, muy de derechas. Aunque se haya roto la verticalidad de los flujos de información, en realidad estamos en manos de muy poca gente, mucho menos que en el siglo XIX. El problema es que la “posverdad”, es decir la mentira consciente, afecta a los medios tradicionales que se atreven a decir que el atentado de 2004 en la estación de Atocha de Madrid fue ETA, que el independentismo catalán es terrorista, etc. No es un bloc de un oscuro personaje blindado por el anonimato, son los grandes medios de comunicación españoles.

Tiene razón en que los escándalos de corrupción y el no cumplimiento de los compromisos afectan a la lealtad del votante. Pero yo creo que solo afectan al de izquierdas que él documenta extraordinariamente. Al PP los mil escándalos de corrupción no le han afectado en nada, es como si a su votante le parezca lógico e incluso bueno.  Se produce pues “un fallo en el vínculo representativo: el proceso de intermediación propio de la representación política queda en suspenso”. No deja de ser esperanzador que el votante de izquierda castigue a sus dirigentes cuando son corruptos o cuando no cumplen sus promesas electorales.

Coincido también que es una paradoja que cuando España tienen una sociedad más formada académicamente de su historia con un amplio margen a cualquier época anterior, vuelvan los negacionistas del COVID, negacionistas de la crisis climática o tenga éxito cualquier tesis del complot.

Es muy curioso y digno de reflexión un dato de que los españoles tienen un 7% confianza en los partidos y un 74% confianza en la policía. Esto para mi es franquismo. Algo se ha hecho muy mal en estos años de democracia. Una de las causas es que “los bancos centrales son independientes de los poderes democráticos” o lo que es lo mismo están secuestrados por los grandes grupos financieros.

Hacia el final se hace una pregunta “Cómo se vaya a reconstruir la democracia representativa en condiciones de intermediación es todavía una incógnita” No sé si estoy de acuerdo en que es “una fase de cambios en la manera de entender la democracia” sino en el intento de acabar con ella con métodos no experimentados. Cuando Hitler se presentó a unas elecciones nadie preveía que en las siguientes acabaría liquidando las opciones de izquierdas y ganando cuando solo podía presentarse él. Tampoco que Trump ganara a partir de Twitter, X, que para mí es un instrumento en sí mismo fascista.

Propondría a Sánchez-Cuenca una reflexión. Que el neoliberalismo haya actuado contra la idea de liquidar la sociedad civil ha sido un gran éxito. Ya lo decía Margaret Thatcher no existe sociedad existen individuos. En el caso español la cuestión aun es más grave ya que el franquismo liquidó la sociedad civil laica republicana y de izquierdas construida des de inicios del siglo XIX hasta 1939: ateneos, sociedades obreras, de socorros mutuos, Casas del pueblo, Casas de Juventud, escuelas laicas, cooperativas, teatros, bibliotecas públicas, etc. Lo extraño es que en el año 1977 (por poner una fecha) no se aprovechase el empuje asociativo antifranquista, asociaciones de vecinos, universidades populares, cineclubs, centros juveniles, centros scouts, sindicatos, etc, para volver a reconstruir la sociedad civil de izquierdas. La de derechas continuó viva, las patronales desde los sindicatos verticales y todo el entramado religioso con miles y miles de locales de todo tipo repartidos por la geografía española que aun pagamos entre todos. Los ateos también.

En sus tiempos el PCI tenía una red de espacios culturales, cooperativos, de tiempo libre que lo convertía en el segundo propietario de patrimonio de Italia. Es verdad que de todo ello no queda nada. Sólo un hotel de lujo en la que era su sede central. Pero ¿cómo la izquierda en España pretende reconstruir su relación con la gente si entre un partido (PSOE, Sumar, Podemos) y la gente no hay nada? Las izquierdas periféricas de la naciones vasca, catalana y gallega, en cambio esto lo tienen mejor resuelto. Sin alharacas.

Es posible que no tenga razón, pero la izquierda se tiene que reconstruir, no con pantallas, sino con la relación fraternal de la gente en forma de asociaciones culturales en cada rincón del país, en cada pueblo, en cada barrio. La batalla de la hegemonía se da ahora en la cultura (como dice Joan Manuel Tresserras), entendida ésta no como entretenimiento, sino como batalla política de clase.

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